España es el país del NO, no por si acaso, no por si las moscas; no, no vaya a ser que... Y ahora le ha tocado el turno a la Vivienda Vacacional, la Vv, la culpable de todos los males.
En muchos municipios canarios está prohibido que las cubiertas sean azoteas, que se pueda acceder a ellas, que tengan cajas de escaleras, etc. ¿A qué se debe esto? Muy sencillo, a la policía del futuro que tantas veces opera dentro de nuestra patria chica. Sí, piensan estas mentes preclaras a la ora de "ordenar" el territorio, se evita que la gente se construya otra planta más en la azotea. Muerto el perro se acabó la rabia. Esto de la prohibición de acceder a la cubierta, o la de construir piscinas en las mismas, etc., no deja de ser un ejemplo más de cómo las mentes obtusas dirigen el cotarro, no sólo del urbanismo o de la construcción sino de nuestras vidas en general. En mis años de arquitecto municipal he asistido amuchas reuniones y discusiones sobre numerosos temas que se zanjaban con un ¡mientras yo esté aquí no habrá esto o aquello!, sin debate, sin argumentos y jaleado por casi todos los funcionarios. Digo casi, sin falsa modestia, porque casos como éste son los que me granjearon el odio de algunas "compañeras y compañeros" y que acabaron con el vuelo de la paloma. De los estudios existentes al respecto, de las estadísticas y las cifras, de eso jamás escuché una palabra.
El caso de las viviendas vacacionales es un ejemplo perfecto para lo que cuento esta mañana. Sin debate alguno, sin un estudio profuso y serio, una vez se ha colgado el santo a esta modalidad de alquiler la guerra está ya perdida.
Sé que hay muchos intereses, que los hoteleros presionan, que la política contra ellas tiene buena prensa, que el turismo, aunque sea una paradoja en sí mismo, es lo peor (y lo mejor) para las ciudades, que ha traído la tan odiada gentrificación a los barrios, y posiblemente todo sea cierto. O no.
Antes que un estudio en profundidad se decide por el NO, el automático NO, más fácil imposible. Eso no se puede, eso no funciona así, ésta es la manera que se ha hecho siempre, etc.
Muchas familias pueden vivir mejor, e incluso sobrevivir, poniendo en alquiler vacacional un pisito que han heredado o un apartamento que han comprado con sus ahorros, no todos los arrendadores son millonarios, pero ¿y si lo fueran? ¿No vivimos en un mundo capitalista? Parecería que lo somos sólo cuando interesa. La solución no debe ser prohibir sino controlar, ordenar. Todo tiene cabida porque el mercado acaba ordenándose por sí mismo. ¿De verdad se cree que la guerra contra las viviendas vacacionales va a multiplicar el mercado del alquiler y que éste va a recuperar un ratio de precios lógico? ¿Los precios han bajado una vez se han terminado las guerras que supuestamente los había inflado?
La solución del problema del alquiler y el de la vivienda vacacional supone un reto importante que requiere de un estudio serio y profundo, ver cómo lo han solucionado en otras ciudades y países, antes de basarlo todo en el NO y en la prohibición. Nos estamos perdiendo las maravillas de colocar dos hamacas en una azotea y contemplar la ciudad bajo las estrellas, o la riqueza que supone un turismo ordenado, o r d e n a d o.
Las aglomeraciones -otrora sólo ejemplo en Venecia- las encontramos ya en cualquier ciudad del planeta, se salvan quizá lugares remotos como Nueva Zelanda, Alaska, la Antártida (cruzo los dedos para que siga siendo así). En ciudades como Atenas o La Valeta, por poner únicamente dos ejemplos, los residentes aconsejan organizar las visitas a museos o las excursiones fuera de los horarios de los cruceristas. ¿La solución está entonces en prohibir los cruceros? Obviamente no, acabaríamos con tantos y tantos comercios y restaurantes que sobreviven gracias al turismo. Debemos buscar fórmulas para ordenar el turismo, sabedores de que el modelo actual no funciona.
En Canarias y en Baleares hemos tenido manifestaciones multitudinarias que abogaban por un cambio en el modelo turístico, manifestaciones que los político leyeron en quejas "contra el turismo", cómo no, haciendo oídos sordos y sin que se haya producido cambio alguno.
La solución no es prohibir, es ordenar.
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