sábado, 12 de septiembre de 2026

FROTÁNDOSE LOS OJOS DESAPARECEN LOS MONSTRUOS


La obscenidad sin límites del rey del mundo
Todo en la gestualidad de Donald Trump, en su voz, en su presencia física, incita a la grima.
Carlos Boyero, 12.09.2026

Aseguraban en mi niñez que frotándose los ojos desaparecían los monstruos que protagonizan las pesadillas. Pero ahora puedes masajear los párpados hasta el infinito sin que desconectes de la presencia de ellos. Se llama Donald Trump. Todo en su gestualidad, en su voz, en su presencia física incita a la grima. También las permanentes y enloquecidas amenazas y decisiones del incontestable dueño del universo. Puede permitirse el lujo de ser absolutamente obsceno, de enviar a sus tropas civiles a invadir el Capitolio sin que le enchironen para el resto de su maldita existencia, anunciar que va a construir resorts y hoteles de lujo para que se relajen sus colegas y el turismo de élite en la arrasada Palestina, ese lugar habitado por la destrucción, el hambre, la sed y la muerte. Y dudo que sepa ni lo elemental sobre lo que fue la civilización persa, pero asegura que la va a reducir a escombros y también a sus descendientes, los igualmente infames ayatolás.

Le roba el petróleo a Venezuela con la sumisa complicidad de Delcy, alguien que debería compartir cárcel con su antiguo y delirante jefe Maduro. Imagino que también se llevará un escandaloso botín si asfixia definitivamente a Cuba. No hay límites ni reglas para su enloquecida voracidad. Y en su imparable delirium tremens también podría apretar el botón nuclear si una mañana se despierta mosqueado. Y no dispone por casualidad de ese poder. Le han votado la mayoría de sus compatriotas. Hitler también arrasó en las urnas. El resultado fue 70 millones de muertos e infinito dolor. Y ahora mucha gente en su país vuelve a reivindicarlo.

La última propuesta de Trump supera todos los límites imaginables. Consciente de que el principio más inalterable en la naturaleza humana se concreta en “¿qué hay de lo mío?“, les promete a todos los estadounidenses que le voten en las próximas elecciones que les soltará a cada uno 5.000 dólares. No está claro de dónde saldrá la pasta. Aunque es muy probable que, como máximo exponente de la codicia, esté convencido de que, por esa pasta, reclutará hasta a los abstencionistas vocacionales, a los que militan en la negación y en la desgana, a los convencidos de que la política jamás tocará mínimamente su patética existencia, a los vagabundos, los sintecho sin ley ni creencias, y a los profesionales de la negación que tengan la tentación de pillar esos billetes a cambio de su voto. Sería espeluznante, aunque toda barbarie es posible con los miserables que gobiernan el planeta.

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