jueves, 9 de febrero de 2012

LOS TRABAJOS PERFECTOS

En estos tiempos oscuros que nos ha tocado vivir, y como soñar es gratis, ¿cuál podría ser un trabajo perfecto? Veamos...
- Escritor de guías o blogs de viaje (¡y encima te pagan por recorrerte el mundo!). Ya he dicho muchas veces que en mi próxima vida quiero ser Paco Nadal.
- Crítico culinario o escritor de guías de restaurantes. 
- Crítico literario, lector o corrector en una editorial.
- Crítico de cine, de ópera, de teatro...
- Director de orquesta.
- Cantante de ópera.
- Concertista de violín, de piano...
- Rico, muy rico (así sí que puedes hacer lo que te da la gana y además te sobra para compartir).
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Navegando con Salgari por las costas de Papúa
Por: Paco Nadal
 
La “casa” donde vivo en Papúa se llama SMY Ondina. Es una goleta buguinesa, un barco tradicional de madera, con dos mástiles y 32 metros de eslora, construido a mano por los bugui, una famosa etnia de constructores de barcos y navegantes del sur de Sulawesi.
El Ondina fue encargado por tres socios españoles hace ya mas de 12 años y armados según las técnicas ancestrales de los buguis, para quienes hacer un barco es casi un acto religioso, pero adaptado para el buceo en vez de para transportar especias y maderas nobles como sus antecesores. Es un barco precioso. Navegar en el ondina por islas de nombres míticos como Papúa, Molucas, Java o Borneo es como navegar entre los mares de papel de una novela de Salgari, de Conrad o de Stevenson.
Viajo con mi inseparable compañero de fatigas, Antonio Alpañez, para rodar un documental de esta zona casi inexplorada de los fondos marinos de Papúa. El Ondina lleva a cabo un viaje de exploración por lugares donde antes nadie había buceado. Y nos hemos enrolado a bordo. Nuestra idea era dejar enseguida Manokawi y poner proa hacia el sur de la bahía de Cenderawasih. Pero una maleta se perdió por los laberintos del espacio aéreo y hemos tenido que esperarla durante dos días en las cercanías de Manokawi, el puerto de aguas mas sucias que he visto en mi vida.
La espera nos ha dado para sumergirnos en un par de barcos japoneses hundidos frente a Manokawi durante la Segunda Guerra Mundial y en algunos arrecifes de coral. Y para comprobar que en los fondos de ésta hay casi tanta basura como en la superficie. También hemos tenido tiempo para visitar algunas aldeas de pescadores en islas cercanas y deleitarnos con la inmensa hospitalidad de los papuenses de la costa. Da igual que sea una aldea cristiana o musulmana, aquí llegan muy pocos viajeros, casi ninguno, y la gente local aun conserva la inocencia y la sorpresa de quien no ha visto su estilo de vida alterado por la industria turística. Las aldeas son un hervidero de niños saltando al agua desde los pantalanes de madera, pecadores que van o vienen del agua con sus estrechas piraguas lombot y hombres ociosos mascando pinang, un fruto de propiedades estimulantes que les deja la boca roja y los dientes hechos polvo. Lo mascan hasta los adolescentes, y provoca también que las calles estén llenas de escupitajos rojos como el tomate.
Confieso que me estaba decepcionando bastante Papúa. La zona de Manokawi es como cualquier otra isla de Indonesia, sin nada particular en el paisaje. Pero ayer tarde llego por fin la maleta, salimos pitando y el capitán mantuvo el rumbo al Ondina toda la noche aprovechando la luna llena.
Cuando hoy al amanecer hemos sacado la cabeza por la escotilla, nos envolvía un escenario de islas cubiertas por el bosque ecuatorial, montañas lejanas igualmente tapizadas de arboles, aguas limpias que dejaban ver arrecifes de coral y ni una sola carretera, camino, antena o aldea que recordara al ser humano.
Esta sí es la Papúa que había imaginado. Mañana continúo…

3 comentarios:

azuldeultramar dijo...

Jose ¿te das cuenta que las cuatro primeras opciones están totalmente al alcance de la mano? todo es ponerse, echarle valor y ganas y en dinero viene luego si lo haces bien :)

jctraveller dijo...

No sé si me has animado o todo lo contrario ��

azuldeultramar dijo...

jajajajaja la idea era animar!!!!

xDDD