Reconozco que me cuesta hablar sobre esto, no precisamente por no saber qué decir sino más bien porque la rabia e indignación me hacen que las ideas se atropellen en mi cabeza. Hablo del síndrome postaborto, claro, y por ende de toda la nueva polémica impostada sobre el aborto. Erre que erre (♫ un pasito pa'lante, un pasito pa´trás ♪).
Todos, y digo todos, sabemos de alguien que conoce a alguien, si no a ella directamente, que durante los ¿olvidados? años oscuros en España abortó en Londres. Aquello era vox populi pero era una de esas cosas que se conocía y se olvidaba.
Ahora, que ha vuelto de nuevo a hablarse del asunto, en esta ocasión avalado por esa chorrada pseudocientífica (yo le quitaría a la palabra lo de "científica" directamente) inventada del nuevo síndrome -como si no tuviésemos bastante con lo que hay-, corre la derecha a proclamarla a los cuatro vientos y la iglesia (siempre en minúsculas porque le deseo lo que se merece) apuntarse rauda al carro. Esta gente, sí, la que no se calla ni debajo del agua, la misma que escupe hacia arribe una y otra vez, la que no ve la viga en el ojo propio sino la paja en el ajeno, la de los innumerables casos de pederastia. la misma con la que topamos, aún, quién lo iba a decir, en España, ¡España!
La hipocresía es tan vasta como Castilla.
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Viva Suecia, *Lo que te mereces.

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