Se terminan las Navidades, alabado sea el Señor. A Ucrania y Gaza, que siguen en el candelero, o quizá mejor en el candelabro, se le suma esta mañana del tercer día de 2026 el bombardeo en Venezuela. Poco ha tardado este nuevo año y darnos su primera sorpresa que, me temo, no será la única. "La Nada", la fuerza del nihilismo y la desesperación consume el Mundo en esta época, otrora si acaso reino de Fantasía; se ha perdido la imaginación, la esperanza y sentido del humanismo, manifestándose como un vacío devorador.
¿Qué nuevo nombre podremos darle a nuestra existencia actual que nos restablezca?
¿Bastarán elecciones generales en un buen número de países para disipar tanta nube gris cargada no de agua sino de tristeza e incertidumbre?
2026 se presenta ante nosotros como un año lleno de inquietud y cambios, deseosos de que estos sean positivos. Es tan difícil salir de la zona de confort por decisión propia que hasta que las piezas del puzle no encajan no sabremos si finalmente hemos escogido el camino correcto en el cruce. No hay baldosas amarillas, me temo, pero un cierto brillo al final sí se intuye y es éste al que debemos dirigirnos. Los que nos han dejado alimentan esa luz y los que tenemos aún a nuestro lado nos fortalecen, lo(s) demás no importa(n).
El cine nos enseña el antes y el después en un tris, pero la vida no es cine, aunque a veces lo parezca. Las habitaciones no se ordenan con magia, las obras no se acaban chasqueando los dedos.
Me temo que no hay anotación a pie de vida donde se lea "tres meses después...".


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