Me levanto de la cama a las 8:30h, todo un récord conociendo lo conocido, con el despertador apagado desde que empecé las surrealistas vacaciones de este año ¿o debo nombrarlas como las del año pasado? Sea como sea, agotado el ecuador de ellas, sigo aquí, en el inexorable curso del tiempo hasta esta nueva etapa vital.
Y no está resultando fácil la cosa, todo lo contrario. En mi trabajo que dejo no cesan en enviarme notas, mensajes e incluso nuevos expedientes como si nada hubiera cambiado y es justo todo lo contrario. Sabido es que aún resuelvo algunas cosas cada mañana temprano -quiero irme con la conciencia tranquila-, y como las noticias vuelan, parece que se agarran a un clavo ardiendo por si lo mío es una pataleta. No han entendido nada.
Intento estar a la altura, respondo calmado, pero de nada sirve. Sólo el tiempo, como en tantas cosas, podrá calmar las aguas y colocar las piezas en su sitio.
Me cuesta también lo del parón político, lo de no escribir sobre lo que acontece me resulta casi insoportable; ¿cómo permanecer impasible ante lo que está ocurriendo el el mundo? ¿Cómo no estremecerse cada mañana temerosos de leer las portadas de los periódicos? Llego a pensar que está siendo peor el remedio que la enfermedad. Todo ha llegado a un punto tan extraño -y únicamente vamos por el año 1, quedan 3 más- que acabaremos perdiendo la capacidad de asombro ante lo que podamos llegar a ver. Son tantas las preguntas que se van acumulando que empiezan por "¿Y sí..."? Cualquier respuesta da miedo, o por segura o por imposible y absurda. Pensábamos que ya estaba todo escrito, todo visto, pero craso error, la Historia se escribe cada día y siempre puede regalarnos alguna sorpresa. Muerto el perro se acabó la rabia, decían. Pero no nos engañemos, ahora hay tantas razas de perros que tendremos jauría para rato.
Hablando ayer con mi amigo P, que me comentaba algo sobre la actualidad Europeodanesa, acabé diciéndole que sentía esto, sobre todo, por su hijo de 9 años. ¿Qué mundo les vamos a dejar a ellos?
Hoy es domingo, un día para estar relajado y, como niños en el asiento trasero de un viejo FIAT-125, escuchar de fondo el sonsonete de Radiogaceta de los deportes mientras la cabeza da golpes con la frente en el cristal para no dormirse. Claro que igual lo bueno sería dormirse y despertar al llegar a casa... pero ¿qué casa?
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