Las compañías aéreas hacen lo que quieren con nosotros, somos absolutos borregos para ellos. Investigando un poco sobre las compañías que operan entre las islas —o vuelas con una o con otra, te pasas al barco o te quedas en casa, no hay otra—. Mientras no inventen el teletransporte hay que joderse, es lo que tiene ser isleño.
¿Cómo se podría arreglar esto? Muy fácil. Con sanciones económicas, no hay otra manera. ¿Cómo se ha reducido el número de accidentes en la carretera o el número de borrachos al volante? Con multas y retirada de puntos de carné o éste directamente. Si a las compañías las multasen cuando no cumplieran con lo pactado otro gallo cantaría. Pero voy más allá, serviría para empezar que, al menos, dieran información puntual a los pasajeros, cosa que no hacen de ninguna manera.
Analizando ambas compañías desde la teoría económica y la práctica de los mercados, parece que lo que ocurre en Canarias es lo que se conoce como un monopolio de facto (o indirecto) estructurado a través de una "falsa competencia". En el caso específico de Canarias, este monopolio de facto tiene una gravedad añadida por el descuento de residente. Dado que el Estado subvenciona el 75% del billete a los residentes canarios, un mercado sin competencia real permite que las tarifas generales se mantengan artificialmente altas (o suban progresivamente). Las compañías saben que el ciudadano solo pagará el 25% del impacto real en su bolsillo, y el resto lo abona el erario público, lo que convierte al sector en un negocio redondo y cautivo. Resumiendo, cuando la propiedad o el control fáctico se diluye en un mismo entramado financiero, la libre competencia se convierte en un decorado, un monopolio de catálogo.
Cansado, harto del viaje, llego al aparcamiento de motos en Gando para encontrarme un pequeño grupo de éstas aprisionadas por otra que había aparcado cerrando el paso, con un par. Intenté sacar mi moto yo solo, no lo logré, menos mal que otro pibe que tenía su moto cerca de la mía llegaba justo en ese momento y entre los dos pudimos arreglar el problema.
Cualquier motorista que se precie debe llevar en su baúl algo para escribir o, en mi caso, para pegar, léase adhesivo recordándole al mamón de turno, normalmente uno al volante de un coche, que ha aparcado de p pena.
PD. Ni siquiera pude pegar el adhesivo en la chapa o en el cuentakilómetros, me dio pena, lo puse en una zona plástica del cuadro donde era fácil despegarlo. Sí, soy un huevón, lo reconozco.


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