Decía en una entrevista mi admirado Pérez-Reverte que quién simplificara el conflicto Israel-Palestina en buenos y malos era un tonto ignorante que no entendía nada. Discutir este tema se hace ahora harto difícil porque cualquier atisbo de entendimiento hacia la postura de Israel se considera puro nazismo. Nadie defiende a estas alturas a Netanyahu y a su gobierno reaccionario, todos deseamos que acabe la guerra cuanto antes para que la población civil deje de sufrir, pero no podemos olvidar en ningún momento el papel de Hamas en todo este embrollo, los mismos a lo que su propia población no les importa lo más mínimo. Para ellos deben ser daños colaterales para conseguir su fin. Estos días han presentado en vídeos e imágenes a los rehenes en su poder y no precisamente en las mejores condiciones.
Cierto es, por otro lado, que se habla y se sentencia con demasiada facilidad sobre lo que la guerra nos muestra; parece que cualquiera puede ser juez y parte.
Transcribo a continuación dos artículos sobre el mismo tema, dos caras de la misma moneda, dos visiones contrapuestas, dos argumentos enfrentados; quiero pensar que ambos con la mejor intención.
Ni ángeles ni demonios sino todo lo contrario.
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¡Dejemos de ser cómplices del genocidio en Gaza!
La UE debe tomar ya la decisión de sancionar a Israel por sus múltiples violaciones en la Franja del derecho internacional.
Josep Borrel, 01.08.2025
Si sobreviven a los ataques de Donald Trump, los tribunales internacionales no dictarán su veredicto definitivo hasta dentro de varios años. Pero para todos aquellos que tienen oídos para oír y ojos para ver, ya no hay lugar a dudas: lo que está cometiendo actualmente el Gobierno israelí en Gaza es un genocidio, al masacrar y matar de hambre a la población civil tras haber destruido sistemáticamente todas sus infraestructuras. Y son graves, masivas y repetidas violaciones del derecho internacional y del derecho internacional humanitario las que cometen cada día los colonos y el ejército israelí en Cisjordania y en Jerusalén Este.
Quienes no actúan para poner fin a este genocidio y a estas violaciones del derecho internacional, a pesar de tener la posibilidad de hacerlo, se convierten en cómplices. Este es, lamentablemente, el caso de los actuales dirigentes de la Unión Europea y de aquellos de sus Estados miembros que se niegan a sancionar a Israel a pesar de que la Unión Europea tiene la obligación jurídica de hacerlo.
Si la Unión Europea y sus Estados miembros decidieran hacer uso de ella, dispondrían de numerosos instrumentos para influir de manera significativa en la actitud del Gobierno israelí. La UE y sus Estados miembros son el principal socio comercial, inversor y de intercambio de personas de Israel. También son uno de sus principales proveedores de armas. Por último, el acuerdo de asociación entre la UE e Israel, establecido en 2000 a raíz de los acuerdos de Oslo, es el más favorable de todos los celebrados por la UE con terceros países. Además de la exención de derechos de aduana sobre sus exportaciones de bienes y servicios y de visados para sus ciudadanos, da acceso a Israel a varios programas europeos importantes, como Horizonte o Erasmus.
Sin embargo, este acuerdo está condicionado en su artículo segundo al respeto por parte de Israel del derecho internacional y de los derechos humanos fundamentales. Por lo tanto, suspenderlo o mantenerlo no es una decisión que la Unión Europea pueda tomar de forma discrecional. Después de que el Consejo de Asuntos Exteriores haya constatado que Israel no respeta estos derechos, los dirigentes de la Unión tienen ahora la obligación jurídica de suspender este acuerdo. De lo contrario, también violarán el Acuerdo de Asociación con este país.
Sin embargo, a pesar de todos mis esfuerzos en este sentido cuando era alto representante de la Unión y a pesar del dramático agravamiento de la situación humana en Gaza y de la multiplicación de las violaciones del derecho internacional en Cisjordania en los últimos meses, la Unión Europea y la mayoría de sus Estados miembros no han utilizado hasta ahora ninguno de los medios de presión sobre el Gobierno israelí que tienen a su disposición.
Por ello, ante la intransigencia del Gobierno de Benjamín Netanyahu, la UE no ha logrado, desde hace más de año y medio, hacer valer ni su compromiso con los derechos humanos fundamentales, ni su defensa del derecho internacional y del multilateralismo, ni su posición tradicional a favor de la solución de los dos Estados. Esta inacción ya ha perjudicado gravemente la posición geopolítica de la UE y de sus Estados miembros, no solo en el mundo musulmán, sino en todo el mundo. La diferencia manifiesta entre la firme reacción de las instancias europeas ante la agresión rusa contra Ucrania y su pasividad ante la guerra en Gaza ha sido ampliamente utilizada por la propaganda de Vladímir Putin contra la UE. Y con éxito, como se ha visto especialmente en el Sahel. Este doble rasero europeo también ha debilitado considerablemente el apoyo a Ucrania en muchos países en desarrollo.
Al persistir en no suspender el acuerdo de asociación, a pesar de que Israel lo ha violado claramente; en no bloquear las entregas de armas a este país, a pesar de los crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos en Gaza; en no prohibir las importaciones procedentes de los asentamientos ilegales, a pesar de las decisiones en este sentido del Tribunal Internacional de Justicia; al no sancionar a los ministros y dirigentes políticos israelíes que profieren declaraciones genocidas; al no prohibir a Benjamín Netanyahu utilizar el espacio aéreo europeo, a pesar de la orden de detención dictada por el Tribunal Penal Internacional; al no apoyar a los jueces de dicho tribunal y a los responsables de las Naciones Unidas sancionados por Estados Unidos, la Unión Europea y sus Estados miembros se desacreditan ante los ojos del mundo y desacreditan el derecho internacional y el orden multilateral que se supone que deben defender. Mientras es atacada en el Este por Vladímir Putin y en el Oeste por Donald Trump, la Unión Europea agrava así su aislamiento al aislarse del resto del mundo.
Probablemente, los dirigentes de la Unión Europea y de sus Estados miembros tendrán que rendir cuentas en el futuro por su complicidad en los crímenes contra la humanidad cometidos por el Gobierno de Benjamín Netanyahu. Y, con la perspectiva del tiempo, los europeos juzgarán sin duda con severidad su ceguera ante el genocidio que se está produciendo. Sin embargo, es urgente limitar los daños desde ahora mismo. La Unión Europea y sus Estados miembros deben decidirse por fin a sancionar sin más demora a Israel. Es el único lenguaje que puede llevar a los dirigentes israelíes a poner fin a sus crímenes contra la humanidad.
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Josep Borrell es presidente del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB) y ex alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y exvicepresidente de la Comisión Europea.
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Demagogia sobre Gaza
Resulta inadmisible que el exvicepresidente de la Comisión acuse a Israel de genocidio y de utilizar el hambre como arma de guerra.
Isaac Querub Caro, 04.08.2025
El artículo de Josep Borrell ¡Dejemos de ser cómplices del genocidio en Gaza!, publicado por EL PAÍS el 1 de agosto, es un ejercicio que no podemos dejar pasar sin una respuesta clara y contundente. Resulta sorprendente y preocupante que quien ha ocupado durante años uno de los cargos más relevantes de la diplomacia europea insista en repetir consignas simplistas que no solo distorsionan la realidad, sino que también abonan el terreno a la propaganda de regímenes autoritarios y organizaciones terroristas.
El ex alto representante de la UE para Asuntos Exteriores reclama hoy con vehemencia medidas que en los últimos dos años fue absolutamente incapaz de implementar desde su puesto. ¿Dónde estaban esas sanciones, esos bloqueos y esas condenas cuando él tenía la capacidad de proponerlas y negociarlas en las instancias comunitarias? Resulta fácil ahora, desde la comodidad de la tribuna periodística, arremeter contra gobiernos democráticos y exigir acciones que, bajo su liderazgo, no consiguió movilizar.
En su artículo, Borrell realiza una comparación profundamente irresponsable y falaz entre la respuesta de la UE a la invasión rusa de Ucrania y la reacción frente a la legítima defensa de Israel ante el terrorismo de Hamás. Confunde churras con merinas: no estamos ante un conflicto entre dos Estados soberanos, sino ante la defensa de un Estado democrático frente a la agresión brutal de un grupo terrorista que el 7 de octubre de 2023 perpetró la masacre más sangrienta contra ciudadanos israelíes y no israelíes desde la Shoá, asesinando a 1.200 personas y secuestrando a 251. Ignorar esta diferencia esencial es un acto de mala fe política.
Además, resulta inadmisible que acuse al Estado de Israel de genocidio y de utilizar el hambre como arma de guerra, afirmaciones gravísimas que carecen de fundamento y cuya calificación jurídica corresponde exclusivamente al Tribunal Penal Internacional, no a las valoraciones personales de Borrell ni a las de quienes buscan reescribir los hechos para favorecer su narrativa. Lanzar acusaciones de tal magnitud sin la debida base jurídica es una temeridad que solo alimenta la retórica de quienes buscan deslegitimar a Israel.
El objetivo de Israel y de sus Fuerzas de Defensa es claro: erradicar la amenaza existencial que representan Hamás, Hezbolá y su patrocinador, el régimen teocrático de Irán. Esta no es una guerra de conquista ni de exterminio, como el artículo insinúa, sino una operación de autodefensa frente a organizaciones cuyo único propósito declarado es la destrucción del Estado de Israel y el asesinato indiscriminado de sus ciudadanos.
Curiosamente, el encendido alegato no menciona ni una sola vez la primera de las condiciones necesarias para detener este conflicto: la liberación inmediata de los rehenes, vivos y muertos, y la rendición incondicional de las armas por parte de Hamás. Su silencio al respecto es, como mínimo, revelador.
De igual modo, Borrell habla de Estados Unidos, de Trump, de la Unión Europea, pero convenientemente olvida mencionar a los Estados árabes de la región, que han optado por la vía de la cooperación económica y la paz con Israel, siguiendo el camino trazado por los Acuerdos de Abraham. Estos países sí han entendido que el futuro de la región pasa por la colaboración, la estabilidad y la prosperidad, y no por perpetuar conflictos al servicio de intereses ideológicos ajenos.
Este artículo no solo es un ejercicio de oportunismo político, sino también una muestra de cómo la retórica vacía y el maniqueísmo pueden hacer un flaco favor a la Unión Europea y a su papel en el mundo. La UE ha perdido influencia en Oriente Próximo precisamente por adoptar posturas como la de Borrell: incoherentes, ineficaces y carentes de visión estratégica.
Ahora, en un ejercicio que solo puede calificarse de irresponsable, el exvicepresidente de la Comisión Europea se presta a ser altavoz de la propaganda de regímenes corruptos y teocráticos que buscan desestabilizar la región y socavar a las democracias occidentales. Le guste o no a Borrell, Israel no solo lucha por su supervivencia: está conteniendo a quienes representan la amenaza más grave para los valores que, al menos en teoría, el ex alto representante ha jurado defender.
El camino hacia la paz no se construye desde las tribunas ideológicas. Se construye desde la verdad, la responsabilidad y el reconocimiento de que la defensa frente al terrorismo es un derecho inalienable de todo Estado democrático.
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Isaac Querub Caro es expresidente de la Federación de Comunidades Judías de España.
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*ARIA PARA LA PAZ - Homenaje a J.S. Bach
Julio César Oliva - Norberto Reyes G.
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