Posiblemente recordarán conmigo la emoción de salir el domingo por la mañana al kiosco cercano a comprar EL PAÍS que venía con suplemento. Yo me daba un paseo a la Rambla, me hacía con el periódico y la revista y me sentaba un buen rato en el Kiosco La Paz a leer y a tomar café conversando con los amigos recurrentes que habían tenido la misma idea.
Con la llegada de Internet y la supremacía de las noticias online la cosa ha cambiado tanto que ya ni la reconocemos. Los periódicos son ahora una extensión de las redes sociales, una suerte de Instagram, X o Facebook, donde conviven en la misma "página" la noticia del hundimiento de una narcolancha en el Caribe con la enésima crónica rosa de las memorias de Isabel Preysler. Hoy, sin ir más lejos, aparece esta señora nada más entrar en EL PAÍS por partida doble.
Nosotros, lectores comprometidos con la actualidad que cuenta, pasamos de largo ante tal notición, ¡las cartas de amor entre Vargas Llosa y la doña en cuestión! Sin desperdicio. Con más razón si la siguiente revelación nos muestra lo que acontece alrededor de los tristemente novedosos cribados del cáncer o, mejor, la falta de estos.
Siempre me he preguntado cómo las mujeres pueden votar a la ultraderecha y ahora lo hago respecto a la derecha, sin ir más lejos. Cuando la política -la mala política- es capaz de anteponer sus intereses a la salud esto empieza a ser preocupante.
No pierdo la esperanza de ver a las mujeres conservadoras abrir los ojos ante tanta falta de empatía con aquellas que han sufrido un cáncer y que han leído con estupor lo acontecido en Andalucía estos últimos meses. Yo soy muy crítico con el PSOE porque es el partido que nos gobierna ahora y discrepo en muchas ocasiones con sus decisiones, como creo que es sano; la última vez con su vergonzosa abstención en la votación de quitar la protección "cultural" a la tauromaquia, o mejor dicho abrir el debate para hacerlo. Pero lo soy más con la oposición ciega y errática. la actitud de las comunidades gobernadas por el PP ante este asunto del cáncer es, cuando menos, vergonzosa. Obviamente jamás le desearía un cáncer ni a mi mayor enemigo*, pero ¿cambiarán estas personas si les llegara una desgracia como ésta?
Triste panorama éste, para no variar.
*No sé si he contado anteriormente que, en una ocasión hace años, ya trabajando como Arquitecto Municipal, me cayó del cielo un expediente desagradable por lo sensible del asunto. Se trataba de una casa-cueva a la que, durante un temporal, de había caído encima una piedra de tales dimensiones que prácticamente había sepultado la vivienda. Ésta, segunda o tercera residencia, por lo que supe después, estaba afortunadamente vacía durante las lluvias torrenciales. El protocolo, que dirían los cursos ahora, consistía en visitar la vivienda, entrar si fuese posible, observar la realidad constructiva, tomar fotografías y hacer un informe técnico convenientemente concluido para que la Administración, en este caso el Ayuntamiento, tomara medidas. Así fue. Nos acercamos un aparejador y yo, entramos más o menos, tomamos fotos y redactamos el informe que no podía concluir sino con el precinto de la "vivienda" por peligrosidad y ruina inminente, si no recuerdo mal. La dueña, una señora de cierta edad con la que, hasta ese momento tenía una relación buena, al leer el informe notificado por los cauces normales -supongo que sería por carta, han pasado muchos años ya-, me llamó por teléfono para desearme, textualmente, "un cáncer terminal muy doloroso". Yo le agradecí sus palabras y colgué sobre la marcha.
Por ahora, que yo sepa, no se han cumplido sus augurios.
♫
Presuntos Implicados, *Cómo hemos cambiado.
Bochornosa conjura de silencio
El pacto de las autonomías del PP para negar al Ministerio de Sanidad sus datos de cribados del cáncer es un desdén hacia la ciudadanía.
EL PAÍS, editorial. 23.10.2025
https://elpais.com/opinion/2025-10-23/bochornosa-conjura-de-silencio.html
Resulta lamentable tener que recordar que determinadas cuestiones —entre las que la salud de los ciudadanos ocupa un lugar preeminente— no pueden estar sujetas a la lucha partidista, por muy honda que sea la polarización política y muy ferviente que resulte el afán de un partido por llegar al Gobierno. O por mantenerse en él. Más aún si hablamos de una enfermedad como el cáncer, en la que la evaluación precoz supone un factor clave. Cuando hace tres semanas estalló el escándalo de los cribados de cáncer de mama en Andalucía, el Ministerio de Sanidad se dirigió a todas las comunidades autónomas para que le remitiesen sus datos de los programas de cribado de los cánceres de mama, cérvix y colorrectal, los tres principales que se realizan en España. Resulta indignante que el PP haya consensuado con sus autonomías negarse a enviarlos.
La petición ministerial está cargada de lógica para dimensionar la situación de estos programas en toda España tras conocer el fallo de la sanidad andaluza, que ha sumido en la angustia a miles de mujeres no solo en esa comunidad. Pero mientras Andalucía defiende convocar el Consejo Interterritorial de Salud —donde se sientan el Gobierno central y los Ejecutivos regionales— para analizar el estado de la cuestión en todos los territorios, otras autonomías populares han armado con su dirección nacional una conjura de silencio. Los programas de cribado salvan vidas porque permiten la detección temprana de un tumor, pero de nada sirven si las afectadas no lo saben.
La dirección del PP, comenzando por su presidente, debería explicar cómo se compatibilizan sus proclamas de transparencia y sus constantes exigencias en igual sentido a cualquier institución que no dependa de su partido con esta premeditada coordinación por la opacidad. La sanidad es una competencia autonómica, y si los populares no tienen nada que esconder, en su mano está demostrarlo. Resultan pueriles las explicaciones de algunas comunidades de que no tienen listos sus sistemas informáticos para remitir los datos solicitados. Pero lo inadmisible es el tono empleado por gobiernos como el madrileño pretextando que no los facilita para que Sanidad y su ministra, Mónica García, no “los utilice a su antojo”. El Ejecutivo de Ayuso actúa como si la información del estado de salud de los madrileños fuese de su propiedad.
Unas 2.000 andaluzas —como sus familias y allegados— siguen presas del miedo y aguardan una explicación completa que todavía no han recibido. Las disculpas que pidió el presidente regional, Juan Manuel Moreno, y la asunción de responsabilidad que supuso la dimisión de su consejera de Sanidad pierden parte de su valor ante la actitud de sus compañeros de formación. Ningún ciudadano debería verse obligado a vivir con temor por falta de información o por el retraso innecesario en el resultado de una prueba médica.
Si algo reclaman los ciudadanos a sus instituciones, y en especial a las sanitarias, es credibilidad y transparencia. Feijóo debería tenerlo presente si un día quiere ser presidente del Gobierno. Y no calificar de oportunista o de partidista cualquier reclamación que cuestione la gestión de los suyos en las múltiples instituciones donde, legítimamente, gobiernan gracias al voto de ciudadanos a los que ahora parecen desdeñar. La enfermedad no tiene color político. Tampoco la salud debería tenerlo.
El pacto de las autonomías del PP para negar al Ministerio de Sanidad sus datos de cribados del cáncer es un desdén hacia la ciudadanía.
EL PAÍS, editorial. 23.10.2025
https://elpais.com/opinion/2025-10-23/bochornosa-conjura-de-silencio.html
Resulta lamentable tener que recordar que determinadas cuestiones —entre las que la salud de los ciudadanos ocupa un lugar preeminente— no pueden estar sujetas a la lucha partidista, por muy honda que sea la polarización política y muy ferviente que resulte el afán de un partido por llegar al Gobierno. O por mantenerse en él. Más aún si hablamos de una enfermedad como el cáncer, en la que la evaluación precoz supone un factor clave. Cuando hace tres semanas estalló el escándalo de los cribados de cáncer de mama en Andalucía, el Ministerio de Sanidad se dirigió a todas las comunidades autónomas para que le remitiesen sus datos de los programas de cribado de los cánceres de mama, cérvix y colorrectal, los tres principales que se realizan en España. Resulta indignante que el PP haya consensuado con sus autonomías negarse a enviarlos.
La petición ministerial está cargada de lógica para dimensionar la situación de estos programas en toda España tras conocer el fallo de la sanidad andaluza, que ha sumido en la angustia a miles de mujeres no solo en esa comunidad. Pero mientras Andalucía defiende convocar el Consejo Interterritorial de Salud —donde se sientan el Gobierno central y los Ejecutivos regionales— para analizar el estado de la cuestión en todos los territorios, otras autonomías populares han armado con su dirección nacional una conjura de silencio. Los programas de cribado salvan vidas porque permiten la detección temprana de un tumor, pero de nada sirven si las afectadas no lo saben.
La dirección del PP, comenzando por su presidente, debería explicar cómo se compatibilizan sus proclamas de transparencia y sus constantes exigencias en igual sentido a cualquier institución que no dependa de su partido con esta premeditada coordinación por la opacidad. La sanidad es una competencia autonómica, y si los populares no tienen nada que esconder, en su mano está demostrarlo. Resultan pueriles las explicaciones de algunas comunidades de que no tienen listos sus sistemas informáticos para remitir los datos solicitados. Pero lo inadmisible es el tono empleado por gobiernos como el madrileño pretextando que no los facilita para que Sanidad y su ministra, Mónica García, no “los utilice a su antojo”. El Ejecutivo de Ayuso actúa como si la información del estado de salud de los madrileños fuese de su propiedad.
Unas 2.000 andaluzas —como sus familias y allegados— siguen presas del miedo y aguardan una explicación completa que todavía no han recibido. Las disculpas que pidió el presidente regional, Juan Manuel Moreno, y la asunción de responsabilidad que supuso la dimisión de su consejera de Sanidad pierden parte de su valor ante la actitud de sus compañeros de formación. Ningún ciudadano debería verse obligado a vivir con temor por falta de información o por el retraso innecesario en el resultado de una prueba médica.
Si algo reclaman los ciudadanos a sus instituciones, y en especial a las sanitarias, es credibilidad y transparencia. Feijóo debería tenerlo presente si un día quiere ser presidente del Gobierno. Y no calificar de oportunista o de partidista cualquier reclamación que cuestione la gestión de los suyos en las múltiples instituciones donde, legítimamente, gobiernan gracias al voto de ciudadanos a los que ahora parecen desdeñar. La enfermedad no tiene color político. Tampoco la salud debería tenerlo.

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