martes, 5 de mayo de 2026

OTRA ENTREVISTA OPTIMISTA


Gabriel Rabinovich, bioquímico: “Mi sueño es no tener que decirle a ningún paciente que no hay nada que hacer”
El científico argentino, descubridor de unos interruptores moleculares que regulan la respuesta inmune, es uno de los investigadores sénior del nuevo centro de investigación CaixaResearch Institute de Barcelona.
Jessica Mouzo, 05.05.2026

Todo empezó en la retina de un pollo. La carrera del bioquímico Gabriel Rabinovich (Córdoba, Argentina, 57 años), descubridor de una especie de interruptores moleculares que regulan el sistema inmune, dio sus primeros pasos ahí, aprendiendo en un laboratorio de química biológica, poco después de graduarse, a fabricar anticuerpos en conejos contra proteínas de la retina del pollo.

No era ese, ni de lejos, el camino profesional que había dibujado en su mente, fascinada desde la universidad con la inmunología. Pero llegó tarde a coger plaza en el laboratorio donde quería hacer la tesina y terminó en otro “al final del pasillo” donde experimentaban en la retina del pollo. Esa carambola le acabó “salvando la vida”, cuenta ahora: ahí conoció a su primer mentor y cimentó las bases de lo que sería un largo y fructífero noviazgo científico con las galectinas, las proteínas que han marcado su carrera.

Rabinovich descubrió las funciones de la galectina-1. Lo llamó “el dulce caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde”: por un lado —la cara—, esta proteína ayuda al sistema inmune a volver a la normalidad después de reaccionar contra una amenaza porque es capaz de apagar la respuesta de los linfocitos cuando ya no hay peligro; pero, por otra parte —la cruz—, también esta molécula es usada por los tumores como un mecanismo de contraataque para matar y deshacerse de los linfocitos y evadir la respuesta inmune. El hallazgo, a principios de los 2000, fue revolucionario y abrió un camino para explorar nuevas terapias en enfermedades autoinmunes y cáncer.

“El sistema inmune tiene que tener un delicado equilibrio. En determinadas situaciones patológicas se va para un lado o para otro. Entonces, hay que sintonizarlo”, subraya el científico. Su fascinación por la inmunología palpita en cada palabra.

Tres décadas después de aquellos primeros experimentos con retinas de pollo y conejos, Rabinovich sigue a vueltas con la galectina-1, preparando experimentos para modular ese interruptor molecular en enfermedades como esclerosis múltiple o cáncer. El bioquímico se incorporó el año pasado al CaixaResearch Institute de Barcelona, un nuevo centro de investigación especializado en inmunología impulsado por la Fundación La Caixa e inaugurado oficialmente hace apenas dos semanas. El científico atiende a EL PAÍS en las novísimas instalaciones del centro, a los pies de la montaña de Collserola.

Pregunta. ¿Esa doble cara de algunas moléculas, ese Doctor Jekyll y Mister Hyde, pasa a menudo con el sistema inmune?
Respuesta. Constantemente. Ninguna proteína es mala o es buena. Galectina-1 es solo un ejemplo de lo que sucede: los mecanismos que frenan las enfermedades autoinmunes son cooptados por tumores y microbios como estrategias de evasión, para poder escaparse. Nada es 100% bueno o malo. Todo depende del contexto. Dime con quién andas y te diré quién eres: dependiendo del escenario y los otros actores que están en él, las proteínas juegan un rol.

P. Su investigación aspira a diseñar terapias para tumores resistentes a la inmunoterapia. Esta estrategia terapéutica ha sido revolucionaria, pero no funciona en todos los pacientes ni tipos de cáncer. ¿Cómo interpreta esto?
R. La inmunoterapia fue revolucionaria. Ha logrado mejorarle la vida a mucha gente. Pero en esta modulación del sistema inmunológico, hay muchas variables y necesitamos propuestas alternativas multifuncionales, porque el tumor tiene múltiples formas de escaparse. A mi criterio, las galectinas cumplen un rol, que va a aumentar las posibilidades a pacientes resistentes. Mi sueño más grande es que nunca más haya que decirle a un paciente que no hay nada más que hacer y que cada vez tengamos más cosas para ofrecerle.

P. ¿Es realista ese sueño?
R. Es una utopía. Yo no sé si sucederá, pero sí me gustaría generar oportunidades, aunque sea para un conjunto de pacientes que vean en las terapias con galectinas o antigalectinas alguna salida para su enfermedad.

P. En 2014 dijo que en 20 años el cáncer sería una enfermedad crónica. Le quedan ocho.
R. Es muy difícil hacer futurismo. Lo que quise decir es que con la inmunoterapia algunos tumores se iban a cronificar y eso ha sucedido. En muchos hasta pudimos empezar a hablar de curación. Cuando yo empecé a trabajar en inmunooncología, esa palabra estaba prohibida. Ahora hay pacientes que entran en remisión y después de un tiempo hablamos de curación; y hay enfermedades que se cronifican porque los inmunomoduladores las mantienen a raya; no las curan, pero las controlan.
Lo más realista es decir que estamos sintonizando la respuesta de distintas enfermedades. Es mucho más que lo que teníamos hace 10 o 20 años.

P. La batalla científica contra el cáncer parece una eterna carrera entre el gato y el ratón. ¿Estamos condenados a convivir juntos?
R. El sistema inmune se acostumbró, por ejemplo, a mantener a raya a muchos patógenos, como el herpes. Sin duda, las células tumorales están todo el tiempo creciendo en nuestro organismo y las estamos eliminando: hay células transformadas que son eliminadas porque tenemos un sistema inmune competente y las estamos eliminando constantemente. Y eso es lo que va a suceder si mantenemos nuestro sistema inmune sano, competente, bien nutrido, sin exposiciones medioambientales indeseables…

P. Un poco imposible controlar todas esas variables.
R. Pero podemos prepararnos frente a amenazas que no sabemos cuándo se pueden disparar, porque no nos tenemos que olvidar que los tumores presentan una proliferación descontrolada producto de mutaciones que se generan en su mayoría al azar. El punto es que si el sistema inmune las detecta tempranamente, ni siquiera nos enteramos que lo tuvimos. El sistema inmunológico nos está ayudando en todos nuestros procesos. El tema es: dentro de lo que podamos controlar, manejarlo lo mejor posible.

P. Una de las grandes líneas de trabajo del CaixaResearch Institute será el impacto en el sistema inmune del exposoma, que son todas esas situaciones del ambiente a las que estamos expuestos. ¿Qué esperan de este vínculo?
R. Cada uno ha nacido en un determinado microambiente y el sistema inmunológico reacciona a cualquier estímulo. Desde la alimentación que cambia la microbiota y esta modula la forma en la cual va manteniendo a raya los linfocitos, hasta los contaminantes ambientales: se sabe que, frente a pesticidas y otros contaminantes, nuestro sistema inmune va deteriorándose o va cambiando, de tal modo que no nos puede defender frente a la aparición de tumores o de determinados tipos de respuestas inflamatorias o infecciones.

P. ¿El sistema inmune todavía es un misterio para la ciencia?
R. Totalmente. Hay que trascender al concepto original de que el sistema inmune es un sistema defensivo [del organismo]. Es un sistema de homeostasis o equilibrio de tejidos. Su función es mantener la fisiología de los tejidos, no solamente actuar cuando hay amenazas. Trata de modular cómo funciona nuestro sistema digestivo, nuestros riñones, nuestro sistema cardiovascular, nuestro cerebro...
Hoy se sabe que nosotros somos mucho más microbios que células humanas: en la microbiota, tenemos decenas de billones de bacterias y hongos que están todo el tiempo manteniendo a raya el sistema inmune activado, porque si no, ¿qué estímulo tendría el sistema inmune para estar patrullando todo el tiempo? Gracias a que lo mantenemos activado, lo mantenemos vivo. El sistema inmune está dando vueltas por nuestras células, por nuestros tejidos, tratando de esculpir el equilibrio de nuestros órganos. Y esa es su función fisiológica.
Los inmunólogos empezamos a estudiar desde la enfermedad; ahora queremos estudiar la salud, cómo contribuye el sistema inmune en la salud, y no solo porque nos defiende contra microorganismos o tumores, sino porque está modulando la fisiología, la arquitectura y reparación de los tejidos, el envejecimiento celular. Hay muchísimas tareas que está haciendo el sistema inmune más allá de patrullar.

No hay comentarios: