Ésta no es una película amable. Uno sufre con el protagonista por el giro que da su vida, por lo que tiene dentro, hasta el final. El director da una de cal y otra de arena ¿o es de cal también? Qué triste la vida de un anciano en una residencia de ídem, solo y en el armario, alejado de su mundo, amargado por las nuevas circunstancias. Nos recuerda que nos hacemos viejos y, a pesar de que la residencia era todo amor (quizá una visión un tanto idílica de ellas), uno no deja de meterse en el papel y de imaginar cómo sería un futuro tan triste.
Repito, ésta no es una película amable. ¿O tal vez sí?
PD. Un consejo que me da mi tío residenciado: "reúne lo suficiente para que, cuando envejezcas, seas tú el que hable con el médico y no él contigo".
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Franco Batiato, *La stagione dell'amore.
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