sábado, 28 de marzo de 2026

PURITANOS

Harto de leer sobre la pobre Noelia y su periplo para que se le concediese la eutanasia solicitada por ella -una mujer mayor de edad y en plenas facultades mentales-, llegamos ayer al fin se su historia y ella descansa en paz ya, como fue su deseo.
Su padre y los buitres de sus abogados (cristianos, dicen) intentaron frustrar sus deseos hasta el último momento, los periodistas dieron buena cuenta de ello, y finalmente triunfó la razón, menos mal; lo contrario hubiera significado un peligroso punto de inflexión en nuestro ordenamiento jurídico.
Somos un país de puritanos, aún bajo la larguísima sombra de la Iglesia y sus reaccionarias creencias, a pesar de vivir en un país con una Constitución que lo declara aconfesional. Pero así somos.
El Parlamento aprueba leyes que, una vez tras otra, instituciones, partidos políticos, autonomías, incluso personas individuales (personas humanas, decía un excompañero de trabajo con no demasiadas luces), se incumplen amparadas por el paraguas de la "objeción de conciencia". Que si esto no me lo permiten mis creencias, que si esto atenta contra mi conciencia, que si mi religión me lo prohíbe, etc., etc., pero luego siguen cobrando del Estado. Nunca lo he entendido. ¿Eres médico de la Seguridad Social española y no quieres practicar abortos? Bien, no lo hagas, pero si te niegas a cumplir una ley que permite a la sanidad pública hacerlo (siendo un derecho como cualquier otro), deja éste o el otro hospital público y trabaja para una clínica privada que no los practique. ¿Eres juez y te niegas a casar hombres con hombres o a mujeres con mujeres en un juzgado porque tus creencias te lo impiden? Entendido, pero no puedes ser juez y punto. Las leyes están para cumplirlas, no son un juego en el que cada cual escoge sus fichas, es lo que hay. Vivir en un país civilizado es lo que tiene, no vale escoger qué me gusta (lo cumplo) y qué aborrezco (lo incumplo entonces).
Lo de esta chica, Noelia, nunca debió haber llegado a esto. Una persona mayor de edad solicita la eutanasia, se evalúa su caso y se acepta o no. En caso de que sí, ni su padre, ni su madre ni Rita la Cantadora tienen derecho a decidir por ella. 
Somos dueños de nuestras decisiones y de nuestro destino.

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