miércoles, 20 de mayo de 2026

SIMPLEMENTE PERSONAS QUE SE ESTÁN MURIENDO


Vincent Delecroix: “Europa ya no escucha los gritos de quienes se ahogan en sus fronteras”
El filósofo francés publica en español ‘Naufragio’, una novela basada en un hundimiento real en el Canal de La Mancha en el que murieron 27 migrantes, con la que reflexiona sobre la indiferencia europea ante el drama de la migración.
Patricia R. Blanco, 18.06.2026

“Su problema es que no es capaz de ver nada ni de darse cuenta de lo que realmente ha pasado. No puede oír sus voces ni sus súplicas”. El filósofo francés Vincent Delecroix (París, 56 años) utiliza estas palabras para describir a la operadora de rescate marítimo que protagoniza Naufragio (De Conatus, 2026), su novela recién publicada en español que recrea el hundimiento real de una embarcación en el Canal de La Mancha en noviembre de 2021, en el que murieron 27 migrantes. Las grabaciones de aquellas llamadas de auxilio realizadas por personas a la deriva y las respuestas frías de la operadora, que no prestó la ayuda necesaria, difundidas tras la tragedia, son la materia prima de la que Delecroix parte: voces reales que el escritor convierte en el centro de una ficción sobre la indiferencia y el cansancio moral de Europa ante el drama de la migración.

Delecroix sitúa en el centro a la operadora porque no quiso contar el naufragio desde el agua, sino desde tierra firme. Desde “la orilla”, como repite durante una entrevista en Madrid, donde acaba de presentar su libro, finalista en 2025 del Premio Booker Internacional. Esa orilla es el lugar, según considera, que ocupa hoy Europa. “Escuchamos continuamente hablar de naufragios, de muertos, de desaparecidos. Y creo que llega un momento en que ya no conseguimos escuchar realmente”, afirma, porque Europa, continúa, “ya no escucha los gritos de quienes se ahogan en sus fronteras”.

La operadora encarna justamente esa posición. La mujer oye durante horas llamadas de auxilio, respiraciones entrecortadas, voces que suplican en mitad de la oscuridad. “Es el mismo que me llama todas las noches, con la misma voz y las mismas súplicas, porque ese idiota, por mucho que lo saques del agua vuelve a ella”, dice, para protestar por tener que enfrentarse a un rescate similar cada día. “Yo no te pedí que te marcharas”, le reprocha a quien al otro lado del teléfono se está ahogando.

La operadora encarna justamente esa posición. La mujer oye durante horas llamadas de auxilio, respiraciones entrecortadas, voces que suplican en mitad de la oscuridad. “Es el mismo que me llama todas las noches, con la misma voz y las mismas súplicas, porque ese idiota, por mucho que lo saques del agua vuelve a ella”, dice, para protestar por tener que enfrentarse a un rescate similar cada día. “Yo no te pedí que te marcharas”, le reprocha a quien al otro lado del teléfono se está ahogando.

Sin embargo, Delecroix insiste en hacer que el lector también se sienta “incomodo”. “La operadora está al final de la cadena, pero el naufragio empieza mucho antes”, apunta. Mucho antes de la llamada. Antes del mar. Antes de la noche. “Cuando esas personas fueron expulsadas de sus casas o huían del hambre”, añade.

Y, de nuevo, esa explicación también puede convertirse en coartada. “Es cierta”, reconoce, en referencia a las guerras, las desigualdades o las políticas migratorias. “Pero también es una excusa” y un modo de evitar la responsabilidad personal: “Cuando estás frente a la situación final, que es muy simple: ¿vas a salvar a esas personas o no?”. La operadora no lo hace, pero fustigarla por su comportamiento plantea la pregunta incómoda de qué hacemos los demás. Delecroix responde: “Lloramos mucho por las víctimas, mostramos lágrimas, pero en realidad no hacemos nada”.

El libro, de poco más de 100 páginas, es también una reflexión sobre el lenguaje con el que Europa habla de migración. En la novela, quienes llaman para pedir auxilio apenas tienen nombre: son “los migrantes”, “el del teléfono”, “el que se hunde”. “No queremos verlos como personas singulares”, afirma el filósofo. “Son simplemente personas. Personas que se están muriendo. Y eso es todo”.

Ese borrado no es solo lingüístico, sino que también es una forma de distancia que Delecroix cree que se ha instalado en Europa. Recuerda el impulso de 2015, cuando la llamada crisis de los refugiados ocupaba el centro del debate público. “Ahora ya no hay simpatía”, afirma. Las muertes continúan en el Mediterráneo o en el Canal de La Mancha, pero ya casi han desaparecido del espacio público. “Nadie habla de ello”, insiste. “Ni siquiera se pueden ver imágenes. Es como un apagón”.

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