domingo, 12 de julio de 2026

VESTIDOS DE BLANCO VIRGINAL


A salvo de los otros
Juan José Millás, 12.07.2026

Dos hombres vestidos de blanco levantan un colchón. Un colchón viejo, manchado y deformado por el peso y la pena de un cuerpo ausente. Veo, al mismo tiempo que el objeto, la huella de quien lo habitó. Miro una silla vacía y veo al que se sentaba en ella. Veo una percha desnuda y veo la chaqueta omitida, veo un ataúd desocupado y veo al muerto huido. Según ciertas tradiciones orientales, el vacío está lleno. Solo hay que ejercitar la mirada para verlo.

Debajo del puente había una porción de mundo, en fin, un microcosmos. Un colchón, una manta, unas bolsas, una naranja, una fotografía, una navaja, un cepillo de dientes, un periódico antiguo. Cosas de las que se nutre la identidad. Somos una acumulación precaria de cachivaches, de recuerdos, de hábitos… Pienso en la persona que dormía allí, en su manera de existir, en la costumbre de acostarse cada noche bajo esa masa de hormigón. En el modo en que habría aprendido a reconocer los sonidos del puente, las vibraciones del tráfico, la temperatura del amanecer. Uno termina formando parte de los lugares que habita y los lugares terminan formando parte de uno.

Por eso la instantánea me produce una extraña sensación física. Los operarios del Servicio de Limpieza Urgente de Madrid, enviados por el cruel alcalde, están desmontando una conciencia, desmantelando una instalación levantada contra la barbarie de la realidad. La fotografía duele porque reconocemos en ese colchón una versión extrema y desprotegida de todos los colchones sobre los que la humanidad viene, desde el principio de los tiempos, intentando pasar la noche a salvo del otro, de los otros.

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