Repasaba las últimas entradas o reflexiones en mi blog, con los auriculares colocados para aislarme del bucle informativo-televisivo, que no para -he conectado una lista de reproducción en mi Spotify que se llama "Canciones que me gustan", donde paso de un aria de "Las bodas de Fígaro" a la fantástica "Ocean" de John Butler-, que suena justo en estos momentos. Aislado como estoy del mundo exterior, ilustrado de fondo por una horrorosa propaganda de una serie de época que nos llega, entre interminables anuncios de cosas que no necesitamos, las cabalgatas de Reyes y la recurrente Venezuela mon amour.
No he hecho lista de propósitos, no he tenido tiempo para esta frivolidad, pero voy a ponerme ahora mismo a ello.
Como se trata de un año de cambios, año de lluvias: menos prisas, más raíces. Ya he dicho en anteriores ocasiones que más vale estar tranquilo que tener razón, no todo debe merecer nuestra atención, no hay que emular a Atlas continuamente, no es necesario ni prudente. Informarse no debería costarnos la serenidad, cerrar la puerta al ruido es abrirla a la vida.
El verdadero cambio no llegará hasta febrero, será ese mes cuando deberé tener en mi poder el Decreto de excedencia que me desvincula sine die de la Administración, verdadero día D.
Tal vez no se trate de ignorar lo que ocurre, sino de elegir cuánto y cómo lo dejamos entrar. Quizá esta época convulsa no sea el final de nada, sino un tránsito ruidoso hacia otra forma de estar en el mundo y el futuro empiece con gestos mínimos: apagar una pantalla, elegir una conversación, volver a leer despacio, caminar entre árboles, cuidar a quienes queremos y dejarnos cuidar. Aprender a apartarnos de la mala gente, de la que intoxica, de la que vive instalada en el conflicto. Apostar por lo que suma, por lo que arraiga, por lo que da calma. El porvenir no se construye solo con grandes discursos, sino con vidas vividas con atención, afecto y serenidad, incluso -o precisamente- cuando todo alrededor parece gritar lo contrario. Defender la tranquilidad no es egoísmo: es una forma de salud y de esperanza.

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