Habiendo estado estos quince días desconectado de casi todo, me ha servido para tomarme con calma el devenir de este Presidente que es de todos, T, que supone una vuelta de tuerca para casi cualquier cosa que a uno se le ocurra. Todo es tan susceptible de cambiar que rara vez dejan de sorprendernos sus palabras, sus ocurrencias, sus dictámenes. Lo último, su discurso ante la ONU, no ha dejado indiferente a nadie por "revolucionario", por recalcitrante, por reaccionario. Un discurso que supone el triunfo de lo contrario a todo por lo que se ha luchado desde que la ONU se fundó; un discurso que no es sino una declaración de intenciones de lo que le espera a Occidente los próximos años y, por extensión, al resto del mundo, Oriente Próximo incluido.
¿Dónde queda Europa?
Todo esto que está sucediendo da mucho miedo.
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El ramal de Putin
Con el discurso de Trump en la Asamblea General de la ONU queda homologado y alentado el delirio.
Juan José Millás, 26.09.2025
“Con este discurso queda homologado, estandarizado y alentado el delirio”. De este modo podría haber finalizado Trump su intervención ante la Asamblea General de la ONU. Si usted, lector, lectora (puto genérico disfuncional) pretende ser Premio Nobel de Física, créaselo. No importa que en el fondo sepa que no tiene ni idea de la materia, que, por otra parte, jamás le interesó, lo fundamental es el tono y la desfachatez con la que sea capaz de proclamarlo (ayuda mucho disponer de unas cabezas nucleares para fulminar a quien no lo acepte, pero a veces basta con el control de la judicatura, o del ejército, o del FBI). Piense que tampoco Trump ha acabado con siete guerras. De hecho, es un cómplice necesario del genocidio que se está llevando a cabo en Gaza, además del ramal de la cloaca desde la que Putin dispara contra Europa.
No importa. Nada importa. Rebobinen hasta el martes pasado y véanlo de nuevo mostrándose como un pacificador nato sin que ninguno de los representantes de las decenas de países que forman parte del organismo internacional soltara un “¡ay!”. No digo que se levantaran y se fueran a vomitar al pasillo; nos habríamos conformado con un gesto de asombro, con un leve movimiento de la cabeza negando la mayor, incluso con una ligera sonrisa de carácter irónico. Nada de ironías porque el delirio es más contagioso que la peste, de ahí que el ministro de Finanzas de Israel haya podido afirmar sin rubor alguno que lo de Gaza es, simplemente, una operación inmobiliaria. No una masacre, no un exterminio, no una aniquilación ni una matanza cruel, a ver si vamos entendiéndonos: se trata de un plan urbanístico que traerá prosperidad económica a la zona y permitirá al presidente de los EE UU, socio del proyecto, resarcirse de que su constructora no fuera la elegida, años atrás, para llevar a cabo unas reformas en los cuartos de baño del edificio de Naciones Unidas. Ya era hora de que se hiciera justicia. ¿O no?

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