martes, 5 de mayo de 2026

NO ENCUENTRO ADJETIVOS (O SÍ)


Polémico anuncio de nuda propiedad publicado en Idealista: “Condiciones delicadas de salud, como diálisis y diabetes. Oportunidad única”
El cartel publicitario, ahora retirado por el portal, revelaba el diagnóstico de las personas que residían en la casa en venta, ubicada en Leganés, para advertir de que la disponibilidad futura del inmueble podía acelerarse.
Sara Castro, 05.05.2026

Cuando la fragilidad humana se convierte en publicidad y se especula con la enfermedad, el mercado inmobiliario parece cruzar la línea roja. Pero un anuncio de venta de una vivienda en nuda propiedad por 90.000 euros en Leganés ilustra esta tendencia al incluir referencias a la situación personal de los usufructuarios. “Ambos tienen condiciones delicadas de salud como escoliosis, diálisis y diabetes que podrían acelerar la disponibilidad futura del inmueble y no tienen descendencia”, refiere el cartel publicitario expuesto en Idealista, la compañía española líder de portales inmobiliarios en España, en referencia a dos personas de mediana edad. “Actualmente se estima que propiedades similares oscilan entre los 240.000 y 270.000 euros; este piso representa así una excelente opción financiera”, continúa la publicidad de la agencia inmobiliaria Troya, que no ha respondido a las preguntas de este diario, tras presumir de que la casa con tres dormitorios, un baño, una terraza y una cocina es “una oportunidad única”.

Quien sí ha contestado ha sido el departamento de comunicación de Idealista señalando que quedan eximidos de responsabilidad respecto a los contenidos publicados por terceros de los que no tienen conocimiento efectivo. Indican que tan pronto han tenido constancia del tema en cuestión, han actuado de forma inmediata. Ahora el anuncio no se encuentra disponible en la plataforma. “La publicación de datos relativos a la salud de personas físicas puede estar sujeta a obligaciones estrictas bajo el Reglamento General de Protección de Datos y la Ley Orgánica 3/2018, siendo la responsabilidad imputable exclusivamente al usuario que generó el contenido”, alegan.

Pero la situación causa indignación tanto en Internet como en organizaciones sociales. “Este anuncio es la muestra de lo que significa que la vivienda sea un bien de mercado y no un derecho. A los especuladores les da completamente igual hablar en unos términos que para cualquier ciudadano común son una locura. La situación es tan loca precisamente porque esta gente puede hacer negocio con nuestras vidas”, expresa el portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, Alberto Martínez, tras lamentar que se resalten las condiciones de salud como cebo para una buena inversión. “No es casualidad, es una práctica habitual, no tienen corazón. Hay que elegir: o rentabilidad para los especuladores o derechos para las familias”.

Se muestra también inquieto Jaime Palomera, doctor en Antropología Económica, autor del libro El secuestro de la vivienda (Península) y cofundador del Instituto de Investigación Urbana. “Este anuncio hace explícita una lógica muy preocupante, una relación de suma cero entre rentabilidad y vida. Cuanto más se acorta el horizonte vital de quienes habitan la vivienda, mayor es el beneficio esperado para el inversor. Es una lógica profundamente depredadora. Es una forma muy cruda de señalar hacia dónde está derivando el mercado”, expresa. Lamenta que realidades sociales se traduzcan en variables económicas. Considera que esta práctica no es una anomalía, sino una especie de radiografía del sistema.

Palomera cree que la nuda propiedad puede tener sentido en algunos casos, sobre todo para personas mayores que necesitan liquidez sin tener que abandonar su casa. El problema es qué ocurre después con esas viviendas. En la práctica, no todo el mundo puede acceder a este tipo de operaciones. “¿Quién puede comprar una vivienda y empezar a pagarla (o inmovilizar capital) durante años o décadas sin poder usarla? No es el comprador medio que busca un hogar, sino perfiles con capacidad financiera: inversores, sociedades o multipropietarios que buscan rentabilidad a largo plazo. Aunque no haya datos sistemáticos, todo apunta a que muchas de estas casas acaban en ese circuito. Lo que puede ser una solución individual acaba alimentando un problema estructural", explica.

Una alternativa más razonable sería, a su juicio, que este tipo de intervenciones las asumiera la Administración para engrosar el parque de vivienda pública y convertir una necesidad individual en una solución colectiva. “Estas prácticas implican llevar a un punto extremo la deshumanización. Cuando la lógica dominante es la búsqueda de nichos de rentabilidad a toda costa, las personas dejan de ser sujetos y pasan a ser variables dentro de una operación económica”, resume. La enfermedad y la expectativa de vida se incorporan directamente al cálculo financiero, a su juicio. Y eso, asegura, ocurre en un país donde las reglas del juego no solo no lo impiden, sino que en muchos casos lo permiten o incluso lo incentivan.

“Desde 2008, estamos asistiendo al gran acaparamiento, donde las viviendas que estaban en manos de pequeños propietarios, poco a poco pasan a individuos o familias que ya tenían varias, y esto va rompiendo la sociedad”, advierte. Indica que el anuncio es un ejemplo de especulación, en gran medida, al depender la rentabilidad de un futuro incierto y de su posible revalorización. “Por lo general, no es una compra para usar la vivienda, sino para obtener un rendimiento para extraer rentas. Además, se adquiere a un precio inferior al de mercado precisamente por esa incertidumbre y por la existencia del usufructo, con la expectativa de que en el futuro el inmueble se pueda vender o alquilar a un precio más alto”, indica.

El secretario general de FACUA -Consumidores en Acción-, Rubén Sánchez, tilda de lamentable este recurso publicitario. “Lo que le están diciendo al cliente es que compre, que van a fallecer pronto”, explica. A su juicio, lo más grave de la situación actual es que haya personas que no tengan capacidad económica para salir adelante y se vean en la obligación de recurrir a este modelo. Considera que el precio del inmueble indica una intención interesada por parte de la inmobiliaria: “Reconoce que venden el piso por una cantidad económica que supone casi un tercio del valor de mercado. Parece una forma de llevarse una comisión fácil y rápida, a costa de que una familia, que puede ser víctima de un asesoramiento incorrecto, ingrese muy poco dinero. Un chollo para los que ponen el anuncio”.

Consentimiento

La clave para saber si la agencia ha cometido una ilegalidad es el consentimiento, según explica el abogado y consultor especializado en derecho digital Borja Adsuara. “Si los usufructuarios no han dado permiso para compartir estos datos personales de salud, especialmente protegidos, la inmobiliaria se juega una buena multa de la Agencia Española de Protección de Datos”, indica. No implica consecuencias legales si han autorizado el anuncio con esa información. Pero para Adsuara el tema también es delicado desde el punto de vista de protección al comprador, al poder incurrir en publicidad engañosa. “¿Cómo sabe si no se lo demuestran con papeles que, efectivamente, tienen esas patologías? Tendrían que aportar certificados médicos. Es un terreno doblemente peligroso”, señala tras tachar de mal gusto esta práctica.

El portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios, Enrique García, apunta a un problema ético, al margen del consentimiento. “Es bastante reprobable llamar a la contratación proporcionando unos datos imprecisos y generando una expectativa inexacta”. Su entidad considera que este tipo de prácticas pueden encajar dentro de la publicidad abusiva y agresiva. Palomera insiste en que esta metodología es reversible si se cambian las reglas del juego: “Hemos llegado a un punto en el que la vivienda, la vejez y la fragilidad humana pueden convertirse en oportunidades financieras de primer orden, más que las criptomonedas o el oro”.

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