Leo con interés y con asombro, también, la comparecencia de Zapatero en el Senado. Allí, teniendo la cámara mayoría absoluta conservadora, las intervenciones de miembros del PSOE o del Gobierno, que tanto montan, son siempre una caza de brujas. Lo que más me llama la atención es que, siendo el PP liberal, convierta el trabajo de un profesional -si cobra por ello- en sospechoso siempre. ¿Cómo no cobrar por un asesoramiento realizado? ¿están acaso estipulados los emolumentos por el trabajo que un profesional libre ejerce?
Visto lo visto, los expresidentes en España deberían retirarse a un convento, cual monjes, para no mover ficha y levantar sospechas. Claro que no veo que el Senado investigue los cobros por formar parte de consejos de administración de empresas de, por ejemplo, Aznar o Felipe González.
A Zapatero, el odiado, de nombre pronunciado una y otra vez con acento venezolano, más le valdría dejar de intermediar y salir en los medios, tiene la guerra declarada desde hace muchos años, más cuando no aborrece públicamente de Pedro Sánchez ni de su otro amigo investigado ahora, declarado culpable por los noticieros televisivos y radiofónicos del régimen.
Parece que somos capitalistas sólo cuando nos interesa.
Me pregunto si yo seré un arquitecto bajo el ojo de la sospecha por pasarle la factura al cliente que me encarga el proyecto de su casa. Igual sí.
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