Saliendo de la cena y de camino al parking, nos cruzamos con un hombre, negro, de edad indeterminada (calculo que podría rondar los 50-60) que, alargando la mano, nos decía en un español precario "tengo hambre, por caridad".
Recordé en ese momento la novela de Dickens e intenté imaginar cómo este pobre hombre, inmigrante africano, había terminado en esa situación, hambriento, en la calle, suplicando dinero para comida.
No encontré una respuesta satisfactoria.
.jpeg)
.jpeg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario