Patrick Gilmartí y Bruno León con la bandera trans en el pico Veleta, en Granada, la cuarta cumbre más alta de España.
“Somos trans con vidas felices y queríamos contarlo”
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QueerLETTER, 14.10.2025
Estamos en pleno Octubre Trans, que desde 2009 reivindica la despatologización de las personas trans. Aunque la celebración principal es el tercer sábado del mes —el 18 de octubre está convocada una marcha en Madrid con el lema: “Desobediencia trans contra la asimilación médica y social”—, las actividades, movilizaciones o charlas dedicadas a la T del colectivo LGTBIQ+ se extienden durante todo el mes y por todo el territorio.
Para celebrarlo, Marta Villena, compañere del periódico, ha escrito un interesante reportaje para la Queerletter sobre la necesidad de un cambio en los enfoques narrativos de las historias trans. Espero que lo disfrutes.
Vidas trans y felices para luchar contra los estereotipos
por Marta Villena
Pocas veces, o quizás ninguna, la bandera trans ha hondeado tan alto en cielo. Hace unas semanas, los alpinistas Bruno León y Patrick Gilmartín se propusieron clavar la insignia rosa, azul y blanca —que simboliza mundialmente la existencia y dignidad de las personas trans— en las cinco cimas más altas de España (Aneto, Posets, Veleta, Mulhacén y Teide); varios ascensos a más de 3.000 metros por encima del nivel del mar en tan solo siete días. Una tormenta eléctrica y una estricta normativa del Parque Nacional del Teide redujeron la gesta a tres cimas en cuatro días. “Daba igual, esta aventura ya tenía desde el principio un final feliz”, cuenta Bruno León, y relata la motivación de esta hazaña deportiva: “Patrick y yo somos muy diferentes, pero tenemos una cosa en común, somos dos pibes trans con vidas felices, y queríamos contarlo [próximamente lo harán en formato documental]. El colectivo trans necesita más historias en positivo”.
Dejando atrás la despatologización —que sacó la transexualidad de la lista de enfermedades mentales en 2018— y aprobada la Ley 4/2023 para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI —conocida como Ley Trans—, uno de los retos actuales del colectivo es narrar sus propias historias. “Por supuesto, debemos denunciar los ataques que recibimos, pero estar desmintiendo continuos bulos nos quita tiempo y espacio para crear narrativas propias”, alerta Javi Vaquero, miembro de Proyecto Hortensia, un grupo de investigación que trabaja con entidades de toda España para proporcionar un cambio narrativo sobre la comunidad trans y no binaria.
Según varios informes publicados por la Federación Estatal LGTBI+ (Felgtbi+), las personas trans —que representan el 6,8% del colectivo— son a las que más les afecta el desempleo (el 15,31% de todas las siglas), las que más lgtbifobia reciben en forma de acoso (29,63%) o agresiones físicas y verbales (27,68%), y las que más abandonan su lugar de residencia por motivos de identidad (22%). Aun así, la comunidad trans está compuesta de diferentes existencias de las que es necesario hablar para romper con los estereotipos construidos únicamente desde experiencias negativas.
“Hay que tener en cuenta todos estos datos, sobre todo, para que se proteja institucionalmente a las personas trans, pero en lo que tiene que ver con la forma de comunicarnos es necesario salir de esas formas de narrarse que nos cosifican y nos victimizan sistemáticamente”, apunta Vaquero.
La familia tiene un papel fundamental. Ante las historias de abandono y rechazo —que también existen—, surgen aquellas de aceptación y cariño. “Es necesario hablar también de las familias como ese lugar del que las personas trans no huyen, sino en el que se refugian cuando las cosas fuera están complicadas”, apunta Saida García, vicepresidenta de la organización Euforia. Familias trans-aliadas. “Creemos firmemente en el poder que tienen las narrativas para la transformación social”, añade.
Trini Martínez Martínez, Natalia Aventín Ballarín, Saida García Casuso y Nahikare Bóveda González, integrantes de la Junta Directiva de Euforia. Familias trans-aliadas.
Asociaciones como Euforia han conseguido reivindicar las infancias trans tras años de activismo. “Empezamos con otra organización en 2013 y por aquel entonces parecía que no existían las infancias trans, pero pusimos de manifiesto que sí. Además, empezamos a trabajar desde una perspectiva despatologizante”, explica la presidenta, Natalia Aventín. Ella misma se embarcó en una batalla judicial de seis años [previa a la aprobación de la Ley Trans] para que a su hijo Patrick Gilmartín, menor de edad entonces, se le permitiera un cambio registral de nombre y sexo que en primera instancia le fue denegado. El Tribunal Constitucional terminó dándoles la razón en 2020, reconociendo el derecho de los menores “con suficiente madurez y en situación estable de transexualidad” a pedir el cambio de género en el Registro Civil. La actual Ley Trans establece mecanismos para el reconocimiento legal del género de los menores trans y las pertinentes modificaciones registrales a partir de los 12 años.
Para Marta Alonso, secretaria de la Felgtbi+, “es crucial no transmitir siempre una negatividad absoluta sobre el colectivo” y para ello hay que desmontar ciertas creencias como, por ejemplo, “la idea de que las existencias trans o LGTBIQ+ solo pueden ser urbanas”. Un reciente estudio publicado por la federación estatal sobre el sexilio –abandono forzado del hogar por motivos de orientación sexual y/o identidad– revelaba que el 43,3% de las personas encuestadas abandonó una gran ciudad, mientras que el 16,3% se había marchado de una ciudad pequeña y el 13,5% de un entorno rural. “Las personas LGTBIQ+ siempre hemos estado en ciudades pequeñas, pueblos, aldeas pequeñas...”, reivindica Alonso, residente en Vigo y vicepresidenta de la asociación gallega rural y transfeminista Nós Mesmas. “Es necesario mostrar más referentes”, añade.
Adri Calderón, Victoria Rodríguez y Raffaella Corrales que viven fuera de grandes ciudades. / Á. GARCÍA / P. PUENTES / J. VILLANUEVA.
Asesoradas por Proyecto Hortensia, las integrantes de Euforia se han enfocado en trascender la comunidad trans, llegar a públicos diferentes. La presidenta de Euforia habla sobre una reciente entrevista que concedieron a la sección Padres de la revista ¡HOLA!, en la que se abordaba el acompañamiento a las infancias trans. “En casos así, hay que saber ajustar la comunicación, buscar un equilibrio entre pedagogía y empatía”, relata Aventín.
“Hablar de las diferentes existencias trans sirve para mostrarse al mundo de una manera natural”, argumenta Emilio Papamija, investigador audiovisual y consultor de Proyecto Hortensia. Un estudio llevado a cabo en Estados Unidos por el Pew Research Center reveló que solo el 20% de las personas cis (aquellas que se siente conformes con el sexo y género asignados al nacer) conocían personalmente a alguna persona trans. “Eso quiere decir que el 80% se aproxima a la realidad trans a través de lo que ve en series, películas y medios de comunicación. Imagínate lo importante que es lo que se cuente ahí”, advierte Papamija.
Según el último informe del Observatorio de Diversidad en los Medios Audiovisuales (ODA), los personajes LGBTIQ+ en producciones españolas representaron el 10,11 % del total en el cine y las series. 189 personajes (de un total de 1870), de los cuales 21 eran trans y/o no binaries. Como explica Salvatore Tabone, coordinadore de investigación de ODA, para valorar la representación de estos personajes de ficción se les aplica el test de Vitto Russo “con el que deben cumplir dos criterios: uno, que sea LGTBIQA+ de manera visible y, dos, que su trama vaya más allá de eso”. Solo el 35% de los 189 personajes del colectivo lo pasaron. “Falta profundidad para los personajes LGTBIQA+ y apoyo para las producciones que apuesten por ello”, resume Tabone.
“Hablar de las diferentes existencias trans sirve para mostrarse al mundo de una manera natural”, argumenta Emilio Papamija, investigador audiovisual y consultor de Proyecto Hortensia. Un estudio llevado a cabo en Estados Unidos por el Pew Research Center reveló que solo el 20% de las personas cis (aquellas que se siente conformes con el sexo y género asignados al nacer) conocían personalmente a alguna persona trans. “Eso quiere decir que el 80% se aproxima a la realidad trans a través de lo que ve en series, películas y medios de comunicación. Imagínate lo importante que es lo que se cuente ahí”, advierte Papamija.
Según el último informe del Observatorio de Diversidad en los Medios Audiovisuales (ODA), los personajes LGBTIQ+ en producciones españolas representaron el 10,11 % del total en el cine y las series. 189 personajes (de un total de 1870), de los cuales 21 eran trans y/o no binaries. Como explica Salvatore Tabone, coordinadore de investigación de ODA, para valorar la representación de estos personajes de ficción se les aplica el test de Vitto Russo “con el que deben cumplir dos criterios: uno, que sea LGTBIQA+ de manera visible y, dos, que su trama vaya más allá de eso”. Solo el 35% de los 189 personajes del colectivo lo pasaron. “Falta profundidad para los personajes LGTBIQA+ y apoyo para las producciones que apuesten por ello”, resume Tabone.
Las personas no binarias están aún más invisibilizadas, según demuestran recientes investigaciones de Proyecto Hortensia. “Hay mucho más desconocimiento entre la sociedad y eso se refleja en burlas y descalificativos”, señala Javi Vaquero, y añade que Proyecto Hortensia también se centra en cómo comunicar las realidades no binarias.
La representación de las realidades trans y/o no binarias ayuda a reflejar necesidades que se siguen pasando por alto. “Por ejemplo, la de que los hombres trans también necesitamos asistencia ginecológica”, reivindica Emilio Papamija.
El cine y las redes sociales son un altavoz de historias trans en positivo. El director y guionista Afioco Gnecco estrenará su opera prima Este cuerpo mío –codirigido junto a Carolina Yuste– en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci, del 24 de octubre al 1 de noviembre), un documental sobre su transición. “Donde se cuenta cómo su entorno también transita con él”, apunta Papamija, amigo de Gnecco.
El documental de la gesta alpinista de Bruno León y Patrick Gilmartín no tiene fecha de estreno aún. “Es difícil encontrar apoyos económicos para producir historias así”, lamenta León. Mientras tanto, él sigue haciendo activismo desde sus cuentas de Instagram y TikTok (en las que acumula 240.000 seguidores). “En realidad, me desahogo sobre mis cosas, y, de rebote, hago pedagogía visibilizando mi existencia trans”, apunta.
En las últimas semanas, León está relatando el proceso de reproducción asistida al que se está sometiendo para gestar un bebé y convertirse en padre. “Lo estoy haciendo por la pública, en el hospital Sant Pau, de Barcelona, donde se están portando como ángeles. También quiero poner en valor que la peña LGTBIQ+ podemos embarazarnos sin necesidad de hipotecarnos de por vida”, añade.
“Sé que a mucha gente le puede estar volando la cabeza ver a un señor con bigote que dice que se va a quedar embarazado, pero te sorprendería ver la gente cis que ve y comenta mis vídeos en positivo, les estoy acercando una realidad que antes desconocían y eso es también gracias a comunicar las cosas de otra forma”, concluye León.






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