Hola de nuevo. Escucho a Mina mientras cierro el periódico después de haberme empapado las noticias del mundo, que siguen siendo terribles y desesperanzadoras, los artículos domingueros siempre a la altura, la enésima crítica de Boyero a la última película de Almodóvar -la misma que espero ver hoy o mañana- e incluso algunas críticas a las sandeces de Ramón García y sus loas a la tauromaquia infantilizada. Mis amigos comparten fotos de lo bonitas que se han quedado las islas tras Theresa mientras yo preparo la agenda de la semana que viene, aviones incluidos, para encajar como en el tetris lo que necesito ultimar; algunos mensajes enviados que esperan respuesta con lo que podré completar el timetable.
Vimos anoche la película polaco-canadiense "La promesa de Irene", muy buena, muy emotiva, muy esperanzadora... muy dura. Las primeras imágenes donde nos muestran el "poder" de los nazis son realmente terribles. Una historia real de una jovencísima polaca que escondió a un grupo de judíos en el sótano de su casa, a la par la de un comandante nazi. Dentro del horror llegas a verle hasta un poco de humor al asunto. Yo me emocioné, por supuesto, con lágrimas incluidas. A la protagonista, Irena Gut, la nombraron "Justa de las Naciones", un reconocimiento que hace el pueblo de Israel a los no judíos que salvaron vidas durante el Holocausto, como así hicieron con Oskar Schindler, uno de los poquísimos nazis con este reconocimiento. Ya habré contado que en mi viaje a Jerusalén tuve la ocasión emocionante de estar frente a la tumba de este héroe.
Poco más que compartir hoy con ustedes vosotros, salvo que sigo sin respuesta mis mensajes y, por tanto, sin cerrar la semana que viene, qué se le va a hacer. Por lo pronto sé es seguro que antes de volar tendré la oportunidad de seguir yendo al gimnasio a las 7 como cada mañana, alimentando desde mi cinta de correr las líneas paralelas que tendré frente al ventanal.
Es temprano aún, mediodía, una buena hora para seguir escuchando música -ahora mismo "Planet Gold" de Sofiane Pamart, maravilloso- e imbuirme en la lectura de los dos últimos libros con los que estoy ahora: "Será por dinero", de Aitor Marín, y "El tiempo que me queda", de Irene Afonso Domínguez.
Los dejo con sus cosas, feliz domingo.
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Mina, *Una zebra a pois.



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