París es arte allá donde mires, no solo por su grandiosa arquitectura, ya sea en sus avenidas o en las calles más estrechas, también en sus magníficas esquinas y chaflanes, en sus terrazas y kioscos de revistas, en su gente (incluidos los turistas, claro está); en definitiva, París es arte y es historia. Pasear por la ciudad es un viaje en sí mismo, ésta es quizá lo magnífico de visitar una ciudad tan espectacular. Pues así, intercalando paseos y visitas, tuvimos la oportunidad de dar largos paseos por ella, muchas veces sin destino, otras con el GPS del móvil, que durante el viaje más que teléfono de, sobre todo, brújula y cámara fotográfica.
La Ópera de Garnier, cerca del hotel donde nos quedamos (Rue Richelieu, muy cómodo), está en reformas y no pudimos disfrutar de su fachada, ahora tapada con un gigantesco y horroroso anuncio de un nuevo teléfono. Una pena.
En cambio, sí pudimos disfrutar de La Madeleine, de día y asistiendo a un concierto de noche, con música de Mozart y Vivaldi, con una acústica alucinante (Orchestre Shélios, Une Petite Musique de Nuit de Mozart et Les 4 Saisons de Vivaldi), Place de la Concorde, Vendôme, Las Tullerías (pebetero de las Olimpiadas 2024 incluido), Louvre, Notre Dame, el Sena, alguna iglesia despistada por la que pasábamos, el barrio de Montmartre, Arco de Triunfo, Trocadero, Torre Eiffel, Campo de Marte o la Biblioteca Nacional de Francia, donde visitamos su famosa Salle Ovale. Todo, o casi todo, lo que puede verse en tres días de viaje.
Nada más llegar al hotel, desde la habitación pudimos ver cómo un pibe, probablemente un homeless, aprovechaba las bondades de un colchón abandonado en la acera para disfrutar de un sueño reparados sobre algo blando.
El arte urbano merece una crónica aparte, la última.
Llegada al aeropuerto de Orly.
Desayuno frugal nada más llegar.
Las vistas desde la habitación del hotel.
Un parisino leyendo en una pequeña plaza con bancos en forma de libros.
Café en Montmartre.
Gente y más gente.
Montarpasse al fondo.
Entrando en la Biblioteca Nacional de Francia.
La visita a Montmartre, a pesar de la gente, nos dio la posibilidad de visitar la "Casa Tristan Tzara", una joya de la arquitectura de 1926 construida por Adolf Loos.
Continuando con los fetiches arquitectónicos u operísticos, visitamos no sólo la casa de María Callas en la Av. Georges Mandel sino tuvimos la oportunidad de dar un buen paseo, prácticamente sin cruzarnos con alma alguna, por la Cité Internationale Universitaire de Paris, en el sur del centro. Esta visita la hicimos el último día, antes de tes de la Torre Eiffel y la zona del Centro Pompidou, adonde fuimos a una creperie para despedirnos.
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Cafecito en la cafetería de la Casa de Túnez.
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