sábado, 26 de julio de 2025

PANTALLAS

He encargado una nueva biblioteca que, me temo, deberá ser la última porque en mi realidad el espacio es finito y mesurable, una pena. Igual si me pongo a estudiar la física cuántica o la teoría de cuerdas podría cambiar la cosas, pero no lo veo muy probable. Bueno, nunca se sabe.
Mientras espero y desespero -mea culpa, caí en el mayor error que se puede cometer, le dije al carpintero: no tengo prisa-, he vuelto al libro electrónico, terminando "El diamante de Jerusalén" de Noah Gordon, y con "El rey de bronce" en la recámara. Estos últimos meses, justo cuando tengo más trabajo pendientes es cuando me encuentro ávido de lectura, como en los viejos tiempos. Seguro que mi cabeza sabe y echa mano a los libros al igual que los perros muerden las esquinas de las paredes. No logro, en cambio, leer en la cama, ya es casi imposible que no se me cierren los ojos después de un par de páginas, así que lo he asumido y desde que noto el más mínimo pesar en mis párpados toco la pantalla para marcar la página y cierro el cacharro, no es cosa de que se me caiga y me dé otro golpe en mi nariz.
Olvidada la televisión normal hace años seguimos siempre pendientes de alguna serie apetecible de esas que puedes ver sin prisa, medio capítulo hoy, uno y medio mañana, etc., por la noche o a veces después de comer. Series oscuras como las nórdicas, entretenidas y muy bien producidas como las americanas o con buenos guiones como las españolas últimamente. Nos hemos decantado por dos esta semana, "El Instituto", la enésima serie sobre una novela de Stephen King, entretenimiento asegurado; también en esta ocasión, aunque no han salido todos los capítulos y uno está acostumbrado a marcar el ritmo de visión y no tener que esperar semana tras semana. Por cierto, ¿tuvieron oportunidad de leer "Holly"? ¿No? Craso error, no dejen de hacerlo, yo no pude parar hasta terminarla.
La otra serie de la que únicamente nos queda media hora para terminar los 8 capítulos de la primera temporada es la islandesa "Katla". Como era de esperar, oscura y desasosegante, con unos paisajes impactantes aunque tétricos ya que se desarrolla en una zona de la isla bajo la constante columna de humo y cenizas de el volcán que da nombre a la serie. Todo es nieve negra, ovejas negras, caballos negros, cuervos, vacas y...
Acabo con Puccini, también otra apuesta segura (La Rondine), para ponerme con un informe que me (le) he prometido terminar este fin de semana. Hoy me han invitado a un almuerzo cumpleañero con una visita al  karting, ¡yupi!, qué ganas ;)


La Rondine, Puccini. *Chi il bel sogno di Doretta.

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