Arturo Pérez-Reverte: “Me quedan 5 o 6 años de vida, pero tengo el privilegio de estar asistiendo al final de un mundo, el final de occidente, de Europa”
Pérez-Reverte sostiene que Europa ha dejado de ser el referente que fue y cree que el continente atraviesa una transformación histórica difícil de frenar.
Silvia López. 08.09.2026
Arturo Pérez-Reverte nunca ha escondido que mira la vida con cierta distancia y que el paso del tiempo no le asusta especialmente. A sus 74 años, el escritor habla incluso de la muerte con una naturalidad poco habitual. “No sé qué me queda de vida, cinco o seis años, tres, como mucho. Tampoco quiero ir más allá”, confesó durante una entrevista con 'La Nación'. Pero lo que más le interesa de ese tiempo que cree tener por delante no es tanto cuánto durará, sino lo que está viendo ocurrir a su alrededor. Pérez-Reverte considera que está asistiendo a un cambio histórico profundo.
“Tengo el privilegio de estar asistiendo al final de un mundo, el final de Occidente, de Europa”, aseguró. Para él, observar cómo se transforma aquello que durante siglos pareció inmutable resulta, además de inquietante, profundamente interesante.
El escritor fue especialmente crítico al hablar del presente del continente europeo. Según su visión, Europa fue durante siglos una referencia cultural, política y moral para buena parte del mundo. “Europa hubo un tiempo, y duró mil o dos mil años, en que fue una luz. Europa fue el referente moral, todo el mundo quería imitar Europa”, afirmó. Sin embargo, considera que esa etapa ha terminado.
“Europa ha perdido su influencia moral en el mundo, porque no la merece. Por culpa de ella, de Europa misma”, señaló. Para Pérez-Reverte, el problema no es que Europa haya perdido únicamente peso político, sino también la autoridad cultural y moral que durante mucho tiempo creyó tener.
Su diagnóstico es duro. El académico sostiene que Europa conserva una historia cultural extraordinaria, pero que buena parte de ese legado se ha convertido en algo más cercano al decorado que a una fuerza real. “Ha quedado un decorado bellísimo, una historia cultural rica”, explicó.
Incluso llegó a definir Europa como “un parque temático para turistas”. Pérez-Reverte pone ejemplos muy gráficos, como los turistas que se fotografían frente al acueducto de Segovia o el Vaticano. Para él, esas imágenes representan una Europa que conserva sus monumentos, pero ha perdido parte de aquello que la convirtió en referente.
El escritor interpreta este momento desde una mirada muy ligada a la historia. Ha leído durante toda su vida sobre imperios que parecían eternos y que acabaron desapareciendo. Roma, el Imperio español y otras grandes civilizaciones forman parte de ese bagaje con el que intenta leer lo que ocurre ahora.
“Cuando uno lee la historia de Roma o la historia del Imperio español, te das cuenta de que se van cumpliendo los mismos parámetros, los mismos pasos”, explicó. Desde esa perspectiva, figuras como Donald Trump o Vladímir Putin no serían para él el origen de todo, sino síntomas de un proceso más amplio. “Trump es un síntoma, como lo es Putin. Todo es un síntoma”, aseguró.
En su paso por Buenos Aires, Pérez-Reverte volvió sobre esta misma idea durante un encuentro con lectores. “Tengo la fortuna intelectual de ver cómo se acaba un mundo”, dijo.
No habla solo desde el pesimismo. También existe en él una curiosidad casi histórica por observar desde dentro lo que considera un cambio de civilización. “Ver cómo se va desmoronando todo lo que parecía inmutable desde hace veinte siglos es un espectáculo interesantísimo”, afirmó.
Pérez-Reverte también reconoció sentirse cada vez más distante de la sociedad actual. “Estoy cansado, es difícil de explicar porque no es pedantería ni estar por encima, sino que te sientes cada vez más fuera”, admitió. El escritor explicó que su formación está anclada en una tradición cultural muy concreta.
“Yo vengo del siglo XIX y vengo de una biblioteca que tiene que ver con los griegos, los latinos, los romanos, Dante, Cervantes, Montesquieu, Galdós, Dostoievski, Borges”, enumeró. Ese bagaje, según él, influye profundamente en su manera de mirar el presente y también explica por qué le cuesta sentirse identificado con algunos cambios culturales.
Su pasado como reportero de guerra también aparece en su manera de entender la vida. Pérez-Reverte ha explicado que aquellas experiencias le dejaron una especie de “estoicismo frente a la adversidad”. Haber visto situaciones límite le permitió asumir que la estabilidad nunca es definitiva y que la historia puede cambiar de manera brusca.
“La historia no cambia, la historia hace crac y pita una historia nueva”, resumió. Para él, el problema está en que muchas sociedades occidentales han perdido parte de las herramientas culturales que ayudaban a comprender esos procesos. Su propia muerte no parece preocuparle tanto como una mala agonía.
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