El pasado 4 de septiembre, jueves con sabor a viernes, tachaba en el calendario el último de mis días de trabajo antes de las vacaciones.
Se vuelve a cumplir la ecuación E=mc² y hoy, martes 30, último día del mes, entrado ya en el otoño, marcaré como digo el último día de mis vacaciones para reincorporarme mañana al trabajo ayuntamientil. Si bien menos es nada y todos los días suman para descontarlos en el camino hacia mi jubilación, esto no lo hace menos duro. Tengo ganas 0 de volver y no encuentro el camino de baldosas amarillas, sólo negras. sé que mañana será sentarme frente al ordenador como las gallinas y comenzar a ordenar los expedientes, algunos urgentísimos deesosquesevaaterminarelmundo, esperando la ingente lista de reuniones que me han puesto el primer día, las visitas políticas y los marrones que se vayan sucediendo durante el día, como siempre. Nada cambia, todo sigue igual.

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