jueves, 12 de marzo de 2026

LÍNEAS PARALELAS


Anoche tuve cena, a las 8 como los guiris, y allí estábamos todos disfrutando de una buena conversación -sobre todo de los tiempos pasados- mientras comíamos una rica y suculenta cena. Allí me dirigí con un ramo de anturios en vez de vino, suponiendo que llevarían los demás invitados, como así fue. 
Hasta aquí todo bien, qué gran placer son estar reuniones a las que yo llamo "de Fray Luis de León" porque en ellas el tiempo se pliega y retomamos la compañía y los sentimientos como si nos hubiésemos visto ayer. El amor, el afecto, es lo que tiene, celebrémoslo.
¿Y a qué viene esto? pensarán. Muy fácil, nos acostamos a las tantas y hoy no he podido ir al gimnasio, aunque lo haré en media hora, desde que acaba de escribir, porque hoy se cumple un mes desde que empecé a machacarme y es día de pago.
No vi a los compañeros onomatopéyicos, ni al paralelepípedo de ayer que me dejaba las máquinas como si yo fuera Schwartzenneger, ni al señor del perrito o viceversa, ni a la pareja a la que vi ayer por primera vez, ella delante vestida como un pincel con malla de colores y abrigada como para ir al Polo Norte, caminando a buen ritmo, él detrás algo menos pertrechado, intentando cogerle el paso a ella. Nunca supe si caminaban justos o él era un acosador que le daba caza. Quizá, cómo hubiera dicho Mafalda, ella no sabía cómo quitárselo de encima, como la pared y la hiedra, o por el contrario ella se empeñaba en que él la acompañara en su paso matutino sin pensar en su ciática. Mañana estaré pendiente a ver cómo sigue esta historia y, sobre todo, si puedo sacar alguna conclusión al misterio.
Ya ven que mi gimnasio da para mucho, aún sin haber ido.
Los Panchos, *La hiedra.

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