martes, 14 de abril de 2026

DEMASIADO PARA UN MARTES


Escucho "Lucia di Lammermoor", siempre una apuesta segura para insuflarme fuerzas para empezar este día con una interminable lista de cosas por hacer. Ya ayer fue complicado, otra vuelta de tuerca de, entre otras, la dichosa burocracia que ha llegado también, ¡cómo no!, a los colegios profesionales. Hoy todo es un examen, da igual que tengas experiencia con el papeleo, que lo hayas hecho mil veces, ya no importa, cada vez es una nueva gincana. Entre esto, la declaración trimestral de la renta, otro descenso de esquí urbano, un favor que me piden desde mi exayuntamiento (no logro cortar las cadenas, cobarde que es uno según parece), un plano que debo modificar, comprar flores -hay cena hoy en casa- y vino y algo que surja; difícil dar con la fórmula para que todas las piezas encajen. Una coincidencia, por cierto, que hoy se celebre el Día Mundial de la Cuántica; lo que daría hoy por tener una vida en otra dimensión.

Mientras continúan mis quejidos insignificantes, el mundo sigue patas arriba, el Papa se ha tornado el AntiTrump y viceversa, lo del estrecho de Ormuz ya no hay quien lo entienda, ahora lo bloquean tanto hunos como hotros, que diría Uclés; de Venezuela, Cuba, Gaza y Ucrania no se ha sabido nada nuevo; la guerra particular del inefable juez Peinado contra la mujer del Presidente parece que llega a su fin y, por fin, una buena noticia en el horizonte, una bofetada sin manos al populismo de ultraderecha que campa a sus anchas por este Occidente orate: pierde Orbán las elecciones en Hungría, lloran Abascal, Le Pen, Meloni, Netanyahu y Trump. 

Por último y antes de sumergirme en el aburrimiento absoluto de la vida laboral, recordemos un momento a Heródoto, considerado el padre de la historiografía, en boca de Tyto Alba (adaptación gráfica de "El infinito en un junco", de Irene Vallejo):
En sus “Historias”, Heródoto relató las peripecias de Creso, un rey riquísimo y arrogante que se lanzó a la guerra y acabó arrepentido. Tras todos los desastres, dijo: «Nadie es tan estúpido que prefiera la guerra a la paz, pues en esta los hijos sepultan a los padres, mientras que, en aquella, son los padres quienes sepultan a los hijos». La aversión de Heródoto por la guerra es clara y constante en su libro, la primera obra de historia universal.

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