sábado, 8 de febrero de 2025

ANDANDO CON DEMONIOS

Me decía esta mañana Muñoz Molina, a mí, sí, pues era yo quien leía un artículo suyo mientras volaba entre Tenerife y Gran Canaria, que (sic) observando la vida a mi alrededor y observándome a mí mismo, leyendo periódicos y libros de historia y de divulgación científica, he llegado a la cautelosa convicción de que la bondad es más frecuente que la maldad, y que los impulsos mejores pueden cultivarse y fortalecerse gracias a la educación, incluida la educación en la sensibilidad y los sentimientos.  Debo suscribir estas palabras si tenemos en cuenta lo que mi amiga I me dice siempre que puede, y parece poderlo hacer en muchas ocasiones: es que tú, tan ingenuo como siempre, no piensas que nadie sea malo cuando lo conoces, ¡y así te va!
Ando ahora dándole vuelta a la idea de presentar una denuncia, digamos que por una clara falta de concierto de pareceres. La denunciable, una pobre persona no por buena sino por amargada, me tiene sumergido en una guerra interior que tiene dos bandos enfrentados, como no podría ser de otra forma. Uno atiende a lo que ocurre, sin filtro, viéndolo meridiano y concluyendo: o haces algo o esto no va a parar nunca; he ahí la denuncia en ciernes. El otro bando, menos beligerante aunque tampoco pacifista, me dice que lo mejor es dejarlo pasar, que ya tiene suficiente la persona por ser como es. Y así, como si se tratara de un paseo interminable con un ángel y un demonio (o mejor, con dos demonios de ideas enfrentadas) sentados sobre ambos hombros, van pasando las semanas entre aviones, madrugones y reuniones.
Tiempo hay, entre medio, de hacer algo de vida social y cultural, como anoche. "Las niños gritones de Viena" actuaban anoche en el Auditorio de Tenerife, alias la calatravada, dentro del Festival de música de Canarias. Los pibes cantaban bien, por supuesto -como loa ángeles, diría algún cursi-, pero aunque me entretuve, al cabo de algunas canciones ya quería matar a uno de los niños con voz de pito, angelical pero de pito. Tras música sobre todo de Strauss hijo, terminó el concierto coral con música popular para animar al respetable (auditorio a rebosar) y que éste aplaudiera, de pie, como si no hubiera un mañana.
Así pues, tras una semana larga y con pocas horas de sueño, comienza el fin de semana, siempre más corto que largo, que nos traerá el lunes con forma de yunque. C'est la vie!

PD. Nótese que no he comentado nada de a) política, b) Trump. De nada.

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