domingo, 11 de mayo de 2025

VIDA SOCIAL


Llego a casa ahora después de las dos últimas semanas, intensas como pocas, con sendas bodas los sábados. Demasiados compromisos, quizá, aunque ineludibles. La primera de ellas, la de un buen compañero de trabajo, la de ayer de una sobrina muy querida; poca familia me queda y ésta hay que cuidarla como oro en paño. 

Todas estas pequeñas cosas agitan mi tranquilo statu quo, si éste puede considerarse tranquilo. Sin tiempo libre entre semana entre las pocas horas de sueño y el trabajo matutino y vespertino, los fines de semana suelen ser un remanso de paz, los busco así, no siendo estos dos últimos el mejor ejemplo.

Hay muchos tipos de bodas, cada vez más, aunque se hayan ido mezclando en una nebulosa todas ellas. Las bodas civiles se parecen cada vez más a las religiosas, pero sin curas; maestros de ceremonias sí, que no es lo mismo pero es igual. Desaparecido el "hasta que la muerte los separe", perduran los arroces o los pétalos de rosas, las promesas, las buenas intenciones y, sobre todo, las emociones. En la boda de ayer hubo de todo, incluso anillos llevados al altar por la preciosa perra de la pareja, nerviosa hasta decir basta. Los votos fueron después, en el banquete, como colofón de un buen grupo de amigos que, individualmente, loaban a la pareja con gran sinceridad, así como el padre y los contrayentes. En español y en alemán, todo fue realmente emocionante; muchas lágrimas cayeron, palabra. Constantemente me imaginaba yo como protagonista y me decía, no aguanto yo esto ni un minuto, me sería imposible hablar de la emoción (es lo que tiene ser demasiado sensible). Comimos en una mesa redonda donde, por cosas de la vida, hubo dos ausencias, donde además se hizo muy fácil mantener una agradable conversación. Casi, casi, hablamos de todo lo políticamente correcto, incluso diría que cruzamos un poco la línea. El cóctel estupendo y la comida rica rica. Entre una cosa y otra estuvimos allí casi nueve horas y reconozco que lo pasamos realmente bien. Un fin de semana diferente, una habitación de hotel fantástica, una boda fabulosa y una cena con amigos que puso la guinda.

Los novios con el viaje de novios en ciernes y yo con la vista puesta en el lunes, mañana, cuando todo volverá a la normalidad. ¡Felicidades C y R! Lo mejor para ustedes, los quiero.

PD. Asistí como espectador (la pareja se casaba frente a mi despacho del Ayuntamiento) a otra bosa, ésta civil, en la que sólo faltó que los contrayentes llegaran en helicóptero para formar el cuadro de boda americana total. Tres damas de honor con sendos trajes azules cual trillizas, música grandiosa antes, durante y después, peinados imposibles y niños gritones corriendo haciendo las delicias de los que allí trabajamos. ¡qué ganas de casarme otra vez! le dije al alcalde cuando intentaba decirme algo anulado por el escándalo bodorril. Me miró con ojos extrañados y, posiblemente, pensando: ¡qué raro es este hombre!

No hay comentarios: