sábado, 7 de noviembre de 2026

NO HAY CAMINO PARA LA PAZ, LA PAZ ES EL CAMINO


Yabarín, líder de la principal lista árabe de Israel: “Al apoyar a Eisenkot, hemos elegido lo menos malo”
El dirigente ve prioritario colaborar con el bloque judío de oposición para reemplazar a Netanyahu, pese a las diferencias ideológicas. El jefe de Estado encargará previsiblemente este domingo formar Gobierno al principal líder opositor.
Antonio Pita, 07.11.2026

Yusef Yabarín (Um El Fahem, Israel, 56 años) recibe abrazos y besos en un salón de bodas con mesas redondas y equipo de sonido. Parece el padre del novio, pero no hay ceremonia. Son simplemente cientos de palestinos con ciudadanía israelí que acuden este viernes a felicitarlo por los 11 escaños (de los 120 del Parlamento) que la lista electoral que lidera obtuvo la semana pasada en las urnas, dándole un papel clave para desbancar del poder a Benjamín Netanyahu. Es lo que intentará el principal líder opositor, Gadi Eisenkot, a partir de este domingo, cuando previsiblemente reciba el encargo del presidente, Isaac Herzog, por contar con más de la mitad de los apoyos. Entre ellos los de la candidatura de Yabarín.

Se llama Lista Conjunta, coaliga a tres partidos y fue la más votada de las dos que representan a los palestinos con nacionalidad israelí, dos millones de descendientes de quienes no huyeron o fueron expulsados hace décadas (1947-1949).

Han pasado los últimos cuatro años más discriminados, perseguidos y colectivamente criminalizados, bajo la coalición más extremista de Netanyahu. Por eso, cuando llegaron las elecciones, acudieron a votar como nunca, logrando un resultado histórico: 19 escaños en total. Y, también por eso, cuando Yabarín acudió este jueves —con el poder que da un 9% de los asientos en la Kneset— a la residencia del jefe del Estado, Isaac Herzog, en Jerusalén, puso la “prioridad” (sacar a Netanyahu del poder) por encima de las diferencias ideológicas con la derecha en la oposición. En vez de abstenerse, como apuntaba inicialmente, recomendó a Eisenkot.

El presidente de Israel, Isaac Herzog, (al fondo de la mesa) recibe a los representantes de la Lista Conjunta en el marco de las consultas para decidir a quién encarga formar Gobierno, este jueves en Jerusalén. Yigal Slavin

“Estamos eligiendo lo menos malo”, admite Yabarín. “Eisenkot es el único candidato alternativo y queríamos asegurar que contase con una mayoría amplia y clara. Era un mensaje al presidente [...] con el objetivo claro de impedir que diese el mandato a Netanyahu. Es el inicio de un camino para derrocarlo”, explica en una entrevista con este periódico antes del acto de celebración. El evento tiene lugar en Arara, una de las mayores localidades de Wadi Ara, un valle eminentemente árabe en el norte de Israel. La elección no es casual: la Lista Conjunta rozó aquí el 80% de votos. Otro 17,3% fue a la otra candidatura árabe, la más conservadora Ra’am, con ocho importantes diputados gracias a su fuerza entre los beduinos del sur. El Likud de Netanyahu recibió 24 votos, un 0,2%.

Netanyahu, mientras, sigue azuzando la teoría de que las listas árabes “robaron” las elecciones, apoyado en una investigación a la que el Comité Electoral ha quitado suficiente entidad como para modificar el resultado. Yabarín ve la maniobra de alguien que “busca privar de legitimidad al poder político árabe” porque “se niega a aceptar el resultado” electoral, que le ha dejado sin mayoría de Gobierno. “Sabe que el camino hacia su destitución es la cooperación entre judíos y árabes. Y eso es lo que teme”.
“No somos ingenuos”

Yabarín solo lidera la Lista Conjunta desde mayo. Antes fue diputado, por la misma candidatura y por Hadash, uno de los partidos que la conforman. De inspiración socialista, pone más énfasis en una alianza entre iguales con la mayoría judía, de la que proviene uno de sus diputados y recibe miles de votos. Yabarín se licenció en Derecho por la Universidad Hebrea de Jerusalén y se doctoró por la de Georgetown, en Estados Unidos. Luego, dio clases en universidades de ambos países, hasta centrar sus energías en ONG de derechos humanos y en Dirasat, el centro legal y de análisis que cofundó en Nazaret, la mayor ciudad árabe de Israel, para promover la igualdad entre las poblaciones judía y palestina del país.

Ahora, como líder de la lista árabe más influyente, afronta un equilibrio delicado. Los partidos judíos de oposición que aspiran a reemplazar a Netanyahu son principalmente de derechas y contrarios a un punto clave del programa de la Lista Conjunta: el fin de la ocupación militar israelí y la creación de un Estado palestino. “No somos ingenuos. En la oposición no escuchamos voces claras ni en contra de la discriminación ni del racismo. Tampoco que hablen de paz con el pueblo palestino”, reconoce. “Pero”, se apresura a aclarar, “lo primordial ahora mismo es que el Gobierno de Netanyahu no continúe. Y esperar que el nuevo cambie las políticas”.

Para ello, apuesta por un no —a ingresar en la futura coalición— y un sí: a sostener desde fuera con sus diputados un Ejecutivo en minoría, para que Netanyahu y sus socios no puedan tumbarlo. Lo llama “bloque de bloqueo”: 11 escaños dedicados a “permitir el cambio en Israel”.

Entrar en la coalición, en cambio, supondría participar en decisiones como “preservar la ocupación” de los territorios palestinos ocupados o destinar fondos o tropas a los asentamientos en Cisjordania. “Y nosotros no podemos ser parte de eso”, dice. ”Nuestro mensaje es muy claro: no hay solución militar. Más guerra y más guerra y más guerra solo perpetúan la ocupación y el conflicto”, resume.

Una simpatizante de la Lista Conjunta se hace un selfi con su líder, Yusef Yabarín, durante un evento de celebración de los resultados electorales en la localidad árabe de Arara, en el norte de Israel, este viernes. Antonio PIta

La Lista Conjunta incumple, en cualquier caso, al menos una de las cuatro condiciones que otro líder opositor, Eisenkot, puso ya en campaña: denominar a Hamás organización terrorista. Desde entonces, tanto los periodistas israelíes como el propio presidente han presionado a los líderes de las listas palestinas a hacerlo. Sin éxito.

A Yabarín le irrita el tema y siente un doble rasero: a él lo interrogan todo el tiempo por ello, pero no a los políticos judíos que defienden crímenes de guerra o usan lenguaje genocida, con afirmaciones sobre la ausencia de inocentes en Gaza. “Tenemos unos valores y una posición moral muy clara. Y no necesitamos que nadie nos dé lecciones morales. Estamos en contra del daño a civiles inocentes. Condenamos el ataque [por Hamás] a civiles inocentes el 7 de octubre de 2023. Lo dijimos explícitamente ese mismo día. Y también que no puede servir como justificación de todos los crímenes cometidos en Gaza”.

Yabarín recuerda un precedente del que se habla mucho estos días. En 1992, Isaac Rabin tenía solo 56 diputados. Por primera vez en la historia del país, cinco árabes le garantizaron desde fuera la mayoría mínima (61) para resistir a la derecha. Gracias a ello, firmó los Acuerdos de Oslo con el líder palestino, Yasir Arafat. Luego, un ultranacionalista radical israelí lo asesinó por ello.

Es, dice, un ejemplo histórico de la “oportunidad” que se abre. De que un eventual Ejecutivo liderado por Eisenkot cambie sus puntos de vista y “tome una nueva dirección”, en pro de “un horizonte político” para los palestinos. Es, subraya, cuestión de “valentía”. “Sabemos que no sucederá en semanas o meses, pero se trata al menos de iniciar un camino de cambio en la dirección correcta, porque el Gobierno de Netanyahu ha sido destructivo para toda la región”, agrega.

La idea del apoyo externo choca de momento con los deseos de uno de los partidos de oposición, el derechista Israel Beitenu. Su líder, Avigdor Lieberman, ha reiterado este viernes su negativa no ya solo a un Gobierno judeo-árabe, sino también a que el bloque judío de oposición (su partido, el de Eisenkot, Beyahad y Los Demócratas) gobierne en minoría “dependiendo” de las listas palestinas.

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