domingo, 4 de mayo de 2025

LO PROMETIDO ES DEUDA


"Nexus", de Yuval Noah Harari, absoluta joya tras "Sapiens", que debo empezar a leer desque que acabe con los que tengo abiertos ahora. Absolutamente recomendado durante esta conversación por whatsaap: 
> No lo he leído todavía, lo tengo en reserva.
> ¡Corre, corre!
Ante tanta vehemencia no he tenido más remedio que recuperarlo para empezarlo a leer. Anoche, fue llegar y besar el santo. Lo tenía ubicado y lo pude sobre la mesa para tenerlo más que presente.
Los libros difundieron nuestras ideas y nuestras mitologías. Internet prometió conocimiento infinito. El algoritmo descubrió nuestros secretos. Y luego nos enfrentó a unos contra otros. ¿Qué hará la IA?
No digo más, la contraportada ya es suficiente reveladora a la par que inquietante.

El segundo libro que comento, éste ya empezado anoche, es el ensayo premiado de Lola López Mondéjar, "Sin relato" (Atrofia de la capacidad narrativa y crisis de la subjetividad). Ya el título nos dice mucho y parece, de entrada, que no será un libro bondadoso, fácil de leer. O sea, precisamente lo que debemos leer en esta época gris en la que andamos.
Al observar al individuo posmoderno, podríamos afirmar que, de todas las transformaciones que sufre, una de las más relevantes es su pérdida de narratividad, la dificultad cada vez más agudizada para contarse a sí mismo y elaborar un relato. Un mal que, pese a su afectación común, sufren en mayor medida quienes han nacido en la era digital. Entre la filosofía, la sociología y el psicoanálisis, y a partir del estudio de los nuevos fenómenos culturales, Lola López Mondéjar despliega en "Sin relato" una cartografía de esta jibarización de la capacidad narrativa. Una atrofia asociada no solo a la dificultad para poner en palabras el pensamiento, sino a un déficit del pensamiento mismo, y de la imaginación. En el capitalismo de la atención, donde está siempre rodeado de estímulos, el ciudadano parece abocado a convertirse en un yo mínimo, sin apenas autoconciencia y, paradójicamente, desatento, incapaz de conversar, de rozarse, de comprender al otro. Y si la incapacidad de trasladar al lenguaje nuestras experiencias nos vacía de ellas, nos uniformiza y nos convierte en analfabetos afectivos, en ciudadanos acríticos e individualistas, la pregunta que surge es: ¿somos hoy menos humanos?

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