Mi familia es cinéfila, lo heredamos de mi madre y, sobre todo, de mi padre. Ella aún conserva la biblioteca de mi padre, toda dedicada al cine. De ahí que viejas glorias como Nim Novak hayan estado en nuestra retina siempre. Por otro, siendo miembro de una familia longeva, la arruga ha siso siempre algo normal, como también las canas; envejecer está bien, no hacerlo sería peor. Recordar las últimas películas de Katharine Hepburn es ahora, sin duda, un canto al envejecimiento digno. Y digo ahora porque encontrar una actriz anciana que no se parezca al Joker de Batman es tarea ímproba. Ver a Kim Novak en San Sebastián con esa sonrisa de no-sé-qué da pena (y vértigo).
Coincide este festival de cine con la reunión a tres bandas del presidente Putin, Xi el chino y el de corea del norte con ese nombre irrecordable. A los dos primeros los cogieron a micrófono abierto de palique sobre vivir 50 años a base de trasplantes de órganos o algo por el estilo. Lo que nos faltaba, 150 años aguantando a estos fulanos.
Sin duda prefiero a Kim Novak, reoperada incluso, que a cualquiera de estos especímenes.
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