martes, 10 de marzo de 2026

"UN GRAN DÍA PARA EL FEMINISMO"


Ni mujer, ni vida, ni libertad
Nada apunta a que estemos viviendo un gran momento para el feminismo en Oriente Próximo.
David Trueba, 10.03.2026
https://elpais.com/opinion/2026-03-10/ni-mujer-ni-vida-ni-libertad.html

La mañana del sábado 28 de febrero, cuando EE UU e Israel comenzaron su ataque contra Irán, una diputada conservadora de nuestro Parlamento escribió en redes: “hoy es un gran día para el feminismo”. Bendito entusiasmo, aumentado al saberse que el ayatolá Jameneí había sido ejecutado en un ataque junto a otros miembros de la cúpula dirigente de la dictadura iraní. Sin embargo, inmediatamente después conocimos que otro de los lugares machacados había sido una escuela infantil y que había decenas de niñas muertas por una de las dos operaciones bélicas en curso. La israelí se llama Rugido del león y la estadounidense Furia épica. Los dos títulos suenan a película taquillera, machirula y mala, pero sobre todo confirman la delirante infantilización en que vivimos. Esta supuesta operación conjunta con dos cabezas ha forzado al presidente Trump y a sus hormonados jefes de filas a improvisar justificaciones cada rato más erráticas en las que suman finalidades estratégicas como quien sale de paseo en bici y duda entre si está participando en el Tour de Francia o dándose un garbeo hasta la hora de comer.

Ante este desconcierto es fácil concluir que quienes sí tenían un plan anticipado y previsto eran las fuerzas israelíes. No así los norteamericanos que parecen haberse sumado por si las consecuencias del ataque les resultaban favorables. Nada mejor que propiciar un cambio de régimen, que derribar una dictadura cruel y sanguinaria para lucir la medalla de mérito ante una población tan poco informada como ingenua. El hecho de no haber advertido a las naciones colindantes, de no haber permitido el regreso de turistas y transeúntes, no haber coordinado las acciones con las empresas energéticas, no haber buscado el menor atisbo de acuerdo internacional podría haber desencadenado una tragedia colectiva mucho mayor que la que estamos viendo. Era evidente que Rusia iba a dejar tirado al socio iraní que le había surtido de drones durante su guerra particular en Ucrania, pero resultaba menos fácil de predecir el grado de respuesta desesperada que Irán iba a poner en marcha. Incluso contra sus propios ciudadanos, muchos de ellos valientemente enfrentados a la cúpula clerical en favor de libertades y reformas y cuyo destino en las cárceles es ahora más incierto que nunca.

Igual de terrible es considerar que las niñas sin nombre asesinadas en aras de la liberación de la mujer iraní son meramente un daño colateral. No, son exactamente el producto habitual de la guerra. El ejemplo de Afganistán tras 20 años de invasión estéril es elocuente. Allá han quedado las mujeres humilladas, sometidas y despreciadas. Ni liberación ni progreso. La dictadura religiosa de Irán, situada en un entorno en el que el sometimiento de la mujer es mandato divino, podrá reciclarse tras aceptar que su país pase de patrocinar gran parte del terrorismo internacional a convertirse en otro Estado reducido a escombros y surtidor de petróleo para las grandes corporaciones. Toda nación bajo las bombas tiende a la unidad patriótica o a desmembrarse en una guerra civil. Cualquiera de esas dos soluciones no ayudará a la liberación de la mujer iraní. No, nada apunta a que estemos viviendo un gran momento para el feminismo en la región. Ya nos gustaría. Pero basta ver a Trump ungido por las manos de pastores religiosos en su despacho oval, a Netanyahu citando los textos sagrados y al hijo de Jameneí ser nombrado sucesor de su criminal padre para intuir que la liberación de la mujer no es una prioridad en este conflicto.

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