Que viajar ha perdido todo el glamour lo sabemos; atrás quedaron aquellos vuelos de mantel y cubiertos metálicos, espacio entre los asientos, gente bien vestida y educada. Ahora, a la falta de todo hay que sumarle el trato que las compañías aéreas tienen con el viajero. De entrada, empecemos con las páginas webs desde donde compramos los billetes y que son siempre una sucesión de trampas mortales, ni Indiana Jones lo habría pasado peor. Uno tiene que estar con el ojo avizor porque, si te descuidas, te endilgan un seguro, te dan de alta una web onerosa, te hacen miembro de no-sé-qué club de viajeros recurrentes, te quitan o te ponen equipaje, te alquilan un coche o mil triquiñuelas más. Cuando terminas de pagar, sudando la gota gorda, cruzas los dedos para que todo haya salido bien, que el hotel te haya hecho la reserva (pagada), que las tarjetas de embarque se puedan descargar sin problemas y que la mochila cuele como equipaje de mano.
Pues así, con los dedos cruzados convenientemente, empieza el periplo viajero con la organización del equipaje o cómo meter en una mochila pequeña ropa para el Polo durante 5 días. Tuvimos suerte y el tiempo nos acompañó, entre -2° y 3°, incluso dos días soleados. ¡Para qué quejarse!
Llegada a Oslo con escala de 1:30h en Copenague, con tiempo para comer algo, tomar un café, hacer un pis y poco más. En la capital noruega ningún problema, todo muy organizado: tren hacia la ciudad, check-in rápido en el hotel junto al edificio de la Bolsa, habitación pequeña pero cómoda y, lo mejor, la ubicación escogida, a tiro de piedra de la zona que más interés tenía para mi: la Ópera, la Biblioteca y el museo Munch (pronunciado Munc). Un primer paseo por la zona, bien abrigados porque ya se hacía de noche, y cena en una pizzería cercana con nombre original donde los haya: "Pizzería Mamma Mía". Lo de los precios en Oslo merecería un capítulo independiente de esta modesta crónica viajera; por mucho que te repitan el tópico "los países nórdicos son carísimos" no dejan de sorprenderte al respecto. Ahora, Nueva York no se queda atrás tampoco.
Primer contacto con la ciudad, -1°, los Canada Goose que nos han abrigado en nuestros últimos viajes cumpliendo su función de maravilla, noche fría pero despejada, cuervos y gaviotas y gente, poca, muy poca. La población de Noruega no llega a 6 millones de habitantes y la capital alberga a unos 650.000, por lo que no la convierte en muy populosa que digamos. Durante el día nos cruzamos con gente, pero por la noche, salvo el sábado, cuatro gatos. Sé que el frío no acompaña, pero no parecen los oslenses muy castañuelas.
Los planes empezaban al día siguiente con la visita al edificio de la Ópera* (Operahuset i Oslo), por fuera (y por encima también, ya que, entre otras cosas, es famoso por su cubierta de mármol de Carrara transitable) y por el edificio del Museo Munch**. Tras el desayuno -alucinaría esta gente con los desayunos en los hoteles canarios-, nos dimos un paseo por Langkaia para ver las saunas flotantes y el skyline de Bjørvika. Saunas sobre el mar donde sales y te tiras al agua sobre la marcha. Paseo, fotos y la ópera. Teníamos entrada a las 11, si no recuerdo mal, así que caminamos alrededor del edificio y recorrimos las cubiertas para sacar otra tanda de fotos desde la altura que nos proporcionaba el edificio, justo antes de entrar al recorrido con guía. La visita estuvo bien, sí, pero con demasiados recordatorios acerca de lo que se podía ver pero no fotografiar por eso del copyright, derechos de autor, etc. No pudimos conseguir entradas para ver ningún espectáculo, y eso que lo intenté antes de viajar, todo estaba sold out, una pena (Don Quijote, ballet de Rudolf Nurejev), aunque sí vimos parte de la prueba de los decorados y estos mismos en el back stage del escenario. Sala principal, oficinas, talleres de vestuario, decorados, etc. Y como una imagen vale más que mil palabras...
He de decir que la foto del escenario está sacada de GOOGLE pues también nos prohibieron esa perspectiva al estar ensayando; sólo pudimos sacar fotos de las butacas con el escenario a la espalda.
Al salir de la Ópera teníamos tiempo para comer, de manera que nos dimos un paseo por el barrio de Grønland en busca de un restaurante tamil con buenas críticas en TripAdvisor. Dicho y hecho.
Comida con aspecto carcelario pero sabrosa, aunque muy bien no sabíamos qué nos estábamos comiendo. No card, nos dice el camarero/cocinero en un inglés extraño al saber que no hablábamos noruego. No hay problema, después de comer pueden acercarse a un cajero aquí al lado y pagar. Pues así hicimos, no sin ligera preocupación pues ya nos pasó algo parecido en Nueva Zelanda, donde no funcionaban los cajeros del pueblo perdido en donde estábamos, y finalmente el asiático del fish & chips nos regaló la comida. Comimos, cash withdrawal, pagamos y raudos al museo Munch porque teníamos entradas para las 16h. Disfrutábamos de la arquitectura que nos íbamos encontrando por el camino, hasta una pequeña sala de proyección para niños.
Ya en el Museo, varias plantas donde se expone la obra de Edvard Munch junto con otra exposición de un pintor realmente interesante que, entre otras obras, pinta figurativo al revés, tal cual. Al rato te acostumbras y dejas de intentar imaginar el cuando con los pies en el suelo. La primera de las exposiciones fue la este pintor llamado Georg Baselitz para seguir después con Munch. La sala principal del museo, "La rotonda", muestra 3 versiones de "El Grito", cada una de ellas durante una hora, y forman parte de la exposición permanente, Edvard Munch Infinite (se pretende proteger de la mejor manera posible la fragilidad de las piezas). Nosotros pudimos ver el grabado durante el recorrido.
Por cierto, es interesante apuntar dos cosas sobre Munch y su "grito". Él decía, según he leído, que el título del cuadro no se debe a la obvia cara del protagonista sino al "grito de la naturaleza del paisaje". Por otro lado, llama la atención cómo el pintor indicaba el horizonte, que en invierno se confunde con el cielo muchas veces, forzando el reflejo de la luna sobre el agua. Maravilloso.
Veamos parte del edificio y después el contenido.
Paseo al salir del museo, cena asiática, esta vez ramen o algo por el estilo y al hotel. Nos esperaba la tercera jornada del viaje, reservada para un crucero por el fiordo de Oslo y la visita al parque Vigeland. Había estudiado concienzudamente el pronóstico del tiempo para elegir la salida en barco y casi casi acierto. El sol lució, y mucho, pero a partir de la 1 de la tarde, hora a la que más o menos arribamos al puerto. El embarcadero se encontraba frente al magnífico y brutalista Ayuntamiento de Oslo, el Centro Nobel de la Paz y el Museo Nacional. El paseo en barco estuvo bien, aunque ya les decía que el tiempo ayudó poco, ¡qué se le va a hacer! Menos mal que el parque floreció en todo su esplendor. Palabra.
Y había salido el sol, ¡por fin! Nos esperaba un buen trecho hasta Vigeland pero la expectativa de hacerlo bajo el cielo azul nos dio ganas y así lo hicimos, previa parada en un cuchitril para comer. Callejeamos hasta llegar al Palacio Real -la casualidad hizo que coincidiéramos con el cambio de guardia- y de allí siguiendo la ruta del GPS hasta llegar al parque sin contratiempos. Nuestra intención era quedarnos un rato en el parque para disfrutar del paisaje y las esculturas y regresar al hotel en UBER, pero de eso nada, finalmente volvimos caminando, esta vez disfrutando de la Karl Johans gt., la calle más concurrida de Oslo. Pero eso vendrá después del parque, donde tuvimos que parar nada más entrar para calentarnos un poco en una cafetería, por cierto muy bonita.
Vigelandsanlegget (Parque de esculturas de Vigeland)
Sabíamos que después de este día tan soleado la cosa no iba a seguir así, pero la esperanza siempre parece ser lo último que se pierde. si bien al día siguiente, el penúltimo del viaje, la cosa volvió a ser un poco gris, el último día el sol volvió a asomar, de manera que nos volvimos a casa con las chaquetas en la mano ya que del hotel a la Estación Central eran sólo 5 minutos de nada.
Pero aún quedaba un día y también lo aprovechamos, cómo no.
Quedaba por ver, de lo que teníamos previsto, únicamente dos cosas, el Astrup Fearnley Museet (arte contemporáneo) y la biblioteca pública, Dreichman Bibliotek***, y allí fuimos para terminar, o casi, el viaje. El interior de este edificio te anima a leer, a sentarte en sus múltiples espacios a trabajar, a pensar, a jugar al ajedrez, a compartir un rato de tranquilidad. Incluso los niños tienen varios lugares donde disfrutar con sus padres o solos.
Continuando con el plan trazado, después de la biblioteca dimos un paseo hasta el edificio que alberga la colección Astrup Fearnley, que incluye, entre otras obras, la famosa escultura kistch de Jeff Koons, "Michael Jackson and Bubbles". El edificio se emplaza al final de una pequeña península, junto al agua, en Tjuvholmen, siendo un proyecto del arquitecto Renzo Piano. Junto al museo, formado por dos volúmenes independientes, se han construido numerosos e interesantes edificios y en sus muelles está atracado el yate de la familia real noruega.
Y sí, ya el viaje se acababa, nos quedaba únicamente esa noche y la mañana del domingo, un rato más para disfrutar de Oslo antes de coger el avión directo hacia Gran Canaria.
Así fue todo. Volveremos a vernos en la próxima crónica viajera, de la que se desconoce, me temo, fecha y destino.
*Se inauguró en 2008 y fue diseñada por el estudio de arquitectura noruego Snøhetta, autor de otros proyectos como la embajada noruega en Berlín y la Bibliotheca Alexandrina en Alejandría, Egipto.
**La nueva sede del museo, diseñada por el estudio de arquitectura español estudioHerreros (Juan Herreros+Jens Richter) en el área de Bjørvika, abrió sus puertas al público en 2021.
***El edificio principal de la biblioteca, Deichman Bjørvika, se encuentra en el distrito Bjørvika de Oslo, junto a la Ópera y el nuevo Museo Munch, parte del proyecto de renovación de Fjord City. Ocupa una extensión de 13.500 metros cuadrados distribuidos en seis plantas y fue diseñado por los estudios de arquitectura Lundhagem y Atelier Oslo.


































































































































































































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