sábado, 21 de marzo de 2026

CULTURA DOMINANTE, CUERPOS DISIDENTES


Delgadez extrema y otros estragos ultraconservadores en la vida cotidiana
No es fácil darnos cuenta, pero vivimos en una cultura autoritaria que impone un control extremo del cuerpo.
Nuria Labari, 21.03.2026

“Ahí están, más delgadas que la semana pasada, más delgadas que el mes pasado, más y más y más como si hubiera una competición que nadie nombra, pero todas están jugando”, escribía esta semana la directora Chloé Wallace en su cuenta de Instagram sobre el resurgir de la delgadez extrema como ideal dominante en las alfombras rojas. Las actrices son referentes estéticos y culturales, capaces de crear moda (norma) y marcar tendencia. ¿A qué cultura representa este canon que impera en la industria? En el caso de los Oscar (EE UU), sabemos que el contexto político dominante es ultraconservador y como tal produce políticas identitarias cada vez más duras y cuerpos cada vez más normativos. Y en el caso de Europa, vamos por el mismo camino estético, que es también político.

Uno de los mitos de la ultraderecha es que hay que obedecer la ley, a pesar de que sus partidos la transgredan continuamente. Y el primer lugar donde los ciudadanos debemos cumplir la ley en sistemas ultraconservadores es el propio cuerpo. Así, un cuerpo delgado es más confiable que uno que no lo sea. Uno más blanco se considera más puro mientras que el más oscuro será percibido como peligroso. Igualmente, un cuerpo joven se considerará más valioso y un pectoral vigoréxico se juzgará más productivo. El autoritarismo corporal no admite disidencia y su triunfo es total. ¿Quiere esto decir que las personas más jóvenes, delgadas o de piel más clara son más conservadoras? Por supuesto que no. Lo ultraconservador es percibir los cuerpos que no cumplen con la norma como identidades deslegitimadas y esforzarnos íntima (o secretamente) en cumplir la ley.

Aunque no es fácil darnos cuenta de que vivimos en una cultura autoritaria que impone un control extremo del cuerpo. No lo es: los sistemas de coerción no son directos, sino que se nos meten dentro a través de un sofisticado sistema de pensamiento. Al final, todos cumplimos con la rigidez ultraconservadora en nuestra intimidad de forma más o menos flexible (hoy lo llaman “cuidarse”). Solo que, en los casos más extremos, la aspiración final de ciertos cuerpos es seguir el modelo sin permitirse incumplimientos de “la ley”, considerando todo espacio de libertad (comerse un torrezno) como una culpa que además merece castigo.

Lo peor del ultraconservadurismo corporal es que no hay escapatoria. Su ley es transtemporal y considera el mero paso del tiempo una forma de disidencia. Así el envejecimiento se empieza a percibir como una patología en sociedades ultraconservadoras donde la edad se convierte en una razón de apartamiento y marginación por sí misma. Esta semana, una amiga me escribió para decirme: “Estoy mal, me siento vieja”. ¿Pero qué es sentirse vieja? ¿Por qué debería ser algo malo? Mi amiga, que se ha pasado media vida peleando contra los regímenes normativos, se siente deslegitimada por el mero hecho de seguir viva.

Me pregunto si es posible desobedecer al poder, denunciar una guerra después de aceptar el sometimiento corporal más salvaje. Me lo pregunté viendo los Oscar y constaté que Hollywood es un despliegue de cuerpos y conciencias extremadamente mermadas. Así es la “cultura dominante”. Ojalá Europa y los europeos respondamos con todo lo que tenemos, empezando por el propio y disidente cuerpo.

LA GRAN CRISIS


Dani Rodrik: “Trump no es solo un riesgo económico; es la mayor amenaza de nuestro tiempo”
El economista y profesor de la Universidad de Harvard cree que España es “una inspiración desde el punto de vista democrático” por su combinación de crecimiento, acogida de inmigrantes y su firmeza en la defensa de la paz.
Claudi Pérez, 21.03.2026

Dani Rodrik es una rareza: es un gran economista dotado con un colmillo político muy afilado. No habla solamente de economía; ni siquiera principalmente de economía a poco que se le dé carrete. No rehúye una sola polémica, ni siquiera con su propio oficio. Es dueño de un apetito voraz por meterse de lleno en el debate público. Y tiene habilidad para dar en el blanco: se anticipó a uno de los desafíos de estos tiempos, y ya al inicio de la Gran Crisis advirtió de los riesgos de la globalización excesiva, se preguntó si esa combinación malsana de adoración por el libre comercio desregulado y macrocefalia del sistema financiero iba a debilitar la democracia. Acertó: ahora mismo estamos en plena recesión democrática. Su tesis es que la variedad de capitalismo que se ha impuesto genera una desigualdad rampante; esa desigualdad ha acabado trayendo malestar en todo el mundo, y ese cabreo se traduce en la marea del populismo de ultraderecha. La altura máxima de esa ola airada es Donald Trump. “Lo fundamental de Trump no son los riesgos económicos: mi presidente es la mayor amenaza de nuestro tiempo”, afirma rotundo en esta conversación con EL PAÍS después de dar esta semana una charla en unas jornadas organizadas por la Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación (Cesce).

Rodrik (Estambul, 69 años) se convirtió en una celebridad hace un par de décadas con su famoso trilema: no podemos perseguir simultáneamente democracia, soberanía nacional e hiperglobalización. En su último libro renueva esa tríada y asegura que hay que elegir entre combatir el cambio climático, reforzar a las clases medias y reducir la pobreza y la desigualdad global. Procedente de una familia sefardí que emigró de España en el siglo XV, Rodrik deja en un requiebro final una defensa cerrada de la política exterior del Gobierno español: “Sánchez ha hablado claro y Europa debería ir por ese mismo camino, y no por una sumisión con Trump que no tiene ningún sentido”.

Pregunta. Ucrania, Gaza, Irán. ¿Cuáles son las consecuencias económicas de esta escalada bélica, de la geopolítica de los líderes autoritarios, de los populistas como Trump?
Respuesta. La geopolítica ha noqueado a la economía como principio rector de las relaciones internacionales: la geopolítica es ahora mismo la variable prioritaria cuando hablamos de economía, y cuando hablamos de casi cualquier cosa. El principal riesgo para la economía global no es la inflación, no son los déficit públicos de EE UU, el declive del dólar, la posible burbuja en la IA o cualquier asunto que proceda del propio sistema económico: es que sigan cayendo bombas. El resto de riesgos palidecen comparados con ese, así que en estos momentos los economistas tenemos poco que decir frente a los analistas de inteligencia y de defensa. Estamos en medio de una transición hacia un mundo multipolar, en el que las potencias medianas van a desempeñar un papel fundamental. Y no sé si nos damos cuenta de la revolución que eso supone.

P. Los Canadá, Brasil, India, Alemania. ¿España?
R. Todos esos países tienen ya una voz nítida. Y en especial creo que las potencias medias europeas, como Alemania y sí, España, tienen una enorme responsabilidad: Europa es una especie de modelo de referencia para el mundo. Para empezar, sigue siendo democrática. Y además tiene un modelo social que es la envidia de muchas sociedades. La UE tiene que entender que Estados Unidos ya no es un aliado fiable: Trump es el principal riesgo, la primera fuente de incertidumbre e inestabilidad en el mundo. Y el trumpismo obliga a invertir la lógica del proyecto europeo: la idea siempre fue ir de la integración económica y monetaria hacia la unión política, pero ahora Europa necesita unidad política al menos en términos de política exterior común, de política de defensa común. Necesita autonomía estratégica, que es otra manera de decir que tiene que hacerse mayor de una vez.

P. Bruselas ha optado por la política del apaciguamiento ante Trump.
R. Eso es una completa equivocación.

P. ¿Qué aconsejaría?
R. Me parece un acierto la postura del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que se ha pronunciado con tanta claridad, con esa contundencia sobre Gaza, sobre Irán y sobre Trump. Es un ejemplo para Europa. Ojalá la UE hubiera sido igual de lúcida, en lugar de meterse en esa carrera por satisfacer a Trump. Esa sumisión a Trump no tiene ningún sentido.

P. El vasallaje feliz de Rutte, de Von der Leyen, de algunas cancillerías.
R. Con Trump no puede hacerse un análisis de riesgos al uso: es impredecible. Pensar que esa táctica del apaciguamiento puede funcionar es desconocer la psicología del personaje: cuando obtenga algo querrá lo siguiente. Los antiguos griegos creían que los dioses eran caprichosos: les diría a los europeos que esa es la manera de mirar hacia el trumpismo, hacia un líder voluble y excesivo. Es inútil pensar que dándole lo que quiere se va a calmar. Europa debería definir con claridad sus objetivos, sus intereses, siempre desde sus valores. Eso es exactamente lo que ha hecho España: plantarse ante las agresiones de Trump.

R. Francamente, creo que lo de menos son las consecuencias económicas, aunque ya las estamos sufriendo. Trump no es solo un riesgo económico de primera magnitud: es sobre todo la mayor amenaza de nuestro tiempo. Me preocupa más que con tantos fuegos artificiales no aprendamos la lección que nos ofrece la disolución del modelo de hiperglobalización de las últimas décadas, del que Trump es apenas un síntoma, no la causa. Trump puede causar inmensos daños porque es el comandante en jefe del mayor ejército del mundo; es tan impredecible que en cualquier momento puede provocar el caos. Lo estamos viendo en Irán. Su capacidad para sembrar el caos en el terreno geopolítico es brutal. En cambio, su capacidad para sembrar el caos económico es más limitada; y sus efectos serán pasajeros: no creo que deje cicatrices permanentes en la economía. Sí puede causarlas en la geopolítica global, con el riesgo de un conflicto bélico a gran escala, y en la política estadounidense.

P. Los mercados le han parado ya los pies en alguna ocasión. Y los contrapoderes: el Supremo le ha quitado el juguete de los aranceles, pero no se sabe qué es peor: ha agarrado el lanzallamas en Oriente Próximo.
R. Eso es exactamente así. Por eso creo que Europa debe plantearse su posición en un mundo en el que ya no puede confiar en EE UU para su seguridad.

P. Von der Leyen decía hace unos días que el viejo orden global ha desaparecido. Luego se retractó.
R. Su error fue no ofrecer un proyecto alternativo. El orden global está saltando por los aires. Si tenemos suerte crearemos un nuevo orden basado en dos ejes. Por un lado una renacionalización, como alternativa a la hiperglobalización, con mayor protagonismo de la acción nacional (o regional, en el caso europeo), que no tiene por qué ser mala; la hiperglobalización fue desastrosa. Y un segundo eje basado en nuestra capacidad para crear empleo de calidad, que requiere innovación tecnológica y, tanto en Europa como en Estados Unidos, poner el foco en el sector servicios y hacer que Estados y empresas vayan de la mano para crear las condiciones necesarias. La nostalgia del viejo orden global basado en reglas es absurda: ni era orden, ni era de verdad global, ni las reglas estaban tan claras ni funcionaban tan bien.

P. Usted defiende que tanto Estados Unidos como Europa se han obsesionado con las políticas industriales.
R. Las políticas industriales tienen sentido en sectores como la seguridad nacional y la innovación: no estoy diciendo que los europeos y los estadounidenses no apoyen a sus industrias. Lo que creo es que hay otro frente que Bruselas y Washington están desatendiendo y que les puede proporcionar grandes beneficios, en los servicios, donde pueden crear empleos de calidad. EE UU es el país más innovador del mundo: Silicon Valley es la envidia de todo el planeta, incluida Europa. Pero tanto su sistema económico como su sistema político son fallidos: el país ha fracasado estrepitosamente porque unos pocos se han apropiado de todos los beneficios de la innovación y eso deja un sistema político, económico y social disfuncional. Si la población se siente excluida, si la desigualdad es excesiva, el malestar se extiende y las sociedades acaban votando a demagogos.

P. Pero me temo que eso no es exclusiva de EE UU, ¿no es así?
R. La desigualdad es un desafío mayúsculo. Se traduce en la falta de oportunidades económicas, en la desaparición de buenos empleos, en regiones enteras que se quedan atrás. Por eso digo que está muy bien acometer políticas industriales, pero la innovación y la productividad no lo son todo. Hay que corregir los excesos del modelo económico. Hay que redistribuir y crear empleos de calidad, por eso insisto tanto en los servicios. Paradójicamente, toda mi carrera se sustenta en el énfasis en las políticas industriales, en la productividad y en la innovación, pero eso no sirve de nada si se logra a costa de un fracaso estrepitoso en el modelo político y social. Puede que Europa no presente las cifras de productividad e innovación de EE UU, pero tiene un modelo social que le da más estabilidad.

P. También aquí hay media docena de populistas en el Consejo Europeo. Salimos de la Gran Recesión con una combinación tóxica de medidas de austeridad, políticas monetarias heterodoxas que han traído inflación y desigualdad, y rescates públicos multimillonarios para el sistema financiero.
R. Aun así hay una diferencia de nivel: cuando un sistema produce una presidencia como la de Trump es que algo se ha estropeado. Europa tiene más clases medias y menos desigualdad que Estados Unidos. Y sí, hay un incremento palpable de la inseguridad y la ansiedad económica entre las clases medias y bajas, combinada con una precarización en el mercado laboral. La combinación de austeridad con los efectos nocivos del sistema de globalización que estamos dejando atrás han sido el caldo de cultivo en el que han emergido los populismos, en un continente que los sufrió mucho hace 100 años. Pero Estados Unidos ha ido aún más lejos: ha llegado hasta Trump. En parte porque un sistema presidencialista como el de mi país facilita esas dinámicas. En los sistemas políticos europeos, por la necesidad de forjar coaliciones, es más difícil que se den esos hiperliderazgos fuertes de raíz populista, tan peligrosos. Pero el riesgo también es evidente en Europa: de ahí que defienda que el acento se ponga en la creación de empleos de calidad en el sector servicios. Eso no está en la agenda europea. Bruselas se ha centrado en el pacto verde, en la revolución digital, en la IA. Con una política industrial a la defensiva, para no perder más peso en la producción de manufacturas. La UE debería hacer una transición intelectual con esa mirada en el largo plazo.

P. ¿Qué papel va a jugar China en medio de la lucha por la hegemonía mundial, y que a la vez presiona a Europa con su exceso de capacidad productiva?
R. En el nuevo orden en el que nos adentramos, China también tiene que asumir responsabilidades. Ese superávit comercial tan abultado genera desequilibrios globales. No me gusta el énfasis europeo y trumpista en el exceso de capacidad de los chinos, porque los bajos precios han sido una bendición en sectores como las energías renovables. Entiendo la preocupación de Europa por los cuellos de botella en las cadenas de suministro, como hemos visto con las tierras raras o los semiconductores. Pero el proteccionismo puede ofrecer solamente un escudo temporal. Europa hace bien protegiéndose, pero tiene que centrarse en las áreas en las que pueda crear más empleos de calidad. Y esas áreas, repito, se encuentran básicamente en el sector servicios.

P. Ben Bernanke y Mervyn King, tras la Gran Recesión, admitieron el fracaso de las ideas económicas preponderantes en los últimos tiempos. Usted fue aún más lejos y dijo en un libro que los economistas son “los idiotas sabios de las ciencias sociales”. ¿Han aprendido algo los economistas de los últimos castañazos?
R. Creo que el estado de la profesión es hoy mucho más saludable que hace 10, 20 años. Hubo una época en la que los críticos de la hiperglobalización, quienes señalábamos el empacho de adoctrinamiento relacionado con los mercados eficientes y las expectativas racionales de Eugene Fama y Bob Lucas, éramos acusados de rebeldes o de renegados. El problema que veo a día de hoy no son los economistas y su proverbial adoración por los mercados supuestamente perfectos: son los líderes políticos y su tendencia al populismo. Ese es el peligro.

P. ¿Cómo ve España en todo ese marasmo? La economía española crece cerca del 3%, el doble que la media europea. El empleo está en máximos, apoyado por la migración y los bajos costes energéticos. A la vez el Gobierno tiene una mayoría frágil, pero se las ha arreglado para presentar un discurso de política exterior bien armado.
R. España es hoy una inspiración desde el punto de vista puramente democrático, con esa combinación de crecimiento, políticas a favor de la migración y una posición tan rotunda sobre Gaza, sobre Irán, sobre Trump. Creo que es más criticable su papel con respecto a Ucrania: debería ser más solidaria en el frente estratégico contra Rusia, Europa se juega mucho en esa guerra. En lo económico, la capacidad de absorción de migrantes es espectacular, pero creo que la economía española debe hacer más para mejorar sus métricas de productividad. Y sobre las críticas a Trump repito que en mi opinión está en el lado correcto de la historia: ojalá otros se sumen a la posición de Sánchez.

CHUCK NORRIS, RIP


Muere Chuck Norris, actor, icono pop y campeón de artes marciales, a los 86 años
Intérprete y figura popular, se hizo famoso en todo el mundo por sus papeles de acción.

VELENO

Rodrigo Cuevas, *Veleno.

HUMOR EXPUESTO

*
 

jueves, 19 de marzo de 2026

¿DE VERDAD ESTO ESTÁ PASANDO?

 

OTHER NEWS





REGALOS


Es difícil encajar el bochornoso espectáculo de María Corina Machado regalándole el Nobel de La Paz a T, momento que pasará a la historia del esperpento mundial. Indignado se habrá quedado el Comité Noruego del Nobel y avergonzado el resto de los mortales ante el ridículo teatrillo de esta probe mujer a la que Mr. President ha ninguneado antes y después. De pena.

Regalar bien y regalar mal: la diferencia entre Sean Penn y María Corina Machado
El actor realizó un acto de dignidad entregándole a Zelenski uno de sus ‘oscars’ en Kiev, todo lo contrario a la humillación de la líder venezolana ante Trump.
Jesús Ruiz Mantilla, 18.03.2026

No he ganado el Premio Nobel de la Paz ni un Oscar de Hollywood. De haber ocurrido eso en mi vida, no se los regalaría a nadie. Pero si me viera obligado a ello —no sé qué diablos me puede llevar a un gesto así— pensaría hasta el desgaste de mis neuronas a quién. Otra cosa es dedicarlo: a mis hijas, a mi mujer, a mis padres, a Cantabria la bella, a España, al Racing de Santander, vale. Pero, regalar...

Imagino que es lo que han hecho antes a fondo Sean Penn y María Corina Machado. El primero acaba de ganar el último Oscar de su carrera por la exhibición que demuestra en la extraordinaria Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson. Es el tercero después de Mystic River (2004) y Mi nombre es Harvey Milk (2009). Le sobran. A la líder venezolana, en cambio, no. Solo se logra una vez el Nobel de la Paz y en la academia sueca, de saber qué haría con él, imagino que habrían elegido otra candidatura.

Sean Penn no acudió a la ceremonia de los Oscar. Estaba en Ucrania, a donde ya viajó en 2022 para darle uno de sus premios de la Academia al presidente Volodimir Zelenski. Machado se lo regaló en su visita a la Casa Blanca a Trump en enero pasado. El gesto de Penn hace cuatro años en camiseta resultaba de una dignidad emocionante. El de María Corina, vestida con un traje de chaqueta y pantalón de la diseñadora venezolana Vanessa Farina, pese al tono claro de la indumentaria, resultó una de las humillaciones más tenebrosas como gesto en el panorama de la política global de nuestros días.

Tiene competidores María Corina en ranking de líderes babosos herederos de Chamberlain ante Hitler que se arrastran hoy ante Trump. Del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, a Ursula von der Leyen o el canciller alemán Merz, son demasiados quienes se desgañitan en méritos para no sulfurar a la bestia. Su propio temor a ser humillados les hace confundir el hecho de que con su actitud les sobra para caer en lo más bajo. Se autoinfligen un desprecio que de paso sufren aquellos a quienes representan. Lo pagarán. No entienden que el atropello ejercido desde el poder en base al escarnio público para quienes consideran vasallos supone el propio castigo: un error evidente como un abuso de poder ante los ciudadanos que lo contemplan.


Además, no sabemos bien qué pretendía Machado respecto a un cambio de actitudes en el comportamiento de Trump. El presidente entendió de manera tan particular y motivadora el gesto simbólico -ni más ni menos que tener en sus manos el Nobel de la Paz- que dos meses después bombardeó Irán junto a su amigo Netanyahu.

María Corina fracasó estrepitosamente, por tanto. Y humilló con su gesto no solo a buena parte del pueblo venezolano que incluso la apoyaba antes, también a los demócratas en cualquier parte que la pudieran ver con buenos ojos como una opción de futuro en su país. La pregunta es: ¿hubieran hecho lo mismo otros destacados opositores de su país? No lo creo.

Un cataclismo como es Trump descoloca. Pero también fija y destaca a quienes conservan la dignidad en mitad de la desorientación generalizada. En el fondo es fácil contrarrestarlo: con probar a seguir defendiendo el derecho internacional, el sentido común y la senda de la Ilustración, vale. Caer en la tentación de saltarse esas líneas y contemporizar con el fascismo, aunque sea mínimamente, aniquila a cualquiera ante los ojos del gran juicio final.

Es muy sencillo: saber, con mínimas nociones del pasado, cuál es la diferencia entre el bien y el mal. Salir de las garras de un sátrapa local como Maduro para entregarse a los de un frívolo tirano global no es el camino.

El gesto de Penn nos habla justo de lo contrario. Se plantó entonces la estrella del cine ante Zelenski, el único líder que en la Casa Blanca ha sabido mantener bien alta la dignidad de su pueblo precisamente al verse atacado por unas fieras que se la querían arrebatar, lo sacó de una mochila como quien desarrollía un bocata y se lo entregó: “Esta cosa es una chorrada simbólica”, le dice el actor, “pero sabiendo que se queda aquí, me siento mejor mientras dure la lucha”. Poco más. Aquello bastó.

Es uno de los grandes asuntos de nuestro tiempo. La dignidad. Javier Gomá lo vio no hace mucho. El filósofo comprobó que no había sido tratado específicamente como un gran tema en la historia de la filosofía y le dedicó al término un ensayo en 2019. Decía, entre otras cosas: “La dignidad es un monumento mayor que la acrópolis de Atenas”. Y proponía la construcción de una república de la amistad, algo que choca con este imperio de afrentas que estamos contemplando impotentes.

El tiempo que nos ha tocado vivir se ha convertido en todo un cruce paradigmático sobre el asunto. En un escenario donde esa escasa virtud resalta como un destello radical de esperanza cuando salta ante nuestros ojos. Si Zelenski aguantó los embates de los aliados de Putin en la Casa Blanca aquella tarde y en otras muchas ocasiones como muy pocos han hecho, Machado representó todo lo contrario: una clamorosa ausencia de dignidad que la descalificó rotundamente.

Consciente de lo que significa esa palabra e incluso de dónde salir a buscarla, Sean Penn eligió a conciencia no acudir a la ceremonia de entrega donde era candidato a un gran premio y volvió a Ucrania. Cambió el hecho de ser reconocido con un momento de gloria ante el mundo para multiplicar ese efecto en Kiev, donde realmente debemos poner el foco. Esta vez recibió un Oscar de metal que le habían hecho con material de trenes bombardeados por los rusos. Prefiere todavía plantarse allá en camiseta al glamur de los cócteles. En todo caso, algún bombón de bienvenida en la mesa para endulzar el momento junto a unos hombres que luchan por mantener los principios básicos de la democracia. Aquellos que durante un periodo ínfimo de la Historia lograron un mundo mejor, ese mundo que hoy vuelve a estar amenazado por los nuevos tiranos que nos aplastan.
Alain Roman, *Quel temps fait-il à Paris?

martes, 17 de marzo de 2026

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

MAMDANI

Cenábamos hace un par de noche cerca de casa y salió el tema de la guerra de Irán. Yo hablaba mirando hacia el otro lado y no prestaba atención alguna hasta que, imposible abstraerme, puse la antena justo cuando le contestaban al que llevaba la voz cantante. Las críticas era, cómo no, a lo mal que lo estaba haciendo Pedro Sánchez, y por ende España, respecto a nuestra postura del ¡no a la guerra! 
> Es que no se puede ir en contra de EEUU, es un error.
Ésta era la premisa de partida. Sí, es cierto, intervine, parece que no es una buena idea llevarle la contraria a T, pero ¿bajamos la cabeza ante el abusón del patio del colegio? No creo que ésta sea la solución.
>Pero no es una postura inteligente, insistió.
No, pero es ética.
Afortunadamente no sé si nos salvó la campana o la llegada del camarero con la cena en ristre, pero cesó ahí la conversación y pasamos a algo más frívolo. Yo respiré a gusto y continué hablando con mi "sobrino" de 14 años, tan feliz.

Todo este rollo es uno de mis típicos preámbulos antes de ir al grano, en este caso decirle no al abusón de turno. Y el alcalde de Nueva York es un caso típico de cómo plantarle cara a un sujeto como T, en este caso el Presidente del país, su presidente.

El alcalde Mamdani nombra a una mujer transgénero para dirigir la primera Oficina de Asuntos LGBTQIA+ de la ciudad de Nueva York
Nombrada por el alcalde Zohran Mamdani para dirigir la oficina, Taylor Brown se convierte en la primera persona transgénero en la historia en liderar una oficina o agencia de la ciudad de Nueva York.
Bernardo Sim, 13.03.2026
https://www.blogger.com/blog/post/edit/6961026576050275136/8740970466987174948

El alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, firmará hoy una orden ejecutiva en el Centro Comunitario del Orgullo de Brooklyn, en Crown Heights, que establecerá oficialmente la primera Oficina de Asuntos LGBTQIA+ de la Alcaldía. Mamdani también nombrará a la abogada Taylor Brown como su directora inaugural, convirtiéndola así en la primera persona transgénero en la historia en dirigir una oficina o agencia de la ciudad de Nueva York.

Mamdani escribió en un comunicado compartido con Out y The Advocate : "La ciudad de Nueva York se enorgullece de su comunidad LGBTQIA+ y se negará a negar atención médica, seguridad o dignidad a nadie por su identidad. Con Taylor Brown como directora de la nueva Oficina de Asuntos LGBTQIA+, la comunidad queer de la ciudad no solo será celebrada, sino también protegida en todo momento".

«Nueva York me lo ha dado todo: atención médica que me ha salvado la vida, educación, un hogar, una carrera, mi familia elegida y una vida con propósito. Me enorgullece servir a esta ciudad como la primera Directora de la Oficina del Alcalde para Asuntos LGBTQIA+», declaró Brown en un comunicado. «Trabajaré cada día para asegurar que las puertas de la ciudad de Nueva York permanezcan abiertas para todos y para continuar con el legado de Nueva York como faro de oportunidad y esperanza para quienes han sido ignorados, discriminados y excluidos intencionalmente».

«Espero colaborar con todas las agencias para garantizar la protección de la comunidad LGBTQIA+ frente a actores hostiles que no comparten los valores de la ciudad de Nueva York», añadió Brown. «Agradezco al alcalde Mamdani, a la vicealcaldesa Su y a la comisionada Attah-Mensah, con quienes espero trabajar codo a codo, por esta extraordinaria oportunidad de servir a los neoyorquinos».
¿Quién es Taylor Brown?

La trayectoria profesional de Brown se ha centrado en el avance de la protección de los derechos civiles, tanto constitucionales como legales, de las personas transgénero en todo el país, con especial énfasis en la equidad y el acceso a la atención médica, los derechos de los presos, la educación y el empleo.

Antes de asumir este nuevo cargo, Brown se desempeñó como fiscal general adjunto en la Oficina de Derechos Civiles de la Fiscalía General del Estado de Nueva York.
¿Qué hará la Oficina de Asuntos LGBTQIA+ de la Alcaldía de la Ciudad de Nueva York?

La Oficina de Asuntos LGBTQIA+ de la Alcaldía ha sido diseñada como una fuerza centralizadora en el gobierno municipal para supervisar y coordinar los recursos e iniciativas relacionados con los neoyorquinos LGBTQIA+.

Esta oficina también tendrá la tarea de hacer cumplir las directrices de igualdad, ayudando a garantizar que no se produzca discriminación por motivos de género, identidad de género u orientación sexual en otros organismos municipales.

La oficina también desarrollará y fortalecerá los recursos para mantener las protecciones de santuario de la ciudad para las personas LGBTQIA+. Este compromiso en particular cobra aún más importancia, ya que el presidente Donald Trump continúa librando una campaña coordinada contra la comunidad LGBTQ+, que ha llevado a la eliminación de las referencias a personas transgénero del sitio web oficial del Monumento Nacional Stonewall en 2025 y a la retirada de la bandera del Orgullo LGBTQ+ del Monumento Nacional Stonewall en 2026.

Además, la nueva oficina absorberá el Proyecto NYC Unity , la iniciativa municipal existente que coordina los servicios para los neoyorquinos LGBTQ+, y se compromete a ampliarlo.

¿Por qué es significativa esta medida del alcalde Mamdani?

Esta decisión histórica no solo marca un cambio institucional para la ciudad, sino que también subraya el compromiso de Mamdani con la comunidad LGBTQ+. Esto contrasta notablemente con otros demócratas en un momento en que se insta al Partido Demócrata a "hacer más" por las personas queer.

En los últimos meses, el gobernador de California, Gavin Newsom, también ha sido objeto de críticas, en repetidas ocasiones , por sus comentarios sobre los atletas transgénero y el uso de pronombres, argumentando que el Partido Demócrata debería ser más "culturalmente normal" durante una entrevista con CNN .

I KNEW IT!

 

HOMOFACHAS

Donald Trump con una bandera LGTBIQ+ (bastante cutre) en 2016. / STEPHEN CROWLEY (THE NEW YORK TIMES)

Homonacionalismo: ser LGTBIQ+ de derechas
Queerletter, EL PAÍS, 13.03.2026

Una de cada diez personas LGTBIQ+ votaría a la extrema derecha en unas elecciones generales en España. Junto al PP (19%), los ultras de Vox sumarían un tercio de los apoyos del colectivo. Estos son algunos de los datos del informe Estado LGTBI+ 2026 de la Federación Estatal LGTBI+ (Felgtbi+), elaborado por 40dB y que se presentó ayer. El apoyo a la ultraderecha ha crecido cuatro puntos en dos años. ¿Se puede ser gay y de derechas?

Digo gay porque la amplia mayoría de personas del colectivo que se inclinan hacia el conservadurismo son hombres (blancos) homosexuales y, en menor medida, mujeres (blancas) lesbianas. Sirvan como ejemplo los Magays que trabajan para el Gobierno de Donald Trump; tecnooligarcas como Peter Thiel o Sam Altman; la líder del partido neonazi Alternativa por Alemania, Alice Weidel; o la periodista Bari Weiss.

Todos ellos son adeptos del homonacionalismo. Este término, creado por la investigadora Jasbir Puar en 2007 en su libro Ensamblajes terroristas. El homonacionalismo en tiempos queer (Balaterra), estudia la relación entre el uso político de conceptos como sexualidad, raza, género, nación, clase y etnicidad. Es el vehículo para abrir una brecha en el colectivo LGTBI+, a través de “plantear una división entre los sujetos nacionales gais, homosexuales que se alinean con los intereses imperiales y las formas de disidencia queer consideradas ilegítimas”, explica la autora. El homonacionalismo, además, utiliza el racismo como combustible, una de las estrategias favoritas de la extrema derecha.

Peter Thiel, cofundador de Paypal y fundador de Palantir, es uno de los magays. / KIM KULLISH (GETTY)

El último ejemplo ha sido con la guerra en Irán iniciada por EE UU e Israel. Entre todos los argumentos que ha utilizado Trump para intentar justificar el ataque, también ha aparecido el homonacionalismo: “Apoyamos a los gais, pero ellos [Irán] arrojan a los gais desde los edificios”. Esta frase del ultraconservador ha inundado la retórica de los republicanos estadounidenses, así como la de la extrema derecha global (y en ocasiones también la de los conservadores menos radicales).

‌En Irán se persigue la homosexualidad ―aunque Grindr no está vetado, a diferencia de otras redes sociales/sexuales― y se ha castigado a personas del colectivo con penas de cárcel, castigos físicos, como la flagelación, o incluso se los ha condenado a muerte. El régimen teocrático iraní es pesadillesco para las personas LGTBIQ+. Eso no quita para que, desde su segundo advenimiento a la presidencia, el Gobierno de Trump esté imponiendo recortes en los derechos duramente conseguidos por el colectivo a lo largo de años. La retórica de Trump sobre la protección de las personas LGTBIQ+ del régimen de los ayatolás contrasta marcadamente con sus políticas lgtbifóbicas.

Es una maniobra para presentarse como defensores de derechos a la vez que se invisibiliza la violencia que se produce contra el colectivo, muchas veces en nombre del patriotismo o de una supuesta protección de la infancia. Puar denuncia esa postura “cómplice” de gais, lesbianas y feministas conservadores con la guerra, el terrorismo y las políticas de inmigración.
En España, el líder de Vox, Santiago Abascal, ha afirmado en alguna entrevista que “llegará el momento en que la mayor parte de los gais españoles votarán a Vox”. Estas afirmaciones también tienen una base homonacionalista, pues intentan presentar a la formación ultra como garante ante la supuesta amenaza de la migración, concretamente de los migrantes originarios de países musulmanes.

A la vez que se dibuja como protector de la diversidad, Vox no deja de atacar a las personas LGTBIQ+ españolas. Hace un año, una sucesión de propuestas anti LGTBIQ+ iniciaron su tramitación en siete parlamentos autonómicos. Todas fueron propuestas por Vox. La amplia mayoría de proposiciones del partido de extrema derecha ―seis de ellas― reclamaban derogar las leyes regionales LGTBI+ y trans, uno de los instrumentos clave para asegurar la no discriminación, pues las comunidades gestionan áreas tan importantes como Educación o Sanidad.

‌Aunque decayeron, en dos comunidades sí que cristalizaron los recortes. La primera, en Madrid, donde el PP gobierna con mayoría absoluta. La otra, Valencia, donde los populares necesitan a los ultras para sumar mayoría. Ambas propuestas de recortes han sido llevadas al Constitucional por el Gobierno central. (En el caso de Madrid, se paralizaron la mayoría de modificaciones, mientras que para los cambios en la normativa valenciana aún no hay dictamen).

La bandera arcoíris junto a una de España, dos enseñas que apasionan a los homofachas.

“Las personas LGTBIQ+ no somos una burbuja dentro de la sociedad”, apuntaba la presidenta de la Felgtbi+ en la presentación de la encuesta sobre el voto del colectivo. Hablaba sobre cómo ser parte del colectivo intersecciona con otras realidades como la clase, el género, la familia, el lugar de origen o de residencia.

“Lo queer no es una identidad única o exclusiva, por lo tanto, las personas del colectivo no pueden tener una posición política homogénea”, constata Jasbir K. Puar en su libro. La autora considera que la heteronormatividad, que ha servido de base al Estado nación, ha empezado a expandirse hacia el colectivo LGTBIQ+ a través de una ideología homonormativa y homonacionalista, que busca reproducir ideales excluyentes basados en la clase, el género o la etnia: “Se busca crear un sujeto queer adecuado, correcto”. Se busca el buen queer.

¿Se puede ser LGTBIQ+ y apoyar a partidos que defienden el recorte de derechos? Claramente, se puede. Tampoco sería la primera vez que ocurre en la historia.

Cuando Hannah Arendt escribía sobre el Holocausto, denunció que hubo judíos que colaboraron con el nazismo. Las críticas de la imprescindible pensadora, que no pierde vigencia en el siglo XXI, se centraron en los Consejos Judíos de los países controlados por la Alemania nazi y a los que perfiló como “colaboracionistas”. Para Arendt, estos organismos fueron clave en el asesinato de miles de judíos al entregar a los nazis el registro de sus congregaciones, pensando que así se salvarían del antisemitismo. (En su libro La conjura contra América, Phillip Roth lo relata muy bien; también hay una miniserie interesantísima al respecto que en España se puede ver en Movistar+).

Creyeron que su estatus, su clase, doblegarse ante los ultras y dejar de lado a parte de sus semejantes les iba a aportar beneficios. No fue así. Tampoco será así para los homofachas.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

ANTES DE HABLAR...

 

lunes, 16 de marzo de 2026

CABECERAS

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

EL PP GANÓ, SÍ, PERO CON SÓLO 3 ESCAÑOS DE DIFERENCIA


Castilla y León no deja de ser un fiel reflejo de la polaridad que vivimos ahora en España. Los resultados de las elecciones de ayer dan la victoria al PP, con 438.096 votos y 33 escaños (el 35,47% de los votantes), seguidos por el PSOE con 379.703 votos y 30 escaños (el 30,74% de los votantes). Ambos partidos han sumado dos escaños más.
Detrás queda VOX, con 233.757 votos y 14 escaños (el 18,92% de votos).
El resto ya con significativamente menos votos y escaños, desapareciendo Podemos del panorama. El absurdo partido "Se acabó la fiesta" (SALF) obtuvo casi el doble que los votos de Podemos y más del triple que PACMA. Al partido de Abascal los votos a SALF le han salido muy caros.
Todo esto da que pensar, y mucho. Los dos grandes partidos están casi a la par, pero con VOX la derecha + ultraderecha tiene la posibilidad de gobernar. Claro está que una alianza europeísta del PP + PSOE en España es impensable; para nuestros políticos lo importante es gobernar, no el bien de los ciudadanos.
Resumen: gana el PP pero para gobernar la llave la tiene VOX. ¡Yupiiiii!

domingo, 15 de marzo de 2026

π


Se conocen como Día de Pi dos celebraciones en honor del número π: el "Día Pi” y el “Día de aproximación de Pi”. Esta celebración fue una iniciativa del físico Larry Shaw, en San Francisco (California), y ha ido ganando en popularidad, hasta el punto de contar en 2009 con una resolución favorable de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, en la que se declaraba oficialmente el 14 de marzo como Día Nacional de Pi.
Por la forma en que se escribe la fecha en la notación empleada en Estados Unidos, el 14 de marzo (3/14)​ se ha convertido en una celebración no oficial para el “Día Pi”, que ha derivado de la aproximación de tres dígitos de pi: 3,14.​ Habitualmente, la celebración se concentra a la 01:59 pm (en reconocimiento de la aproximación de seis dígitos: 3,14159),​ aunque algunas personas afirman que en realidad son las 13:59, por lo que lo correcto sería celebrar a las 01:59 am.
Matemáticos de varias escuelas del mundo organizan fiestas y reuniones en esta fecha. La fecha se celebra de maneras muy diversas: algunos grupos se reúnen para discutir y comentar sobre la importancia de pi en sus vidas, intercambiar anécdotas o teorizar cómo sería el mundo sin el conocimiento de pi.​ Otros grupos se reúnen para ver la película de culto, Pi, fe en el caos/Pi, el orden del caos, de Darren Aronofsky, que habla acerca de este número y también del número phi.​ También es frecuente comer tartas con motivos sobre π; otro juego de palabras, pues en lengua inglesa, tanto pi como pie (tarta) tienen idéntica pronunciación.

MORGAN




AIRE