sábado, 24 de enero de 2026

MDH


Parece que llega el día de mi desconexión profesional y mañanera, ya sabemos que el tiempo es inexorable y que acaba pasando lo queramos o no. El próximo viernes ya seré libre y ya la palabra lo dice todo, no añado más por ahora, tiempo habrá para seguir colocando piezas y ver cómo va quedando el puzle.

Una semana llena de cosas, aviones incluidos. Visitas de obra en El Hierro -siempre un placer la visita-, ópera, amigos, familia, reuniones, moto, desayunos, lluvia y hasta un correo de última hora de los que hacen historia (negra, pero historia). Queda demostrado, una vez más, que la cicatería es de los defectos más feos que hay. El límite del mezquino es ilimitado, valga la fea redundancia; ante el vicio de pedir, la virtud de no dar. Muy rico nuestro idioma para poner los puntos sobre las íes: avaricia, miseria, roñería, ruindad, sordidez, tacañería...

Ya en casa, desplegado el puente de plata, continúo con mi intención de no escribir de política durante este mes que da comienzo el año, para hacerlo con buen pie, el izquierdo siempre. Aunque una cosa es escribir y otra muy diferente leer. Imposible no ver los periódicos cada mañana y lo mismo no tragar sapos al hacerlo, pero así es la vida y no hay más remedio para conservar la cordura. 
Poco optimismo, la verdad, tras la lectura.
Una solución fácil y equilibradora puede ser darse un paseo por las presas de Gran Canaria, a rebosar, o imaginarse preparando berenjenas al horno rellenas con lentejas, tomate y ricotta. Me voy al súper en un rato, esta tarde-noche tenemos invitados y quiero tener preparado algo de picar: queso rico rico y jamón, por ejemplo; las berenjenas las dejaré para otra ocasión.

¿Y la ópera? Pues me gustó, las tres. Tanto la mezzo como las sopranos estupendas, el coro muy bien, la orquesta siempre a la altura y en esta ocasión un ballet muy resultón. Ópera corta, -no llega a la hora y media-, bonita de escuchar y donde el director de escena mezcló a los bailarines con el corro dándoles gran importancia durante toda la representación. La puesta en escena, denuda completamente, se resuelve mediante un plano gigante blanco que se desplaza paralelo al escenario y que, además, sirve de pantalla. Los personajes se mueves por el escenario mientras ballet y coro hacen lo propio. No obstante, creo que el coro cobra demasiada importancia en el desarrollo y que tanto minimalismo ensombrece ligeramente a los protagonistas. Obviamente, el minimalismo ha llegado para quedarse.

Feliz fin de semana, a pesar de todo.

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