Me doy un salto al supermercado hoy, mi primer día de libertad ayuntamentil, para comprobar dos euromillones pendientes (no somos ricos, lo siento), poner otros dos, de dos apuesta cada uno, para avituallarme de un par de cosas que necesito. Lo intenté ayer por la tarde, serían las 17:30h más o menos, y no cabía un coche en el aparcamiento, por lo que acabé tirando la toalla. Siempre me he preguntado qué atracción tienen los centros comerciales, más aún éste, que es feo. Algo se me escapa.
Hoy me desperté a las 7 y aguanté en la cama hasta las 8, un buen comienzo. Abrí el periódico para leer las locuras que nos depara el mundo esta mañana, y aproveché para darme de baja los chats corporativos en el móvil, otros dos puentes quemados; yo con tanto boato nostálgico y ellos igual pensaron: a enemigo que huye, puente de plata. A saber.
Hoy Van Morrison como fondo musical y ya sentado frente al ordenador para poner al día los tres proyectos en los que andamos y que espero entreguemos a principios del nuevo mes. Ya en febrero, en un abrir y cerrar de ojos se nos plantan los Carnavales y la Semana Santa. Y hace poco celebrábamos la Navidad. Einstein y su dichosa teoría de la relatividad que siempre se cumple.
Pues saliendo del súper hace un momento, junto a mí caminaba una pareja de mediana edad (¿rondarían los 40?), cuando ella le dice a él: ¿y por qué no "te buscas" una baja? Así en vez de cuatro semanas trabajas 3. Obviamente ignoro el contexto, pero me llamó la atención la frase. Así somos, pensé.
Cumplo como un caballero con palabra aquello de no escribir de política, por lo menos hasta que se acabe enero, aunque he de reconocer que no es mala terapia; escribir, como hablar, no deja de ser verbalizar un hecho y tenerlo presente. Este mes leo, sufro e intento pasar página a cosas menos dolorosas. Noticias como la vajilla "mapache o arquitecto romano" me reconfortan. Ya lo dijo Mies, menos es más.
Como despedida y para celebrar este nueva vida, qué mejor que hacerlo con literatura. Éste es el penúltimo libro que ya forma parte de mi biblioteca -siempre habrá otro/s después-, "Libro del desasosiego" de Fernando Pessoa. He aquí su "argumento": compuesta por reflexiones, aforismos y breves prosas atribuidas principalmente a Bernardo Soares, un ayudante de contable en Lisboa. El libro no cuenta una historia, sino que explora un estado de ánimo: el desasosiego. A través de una mirada introspectiva y melancólica, el narrador reflexiona sobre la soledad, la identidad, el tedio cotidiano, el sueño frente a la acción, y la imposibilidad de vivir plenamente. La realidad exterior (la oficina, las calles de Lisboa, la rutina) sirve solo como telón de fondo para una vida interior intensa, obsesiva y autoconsciente. El libro propone una forma de existencia basada en la contemplación, la renuncia y el desdoblamiento del yo, donde imaginar y sentir sustituyen a actuar. Es, en esencia, un diario del malestar moderno, de la lucidez excesiva y de la conciencia como fuente de sufrimiento.
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Van Morrison, *Snatch it back and hold it.
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