Reconozco que esta nueva polémica (¡cosas de ricos!, se podría decir) no me afecta en absoluto. Nadie debe sorprenderse de una de tantas tradiciones casposas de la Iglesia católica y sus adláteres, que son muchos. Que puedan participar cofrades mujeres me importa lo que las mujeres puedan ser sacerdotes -ahora se diría inclusivamente sacerdotas-, que existan toreras o asuntos como estos. No hace falta sino ver en los ámbitos que se producen estos debates, superados en la medicina, la abogacía, la arquitectura, la política. Los pocos reductos donde las mujeres no acceden aún son eso, espacios puntuales que se entienden por sí mismos: tauromaquia, cofradías, Iglesia, etc.
Siempre pensé que las mujeres no participaban en estos debates, que eran las más listas por no sumarse a esa majadería de los votos de obediencia y castidad, por ejemplo, ¡qué necesidad de hacerse curas! (aquí no es necesario cambiar el género a la palabra), ya ni te cuento toreras sádicas. Pero me equivocaba, desgraciadamente parece que estas movidas son igual de atrayentes para ellas y que esto de "Clavario" debe ser lo más.
Y debe serlo porque a los hechos me remito, es la noticia que sale en la primera página de EL PAÍS de hoy, justo después de los artículos correspondientes a los 50 años después de la dictadura argentina, donde no hubo discriminación alguna, desaparecidos y desaparecidas a la par.
Que me perdone Sagunto, su clavario, sus tradiciones y estas mujeres que no me recuerdan en nada a las sufragistas de antaño.
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