Eli Sharabi. El hombre que pasó 491 días torturado por terroristas: "Durante mi secuestro comprobé que toda la ayuda humanitaria de la ONU la controla Hamas"
Su calvario lo padeció en los túneles de Gaza. Mientras camina por Madrid recuerda las penurias de su rapto y muestra su preocupación por el creciente antisemitismo en Europa.
Fernando Palmero, 10.06.2026
Como la mayor parte de pogromos que tuvieron lugar en los reinos cristianos durante el medievo o los ejecutados con inusitada violencia en la Europa de los años 30 y 40 del siglo pasado, también el asesinato masivo de judíos del 7 de octubre de 2023 sorprendió con la guardia baja a los ciudadanos israelíes y al mismísimo Gobierno hebreo.
Aquella mañana, en torno a las 6.30 h., Eli Sharabi (Tel Aviv, 1972), que residía en el kibutz Be'eri, a menos de cinco kilómetros de la frontera con Gaza, se preparaba con su esposa y sus dos hijas para celebrar la festividad judía de Simjat Torá. Cuando escuchó disparos y la llegada de los terroristas, apenas le dio tiempo a reaccionar, como al resto de sus vecinos, y se encerró con su familia en la habitación de seguridad que tienen todas las casas en Israel, un país que no ha dejado de estar amenazado desde la proclamación de su independencia en 1948.
"Decenas de terroristas habían entrado en el kibutz e iban casa por casa forzando los refugios, pero el Ejército israelí no aparecía por ninguna parte", explica a Crónica durante su reciente visita a Madrid. Llevaban refugiados unas cuatro horas cuando los asaltantes entraron en su casa. "Los cinco terroristas que irrumpieron en el refugio no estaban solos. Había otros cinco, además de un comandante que ladraba órdenes. Eran operativos profesionales, cuidadosos, sabían exactamente lo que hacían. Me llevaron por la fuerza hasta la puerta principal, con la cabeza inclinada. Cuando consigo levantarla un instante y echar un vistazo, veo mi hermoso kibutz reducido a un paisaje de carnicería. Las casas de nuestros vecinos estaban ardiendo". Atrás quedaron su mujer, Lianne, y sus dos hijas, Noiya, de 16 años, y Yahel, de 13.
Tras golpearlo en la cabeza y las costillas, lo subieron a un vehículo. "La valla del extremo noreste del kibutz estaba completamente abierta. De pie, había un hombre que parecía un jefe de tráfico, dirigiendo los movimientos. A diferencia de los demás, no llevaba la cara cubierta. Tenía un papel. No era un simple terrorista: era un administrador. Dentro de aquella locura asesina había un orden, un plan".
No le falta razón a Sharabi. Existen ya numerosos indicios para pensar que el ataque fue instigado por el régimen islamista de Irán, coordinado por la milicia libanesa de Hezbolá y ejecutado por el grupo terrorista palestino Hamas. Una estrategia preparada al detalle durante meses para provocar la mayor aniquilación de judíos desde el Holocausto: 1.163 asesinados, 4.834 heridos y 251 secuestrados.
Eli Sharabi era uno de estos últimos. Entonces no podía imaginar que tendrían que pasar 491 días antes de recobrar la libertad, pero por el trato que le daban sus secuestradores, supo desde el primer día que no querían asesinarlo, que lo mantendrían con vida para poder intercambiarlo en una tregua de la guerra que acaba de comenzar. Porque aunque aquel 7 de octubre el Ejército israelí tardó en reaccionar, la respuesta impulsada por el Gobierno de Benjamin Netanyahu se acabó convirtiendo en uno de los conflictos más violentos de los que se recuerdan en la región.
Nada más bajar del coche, ya en Gaza, una multitud se abalanzó sobre él. "Empezaron a golpearme la cabeza, a gritar, a maldecirme a intentar arrancarme miembro a miembro. Mi corazón latía con fuerza, tenía la boca seca, apenas podía respirar". Fue su primera experiencia como víctima de un visceral odio antisemita. Y lo vivió como una constante amenaza durante los largos días de su cautiverio. "Nos odiaban sólo por ser unos cerdos judíos y nos trataban con desprecio. En todo ese tiempo, no me encontré a nadie en Gaza que fuese amable o compasivo con nosotros. Por eso, cuando los medios de comunicación hablan de los civiles inocentes, no sé a qué se refieren".
Sharabi estuvo más de 50 días en casas particulares, desde cuyas azoteas se lanzaban obuses y donde vivían familias de civiles, «que colaboraban con los terroristas». A ellas se llegaba a través de la extensa red de túneles que existían bajo toda la Franja. "Cada vez que entrábamos o salíamos de los túneles lo hacíamos por una vivienda, un hospital, una mezquita o una escuela".
HACIA LA OSCURIDAD
En esos primeros días, Sharabi tenía una esperanza y un temor. La esperanza era la de volver a ver con vida a su mujer y a sus hijas. Para ello, se propuso que su único objetivo sería el de sobrevivir, no ponerse nunca en riesgo, ni abandonarse al abatimiento. El temor, que le provocaba pesadillas nocturnas, era el de acabar en el interior de los túneles, que tantas veces había visto por televisión y cuya intensa oscuridad le provocaba un terror que lo paralizaba.
Y allí le condujeron enseguida, con varios rehenes más que habían sido secuestrados en el Festival Nova, celebrado en el desierto del Neguev, a pocos kilómetros de Gaza, donde los terroristas habían asesinado a cientos de jóvenes, violado a numerosas mujeres y secuestrado a decenas de personas. Con sus nuevos compañeros de cautiverio pasó la mayor parte del tiempo antes de su liberación. Ni un solo día sin grilletes, en todo momento encadenados por los pies, para que no pudiesen escapar si el Ejército intentaba salvarlos. Y siempre, con un hambre penetrante.
Primero, disfrutaron de dos comidas al día y algo de té. Luego, sólo de una, acompañada de agua, y no siempre a la misma hora. "Al mirarnos unos a otros, veíamos la delgadez extrema, los rostros demacrados, la carne que se iba consumiendo. Yo sentía cómo mi cuerpo se debilitaba, notaba los mareos, veía cómo el vientre se me hundía hacia dentro. La comida consistía en un pan y medio de pita, seco, por persona, o una bandeja de pasta insípida o de arroz. Además de las raciones de pan, a veces nos daban también una lata de queso o de habas. Preferíamos la pita, porque así podíamos guardar un trozo para la noche, al menos para poder llevarnos algo al estómago antes de dormir y ayudar así a calmar el hambre".
EL CONTROL DE LA AYUDA HUMANITARIA
Y no es que sus captores no tuviesen comida. En más de una ocasión, vieron grandes cajones blancos rebosantes de alimentos. Era la ayuda humanitaria que enviaba la ONU para la población civil. "Durante el tiempo que estuve secuestrado a 50 metros bajo tierra, comprobé que toda la ayuda humanitaria que enviaba la ONU la controlaban los terroristas de Hamas. En los túneles veíamos cada semana cómo llegaban grandes cajas con las siglas de la ONU, de la UNRWA, de Turquía o de Egipto, y ellos la controlaban. Primero la repartían entre su propia gente, y sólo después, la que sobraba, la distribuían entre los civiles".
A veces, aunque les resultase "degradante", pedían comida a los terroristas que los custodiaban. Y la respuesta era la misma: "Os daremos una pita, sólo si recitáis estos versículos del Corán o si decís que creéis en Mahoma. Y si abrazáis el islam, os daremos una rodaja de fruta".
Las condiciones de vida eran por completo humillantes. Sin poder lavarse durante meses, sin poder cambiarse de ropa, descalzos, durmiendo cuatro personas en un reducido espacio sobre colchones malolientes, a veces entre gusanos e insectos. Cada cierto tiempo les hacían desnudarse y les registraban por todo el cuerpo. Debían ir juntos al baño y pedir antes permiso para ir a un baño en condiciones de salubridad repugnantes. "En el último túnel, poco antes de nuestra liberación, directamente tuvimos que cavar un agujero en el suelo para utilizarlo de retrete".
A veces conversaban con sus captores. "Sobre fútbol, sobre comidas que teníamos en común, sobre cómo se vivía en Israel... pero todas las conversaciones, independientemente de cómo hubieran empezado, acaban derivando hacia lo mismo: en un futuro cercano acabaremos nuestro trabajo de asesinar a todos los judíos y destruir Israel. Y no se quedaban ahí, su sueño es extender el islam en el mundo entero". Sin embargo, explica Sharabi, "nos extrañó que durante las elecciones de EEUU quisieran que ganase Trump. Y no les faltaba razón. Estaban cansados de Biden y al fin y al cabo, gracias a la intervención de Trump se pudo llegar a un acuerdo de paz y a nuestra liberación".
LA LIBERTAD
Sobre sus captores tiene una idea bastante clara: "Eran personas muy fanatizadas, especialmente los jóvenes, aunque en realidad eligieron ser terroristas por razones económicas. Saben que en Gaza todo está controlado por Hamas, que son los únicos que tienen dinero y poder. Por eso deciden unirse a ellos".
Pocos días antes de su liberación, el 8 de febrero de 2025, fruto de un acuerdo de intercambio de prisioneros, Sharabi pudo conocer el sistema de producción de propaganda de los terroristas palestinos. "Es un espectáculo milimétricamente coreografiado: cómo bajar del coche, cómo caminar hasta el escenario, subir los escalones, qué decir, qué dirán ellos, cómo saludar, cuándo sonreír... A mí me volvieron a preguntar por Netanyahu y me indicaron que dijese que prefiere matar bebés en Gaza antes que liberar a los rehenes. Da igual. Nada de esto importaba ya. Yo sólo tenía un objetivo: hacer y decir lo que hiciera falta para sobrevivir y volver a casa".
Sobrevivió, pero no regresó ya nunca más a casa, a su kibutz. La primera noticia que le dieron fue que su mujer, sus dos hijas y su hermano habían sido asesinados.
Sharabi ha estado unos días en Madrid para presentar la versión en español de su libro Rehén (publicado por Nagrela Ediciones). Es el primero de los 166 secuestrados el 7 de octubre de 2023 que quedaron con vida que se ha decidido a contar por escrito su experiencia. En la gira de promoción de su obra se ha dado cuenta de que en Europa se sabe realmente muy poco de lo que supuso aquel pogromo de Hamas. Y se muestra alarmado por el resurgimiento del antisemitismo. "En realidad, los antisemitas siempre han estado ahí de manera latente, sólo han necesitado la excusa de la guerra para manifestarse abiertamente".
No hay comentarios:
Publicar un comentario