Me maravilla, no hablo literalmente, la gente que es capaz de permanecer seca incluso después de caerse a una piscina, los envidio porque a mi me es del todo imposible. Esa capacidad de estar sentado en una mesa con amigos y jamás dar una opinión es digno de estudio, al menos.
¿Te preguntas si me gustan estas personas? Ya sabes la repuesta, no. Nada de nada.
Desconoces a quién votan, si suben o bajan cuando te cruzas con ellos en mitad de una escalera, si les gusta la carne o el pescado, la fresa o el chocolate, si te quieren o te odian. Ahora, eso sí, decir lo que piensan acerca de algo ni de coña, pero mirarte con desprecio cada vez que abres la boca lo hacen de fábula.
Las expresiones taurinas me ponen enfermo, ya me conocen, pero aquello de ver la vida detrás de la barrera resulta ser un dicho que clava lo que intento decir en este pequeño escrito.
Recuerda “sin público no hay show”.
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