domingo, 10 de enero de 2021
COGITO ERGO SUM
¿Se puede echar de menos algo que no se ha tenido? Me lo pregunto porque estoy en un momento de mi vida en que me gustaría estar en perenne terapia como en las películas de Woody Allen, sentado en un despacho con una gran biblioteca y vistas al Central Park contando mis neuras.
A las 6:30 en pie, y hoy es domingo, y no trabajo -supuestamente- , y ha dejado de llover y se ve el cielo; esto no es suficiente para dormir más. Bajo, le abro a Octavia, desayuno un café y me siento a dibujar escuchando Lucrezia Borgia en SPOTIFY. Y es sentarme y empezar la ebullición en mi cabeza: el cuatro trimestre de la Renta, los dibujos para la inmobiliaria (¡qué bajo hemos caído los arquitectos!), un antiguo proyecto atragantado con promotores de los que quitan el sueño, un viaje a Lanzarote que no podré hacer...
Quizá es el momento de ir al psiquiatra.
sábado, 9 de enero de 2021
jueves, 7 de enero de 2021
SOBRE BERLÍN
Parece mentira pero no había visto nunca esta película y no pasó de ayer. Después del almuerzo familiar de Reyes un merecido descanso post navideño. Imágenes de un Berlín decadente preunificación, rodada en blanco y negro, con un ritmo tan surrealista como sugerente. La biblioteca estatal de Scharoun y Wisnieswski, coprotagonista junto a los dos ángeles, la arquitectura de la ciudad y toda una serie de guiños a la Historia, la política, la sociedad; el ser humano en definitiva.
miércoles, 6 de enero de 2021
¡FELIZ Y VACUNADO 2021!
Me van a perdonar pero yo no entiendo nada. ¿No estamos en guerra? Por supuesto, contra el COVID-19; ¿alguien lo duda?
Pues sí, parece que a estas alturas no nos damos cuenta del ambiente bélico, del aire deprimente que se respira, de las caras de preocupación que vemos (a pesar de los descerebrados, fiesteros y mononeuronales que siempre acaban jodiéndolo todo). ¿Y qué hemos visto en el cine, una y otra vez, así como, desgraciadamente, en la vida real? pues que en la guerra todo empieza y termina con la movilización: militares, sanitarios, clínicas, hospitales, veterinarios, farmacias, etc. Sin ser político ni iluminado, solo medianamente espabilado, no logro adivinar la razón por la que no está TODO el país movilizado para la vacunación. Lo gracioso es que la falta de ellas no es la razón de esta absurda y lenta campaña, no. La logística y "las fechas en las que estamos", dicen. ¡Manda huevos!
10 SOBRE 10
Cada vez más indefensos, cada vez más solos
Arturo Pérez-Reverte. PATENTE DE CORSO
https://www.xlsemanal.com/firmas/20210102/vez-mas-indefensos-vez-mas-solos-perez-reverte.html?fbclid=IwAR0H-l90VS7A1MlS19HM57R_jCGLIHloFgaBVBxMT4nylDMwykax6wj9d8U
Entro en mi sucursal bancaria de toda la vida, que es una oficina pequeña situada en un barrio de Madrid –cada cual tiene sus lealtades– y veo a Manolo, el cajero, atendiendo en la ventanilla a una señora embarazada, a Pepe, el director, recibiendo en su minúsculo despacho a un matrimonio de cierta edad, y a Paco, el único empleado, explicándole a una abuela cómo recuperar un fondo de pensiones. Me quedo de pie, pues no hay dónde sentarse, esperando turno mientras observo la paciencia con que los tres encargados de la oficina –en treinta años los han reducido de una docena a los tres de ahora– atienden a los vecinos; y cómo éstos, muchos de avanzada edad, se dirigen a ellos como si fueran de la familia, con una confianza enternecedora, seguros de que están recibiendo las mejores explicaciones y consejos posibles de aquellos a quienes confían sus ahorros, inquietudes y esperanzas. Su humilde presente y su incierto futuro.
Miro alrededor y me pregunto cuánto va a durar. Durante cuánto tiempo los vecinos del barrio, la gente trabajadora y de condición modesta, y sobre todo los de más edad, podrán todavía situarse ante esos tres rostros amables, conocidos, en los que confían para gestionar sus cuentas. La rapacidad y codicia de las grandes firmas bancarias, su despiadada búsqueda ciega de beneficios a toda costa, lleva tiempo liquidando estas pequeñas sucursales, esos reductos donde la humanidad todavía es factor decisivo. Donde el cliente encuentra un rostro, una conversación, un consejero y a veces un amigo.
Cada vez que se saluda con trompetazos la fusión de dos grandes entidades bancarias, la experiencia hace que te preguntes cuántas sucursales sacrificadas significa eso, cuántos empleados van a ir a la calle, cuántos abuelos se quedarán sin su Pepe, sin su Paco, sin su Manolo. Cuántos clientes serán condenados a peregrinar a otra oficina lejana hasta que también ésa sea clausurada, al servicio de caja que ya cierra ¡a las 11,30 de la mañana! y pronto será inexistente, al frío cajero automático, a la comunicación bancaria que te informa de que en adelante no habrá más comunicaciones por correo, y avisa al pobre abuelete de que si no aprende a manejar claves, contraseñas y aplicaciones de un teléfono móvil de última generación, o si no tiene un nieto o un hijo que sepan moverse por Internet y se ocupen de eso, en adelante lo va a atender el banco de Rita la Cantaora.
Es asombroso el silencio cómplice de los medios informativos, incluso la sumisión de los clientes, ante la impunidad con que los bancos reducen gastos y procuran mantener intactos sus beneficios. Siempre fue así, por supuesto; nunca una entidad bancaria buscó el bien de la humanidad. Tales son las reglas, y se aceptan. Pero la actual falta de pudor, el modo infame con que, pretextando facilitar el servicio, acorralan a quienes no tienen más remedio que confiarles su dinero, tiene cada vez menos límites. En esta España donde el expolio sistemático por parte de Hacienda impide a un trabajador guardar en su casa el dinero que gana y pagar con él lo que desee, donde hasta sacar dinero de la propia cuenta bancaria y dárselo a un hijo se ve penalizado con impuestos, donde no sólo no cobra intereses el depositario, sino que pronto deberá pagarlos para que le ingresen la nómina, donde se obliga a usar tarjetas de crédito y operar vía Internet con el riesgo y la vulnerabilidad que eso implica, donde ningún banco se compromete a reembolsar el total de una cuenta corriente cuando todo se vaya al carajo, la indefensión de los usuarios es total y la impunidad de las entidades, absoluta. Nadie les pone límites, nadie les para los pies, nadie los obliga a garantizar servicios elementales, atención razonablemente humana, seguridad operativa para quienes, privados de otra opción, se ven obligados a confiarles sus ahorros.
Tal es el triste presente, y todo indica que irá a más. A peor. Atados a una madeja de contraseñas, toques en móviles, aplicaciones que convierten en un calvario lo que antes se solventaba en una sucursal mediante un rato de espera, un papel y una firma, obligados a moverse por un mundo virtual que ni conocen ni les interesa conocer, millones de abuelos, y no tan abuelos, miran hoy desconcertados la pantalla de un teléfono móvil con las siglas de un banco a cuyos accionistas, gerentes y técnicos, ajenos a la realidad inmediata de la vida, les importan literalmente un carajo. Y que, para más recochineo, te tutean en sus comunicaciones en plan compadre y oye, chaval, como si alguna vez hubieseis tomado copas juntos. Los hijos de la grandísima puta.
domingo, 3 de enero de 2021
viernes, 1 de enero de 2021
2021
Sí, desde luego, demasiadas esperanzas puestas en este año, pero ¿cabe otra opción? Somos optimistas por naturaleza y necesitamos esperanza, aunque sea ingenua, ilusa, hasta mentira. Pero es lo que hay; este año solo puede ser mejor que el anterior, con más trabajo para todos (se incluyen en este deseo nuevos trabajos), más salud, menos muertes, más contacto y cercanía, más viajes y, como en tantos otros lugares como Canarias, más turistas. Crucemos los dedos, toquemos madera y a esperar ahora a que nos llamen para vacunarnos.
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