En un contexto en el que es complicado encontrar un hueco para quedar, darle un espacio en la agenda ayuda a proteger ese tiempo y la recurrencia contribuye a hacerlo frecuente.
Ana Bulnes, 06.05.2026
Todos los jueves, Tamara (40 años) queda con unas amigas. Es una costumbre que empezó en 2012 gracias a una biblioteca, donde algunas estudiaban oposiciones y otras las últimas asignaturas de la carrera, y que se ha mantenido a lo largo del tiempo y de los cambios vitales de las participantes, que ahora tienen entre 38 y 43 años. “En esos jueves se ha pasado de hablar de estudiar y primeras entrevistas de trabajo, a hipotecas, rupturas, hijos, vivir fuera, volver…”, relata.
La entrevistada es muy defensora de tener en la agenda una cita recurrente y regular para encontrarse con las amistades, algo que mantiene de forma mensual también con sus amigas de toda la vida. En ese caso, empezaron hace cosa de año y medio, porque se dieron cuenta de que, siempre que intentaban quedar, si solo podían hacerlo dos o tres, lo dejaban para otro día en el que estuviesen más. “Y al final ese día no llegaba”, señala. Una de sus amigas, que tiene “dos niñas y una agenda apretada”, propuso intentar “hacer una quedada mensual, donde se fija la fecha el día que más podamos, y las que sean, pues hacen comida, cena o lo que surja”.
Tamara recomienda el truco cada vez que oye hablar a alguien sobre lo complicado que es encontrar tiempo para quedar con los amigos (“a veces parece que hay falta de interés, pero lo que hay es falta de planificación”, sostiene), un problema que, en un mundo lleno de obligaciones y compromisos, parece cada vez más frecuente. Según los resultados de un estudio de 2024 (en Estados Unidos), la mayor parte de los encuestados estaba contenta con la cantidad de amigos que tenía, pero cerca del 40% decía que no los veía lo suficiente. En España, según datos del CIS, una cuarta parte de la población queda con amigos una vez al mes o menos. Como recuerda Rocío Gómez Juncal, profesora del Grado de Psicología e investigadora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), las relaciones sociales con otras personas “son una de las patas de nuestro bienestar, pero es algo que estamos procrastinando cada vez más porque tenemos compromisos de todo tipo”.
La estrategia de tener una cita recurrente en el calendario —como la del gimnasio o cualquier otro tipo de tarea a la que hayamos asignado su espacio fijo en la agenda— no debería ser necesaria, pero puede resultar útil como solución. “Lo ideal sería no tener que recurrir a una estrategia porque ya ves a tus amigos lo suficiente”, aclara Gómez Juncal, que alerta también del peligro de convertir la amistad en “una obligación más”. Sin embargo, si se hace desde el disfrute, si eso funciona para ver a las personas a las que se quiere ver, sí que hay muchos beneficios. “Pero no solo un día al mes. Necesitamos contactos diarios con diferentes personas”, aclara la experta.
En una entrega de su newsletter que se hizo viral a principios de 2025, titulada Todo el mundo se siente solo, pero nadie puede quedar, la escritora Amanda Litman contaba cuál era el propósito que ella y su marido se habían propuesto para ese año: todos los sábados que estuvieran en la ciudad, invitarían a alguien a cenar a casa. En este caso, no se trataba de una cita recurrente con las mismas personas, sino de un compromiso con intentar priorizar las relaciones y ampliar su círculo social. En diciembre, a falta de dos sábados para finalizar el año, hacía balance: en las 50 cenas que llevaban, habían pasado por su casa 78 adultos y 40 niños. Eran amistades cercanas, colegas de sus respectivos trabajos, vecinos, amistades del pasado, personas a las que habían conocido a través del colegio de su hija… Como habían reservado ese tiempo (y esa planificación semanal), incluso cuando alguien cancelaba a última hora, intentaban invitar a otra persona y tener igualmente esa cena. Normalmente, lo conseguían.
La importancia de las prioridades
¿Por qué a veces parece que es más fácil ir a esa clase a la que nos hemos apuntado en el gimnasio todos los jueves que quedar con una o varias amigas? “El cuidado del cuerpo es un camino que está mucho más estructurado y que además no depende de otros, es un compromiso individual con uno mismo, mientras que la amistad tiende a ser mucho más flexible, implica la búsqueda del vínculo y del tiempo compartido, no es algo que yo pueda hacer sola”, explica la doctora en Psicología Marta de Prado. Además, frente a la narrativa de disciplina y objetivos que rodea el mundo del deporte, donde puedes sentirte peor si faltas un día, “los planes con los amigos sentimos que son algo más negociable”. Por esta razón, y siempre con ese cuidado de no imponer una obligación, ella sí ve la idea de ponerse citas recurrentes en la agenda como algo bueno. “Está bien tener una cierta estructura. Lo que se hace es, de alguna manera, entenderlo como parte de un ritual, como un espacio que vamos a proteger como tantos y tantos espacios que protegemos a lo largo de nuestra vida”, apunta. Pero si reservamos ese espacio, “que sea porque me apetece”.
También la psicóloga Laura Moreno, que entre sus servicios ofrece terapia para amigas, lo ve como una buena idea. “La amistad a veces se queda para cuando sobre el tiempo, pero en realidad es un factor esencial para nuestra salud emocional. En la vida adulta funcionamos mucho con agendas y poner esa fecha fija no le va a restar espontaneidad, lo que va a hacer es darle continuidad. Es una forma de decir ‘este vínculo es una prioridad’”, asegura.
Sin olvidar tampoco que podemos tener épocas en las que nos apetece menos estar con gente o con determinados amigos, se trata, en cierto modo, de replantearnos cuáles son nuestras prioridades, defiende Gómez Juncal. “Cuando de repente sabes que un amigo enfermó o ha tenido un accidente, encuentras huecos enseguida”, ejemplifica. De esta urgencia (también en lo positivo, cuando un amigo tiene un bebé, por ejemplo) habla también Marta de Prado, que reivindica extender esa actitud a ocasiones menos puntuales. “La vida tenemos que poder disfrutarla desde lo que más nos conecta. No solo desde la parte individual, sino también en la parte colectiva, y sacar huecos para eso. Entender la vida de una manera en que la agenda tenga espacio para todo lo que te define, no solo para lo que define tu cuerpo y tu trabajo, sino también para lo que define tus vínculos”, señala.
Superar los obstáculos logísticos: trabajo, cansancio, distancias
Tamara admite que, si esa quedada semanal con amigas se ha mantenido desde 2012, es, en parte, porque vive en Vigo, una ciudad de un tamaño manejable. “Te puedes pasar por donde están si vas a hacer un recado. O, si tienes a las niñas durmiendo la siesta, escaparte una hora, que ya ha pasado”, cuenta. No es lo mismo que si dedicas dos horas de cada día a ir y volver del trabajo o si todos esos amigos viven en puntos opuestos de una ciudad con distancias menos cómodas.
Otro obstáculo es el simple ritmo de la vida actual, que hace que se llegue con poca energía al tiempo de ocio —en ocasiones ya muy escaso— y se cancelen planes no porque no se tenga tiempo, sino por puro agotamiento. Frente a esto, cuando sea posible, Rocío Gómez Juncal, de la UNIR, recomienda intentar organizarse el día dejando “tiempo para los ‘por si acasos’”. “Normalmente nos organizamos los días sin dejar ni 30 segundos entre tarea y tarea. Pero tenemos que plantear una planificación más realista”, expone.
También habría que intentar acabar con la idea de intentar convertir ese encuentro en algo largo o perfecto. “Puede ser un café de 40 minutos, puede ser una caminata o una videollamada fija”, propone Laura Moreno para salvar también el obstáculo de la distancia. “No es tanto el formato, sino que se pueda ir haciendo”. En este sentido, recomienda también, cuando no se puede hacer un hueco, “buscar un poco el tiempo donde ya se tiene, integrar la amistad en la rutina: quedar después del trabajo, entrenar juntas, hacer la compra charlando. Intentar encontrar esos pequeños espacios que puedan ser comunes y darles esa prioridad y regularidad, cada semana o cada diez días o una vez al mes”. Incluso una llamada de cinco minutos, cuando no se puede quedar en persona, ayuda a mantener la amistad y esos vínculos sociales diarios que son necesarios para la salud, añade Gómez Juncal.
Dejar de esperar el momento ideal, especialmente cuando se intenta quedar en grupo, es muy importante, señalan tanto las expertas como, desde su propia experiencia, la propia Tamara. “Lo clave es poner fecha con algo de previsión y quedar igual ese día, puedan cuatro o puedan diez, porque si esperas a que puedan todos nunca se queda”, aconseja.
Quizá toque sacar las agendas, encontrar ese día con hueco o posibilidad de juntarse o comunicarse y marcar la casilla de “repetir cada semana” (o cada dos semanas o cada mes). Ya solo queda tratar ese compromiso como si fuera una cita médica o una reunión de trabajo, pero con el alivio y la alegría de que es algo mucho mejor.

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