viernes, 5 de junio de 2026

DÉJÀ VU

Para Machado su infancia fueron recuerdos de un patio de Sevilla donde maduraba un limonero, yo tengo recuerdos de un gran salón con unos enormes cuadros de la Caldera de Taburiente ¿serían acuarelas u óleos?, una silla de tres patas y una mesa con un tablero de ajedrez sobre ella. El salón de un hotel donde pasé muchas horas entre cables de colores de una antigua centralita, el mostrados de la recepción, las llaves colgantes de un llavero de morfología imposible que se remataba con un aro negro de goma, moqueta, Lula, Concha, un despacho oscuro con ventanales a la calle y sobres de azúcar al fondo del pasillo. Así lo veo, cualquiera sabe si mi mente ha novelado mis recuerdos, ella tiene estas cosas, encuentra recuerdos y te los trae como regalos.
Me vino este recuerdo a la cabeza mientras leía esta mañana en el desayuno; esto es lo bueno de los libros de bolsillo, que puedes leerlos con una mano mientras con la otra bebes café. 
Hoy no he logrado ir al gimnasio, entre una cosa y otra, rutina que retomaré el lunes si nada lo impide. Entre las enésimas alegaciones -entiéndase como una oda a la burocracia y al papeleo-, una vivienda unifamiliar en El Hierro con infinitas vistas al Golfo, y el polvo que cubre toda la casa que espero limpiar hoy, pasará esta mañana de viernes.

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