Ayer fui un día raro, Jueves Santo, del amor fraternal. No hice nada, l-i-t-e-r-a-l. Bueno, cociné -el ramen estaba muy bueno, me otorgué un 10 al plato-, leí un rato, me eché una siesta, vi la película "Pillion", que no me gustó y procrastiné con el trabajo, no termino una memoria atragantada. Acabó este día de fiesta viendo una española en NETFLIX, "53 Domingos", una suerte de obra de teatro con 4 actores que, la verdad, me aburrió y no terminé, yéndome a la cama a las 22:30h, como en los oscuros tiempos del Ayuntamiento.
Tras un sueño reparador -con muchas pesadillas también- empiezo este Viernes Santo con más ganas, a ver, nunca se sabe lo que finalmente deparará el día. Por lo pronto no hay calima, el cielo luce azul y la tórtola continúa empollando. Hoy prepararé una tortilla de papas para almorzar.
Todavía no he tenido fuerzas para abrir el periódico y enfrentarme con las noticias desesperanzadoras de hoy, aunque sé que finalmente encontraré alguna positiva, así soy.

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