Cualquier disculpa es buena para salir un domingo por la mañana a visitar a unos buenos amigos, en este caso por doble razón, la casa donde viven es un proyecto mío y colocaban hoy una escalera escamoteable para acceder al altillo. Así, después de la ducha y de pasar por la gasolinera para borrar de una vez el paso del último episodio de calima por las islas -y por mi coche-, me encaminé en coche hacia la urbanización, con poco tráfico y con música de Falla de fondo, "El Amor Brujo" (volviendo a casa la elegida fue Supertramp) y en veinte minutos estaba allí. Bla, bla bla, interesante la escalera escogida, ¿cómo te va? y más bla bla bla. Me presentaron al novio de una de las hijas; hola, encantado. Resultó que jugaba al tenis y una cosa llevó a la otra.
El tenis me gusta sí, aunque sólo lo practiqué de muy joven en el colegio y ahora lo veo en la tele, que en casa tiene generosas dimensiones gracias a un regalo de mis amigos. Por cierto, entre mis amigos sí hay seguidores del deporte, continué, mi compañera de trabajo es una gran aficionada, lo practica, es jueza, erudita y sus hijos también han jugado; así como mi amigo de la infancia con el que íbamos a ver partidos a las gradas (que, como Sevilla, tienen un olor especial) o a su padre jugar al frontón, bajando a la izquierda o al fondo. Comentamos que Alcaraz era murciano y que teníamos amigos comunes, las nuevas promesas y esas cosas del mundillo.
Y nos dieron las dos y de vuelta a casa.
♫
Manuel de Falla, *El Amor Brujo.
*Danza del fin del día

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