martes, 11 de junio de 2019
lunes, 10 de junio de 2019
BELLAS ARTES Y RESTAURACIÓN
Universidad de La Laguna, Tenerife. Facultad de Bellas Artes y Restauración (Conservación y Restauración de Bienes Culturales).
HIERRO (BIS)
Estoy aprovechando las últimas tardes "libres" que tengo antes de meterme de lleno a terminar un modificado que tengo casi a punto y un par de cosas más. Por diferentes razones tengo ahora un poco más de tiempo libre de lo normal y puedo leer y ver alguna serie que me interesa sin tener remordimientos. Terminé de ver "Hierro" y me gustó. Candela Peña genial, el argumento entretenido y, sobre todo, ¡qué bonita es la isla!
AY, EL PODER
Dicen que el poder es una droga, y debe serlo porque, se tenga mucho o poco, quien lo tiene (o al menos lo cree tener) se comporta mezquinamente en muchas ocasiones. Siempre que me encuentro en una situación donde reconozco a alguien que utiliza su poder para conseguir el fin propuesto me viene a la cabeza aquel proverbio... "no importa lo grande que te creas, más alto es un árbol y lo mean los perros".
domingo, 9 de junio de 2019
sábado, 8 de junio de 2019
LO QUE ES, ES
Se venía venir, pero al final uno siempre acaba sorprendido del ilimitado límite de los políticos; la paradoja siempre se cumple, de una forma o de otra.
Durante las elecciones municipales VOX era un partido que sumaba, PP dixit. Después de la debacle electoral VOX pasó a ser, en boca del inefable Pablo Casado, un partido de extrema derecha. Ahora, pasadas las elecciones generales, VOX vuelve a sumar. De pena.
martes, 4 de junio de 2019
FRANCO DESAYUNO
▬
Desayuno cada mañana en un bar junto a mi trabajo, allí escucho las noticias desde el televisor que tanto muestra el telediario mañanero como el fútbol vespertino. Como este café es a hora temprana del día, las noticias son del día anterior o augurio de lo que ocurrirá. Esta mañana hablaban sobre la posible decisión del Tribunal Supremo de paralizar la exhumación de Franco.
¡Esto es lo que necesita España, que saquen a Franco del Valle de los caídos!, diría el camarero siempre afín al régimen anterior. Es éste el argumento recurrente, una y otra vez se repite lo mismo: no es el momento, a quién le importa, hay problemas más importantes, etc.
Claro que se olvida el camarero de todos los que sufrieron la Guerra Civil y la posguerra, de aquellos alcaldes republicanos fusilados el día del alzamiento (léase golpe de estado fascista contra un gobierno democrático), de los años oscuros del dictador, de la España gris, de los muertos y enterrados en ni-se-sabe-dónde, de los homosexuales reprimidos, de los sindicalistas, de los izquierdistas, de los no afectos al régimen. Esta misma gente que los domingos va a misa a darse golpes de pecho y luego niega que se pueda encontrar a los desaparecidos.
Sabido es el conservadurismo del Tribunal Supremo, pero que hayan paralizado este acto de justicia me avergüenza como español. ¿Qué pasaría si en Alemania se rindiera culto a la tumba de Hitler en un mausoleo construido por judíos? Impensable. En España, a Hitler no, pero a Franco como si tal cosa.
Pero claro, hechos como éste es lo que no necesita el país, ¡bastantes problemas tenemos ya!
lunes, 3 de junio de 2019
HISTERISMO Y FLEMA
El histerismo y la flema
Asistimos a alborotos mayúsculos por minúsculos problemas, y
cuando por fin acontece algo gravísimo se reacciona como si no tuviera
importancia.
Nuestro país se viene rigiendo por el histerismo desde hace
tiempo. Casi cualquier cosa que sucede, o declaración u opinión pronunciadas,
se convierten en motivo de aspaventoso escándalo. Las redes, los tertulianos y
no pocos periodistas “serios” se rasgan las vestiduras por hechos o dichos
menores, por nimiedades. Es costumbre que todo se tergiverse, se adultere o se
exagere: si alguien califica lo manifestado por otro de tontería, el primero es
acusado al instante de insultar y llamar “tonto” al segundo, cuando todos
podemos soltar tonterías a veces sin que ello nos condene como tontos cabales y
definitivos. También se sabe desde hace siglos que llamar idiota, ignorante o
necia a una persona puede no constituir un insulto, sino una mera descripción
subjetiva, u objetiva. En meses recientes hemos asistido a alborotos mayúsculos
causados por minúsculos problemas con Hacienda, en una nación en la que raro es
el individuo al que Hacienda no le haya planteado problemas, con sus cambios de
criterio retroactivos, sus constantes subidas de impuestos (con Rajoy como con
Sánchez) y sus frecuentes arbitrariedades. Luego se han desatado batallas y
sermones por títulos semificticios o regalados y aparentes plagios de tesis,
en un lugar en el que, tradicionalmente, quien no ha copiado en un examen ha
dejado que le copiaran, y era el que se oponía el que incurría en deshonra, un
mal compañero.
Sin duda es deseable que todo el mundo tribute debidamente,
que nadie copie ni plagie ni obtenga lo que no se ha ganado. Pero no se puede
caer en el ridículo continuo, agigantando a las amebas. Ahora bien, lo más
extraño es que, cuando por fin acontece algo en verdad gravísimo, los histéricos
habituales reaccionan con inaudita flema, como si no tuviera importancia o
jamás hubiera ocurrido. El pasado 1 de octubre se produjo en Barcelona el
asalto al Parlament, con intención de ocuparlo y secuestrarlo,
por una turba de mastuerzos. Se les permitió entrar en la Ciudadela, alcanzar y
arrojar las vallas que mal protegían el edificio, acorralar a los escasos
Mossos que lo custodiaban (a los que se prohibió cargar durante largo rato),
hasta verse éstos obligados a encerrarse, por los pelos, tras el último portón.
Más o menos como hemos visto en cien películas en el asedio a un castillo o
fortaleza. La marea embistió el portón y trató de forzarlo por las bravas.
Huelga recordar que un parlamento, el que sea, es la sede del pueblo soberano,
que ha elegido a sus representantes.
Conviene recapitular. El asalto, diga lo que diga el actual
y servil director de los Mossos, Martínez, se debió a los llamados Comités de
Defensa de la República, copiados de los Guardianes de la Revolución
cubanos y de la Guardia Revolucionaria iraní, que patrullan, espían, delatan y
castigan a los “desafectos”. Estos CDR son conocidos por cortar autopistas e
impedir el paso de trenes cuando se les antoja, dañando la economía y tomando
como rehenes a sus conciudadanos. Se sabe que no son precisamente respetuosos
de la convivencia ni de las libertades ajenas, ni sonrientes ni apacibles. Pues
bien, horas antes del acoso (se vio en las televisiones), el Presidente de la
Generalitat se acercó a un grupo de ellos, los llamó “amigos” y los felicitó
por “apretar” con sus acciones. A otro grupo les dijo “No tengáis miedo”. ¿De
qué podían tenerlo? Sólo de la policía autonómica, encargada de mantener el
orden. Pero como ésta está bajo el mando de Torra, les vino a dar carta blanca.
Los dos mensajes eran fácilmente traducibles: “Haced lo que os plazca, que
nadie va a castigaros y yo apruebo lo que se os ocurra”. El resultado fue el
intento de toma del Parlament, y —como habría previsto cualquier político
mínimamente instruido y no lerdo— la masa vuelta contra su protector de horas
antes, contra el “amigo”. Ni siquiera hubo detenciones, ni una, ¿cómo iba a
haberlas?
Torra no ha dado explicaciones ni ha dimitido, nadie de su
Govern las ha dado. Tampoco Pedro Sánchez, insólitamente, después de
episodio tan amenazante. Todos se lo han tomado con la flema que les falta ante
las fruslerías. Incomprensible en este país de perpetuo histerismo. No está en
mi ánimo comparar a nadie con los nazis, pero no he podido evitar acordarme de
que en 1933, poco después del incendio del Reichstag o cámara baja berlinesa, y
poco antes de las elecciones generales, la policía la comandaba Göring
(fundador de la Gestapo y mano derecha de Hitler), quien dio plena libertad e
impunidad a los mastuerzos de camisa parda para reventar con violencia los
mítines de los demás partidos adversarios. Con esa oposición silenciada, Hitler
obtuvo una exigua mayoría que no obstante lo facultó para asumir el poder
absoluto. Al año siguiente organizó la matanza de los disidentes de su Partido
Nazi en la “noche de los cuchillos largos”, y el resto ya lo conocen, más o
menos, espero. Cuando un cómplice de los facinerosos o matones está al mando de
la policía que ha de frenarlos, o se destituye a ese jefe o deben sonar todas
las alarmas con fuerza. Y sin embargo, cuánta flema, como si aquí nada hubiera
pasado.
EL LIBRO VERDE
Increíble pero cierto, una guía para que los negros puedan viajar tranquilos por los Estados Unidos; dónde dormir, dónde dejar el coche, dónde tomarte una copa, etc. Si bien esta guía se escribió entre los años 1936 y 1966, cuesta ver cómo la película "El libro verde", donde se cuenta la gira de un virtuoso del piano por la américa sureña, se desarrolla en ¡1960!, unos pocos años antes de que yo naciera, por ejemplo. Sólo una generación ha podido ver a un presidente negro, cómo la homosexualidad ha dejado de ser una enfermedad, integración racial generalizada y muchísimos avances sociales en los que España va a la cabeza. Magnífica película y dura, muy dura.Si te interesa leer sobre el libro puedes hacerlo aquí.
domingo, 2 de junio de 2019
DE CINE
Dos películas he visto en este largo fin de semana de desconexión, diferentes e interesantes ambas. "Rocketman" en el cine e "Identidad robada" en el televisor; dos películas completamente diferentes Rocketman nos muestra una visión algo condescendiente de la juventud y ascenso de Elton John, con una banda sonora estupenda y unos actores a la altura. Boy erased, título original de Identidad borrada, nos muestra en toda su crudeza el fanatismo norteamericano empeñado en "curar" la homofobia a través de la religión.
▬
ANALIZA ANTES, POR SI ACASO
Cómo detectar a una persona insegura y que no te afecten sus
ataques
Antes de que te entre complejo de fracasado, analiza a la
persona que te hace sentir así: infravalorar a los demás es la forma que tienen
los inseguros de sentirse bien, no les hagas caso.
"Hay grandes hombres que hacen a todos los demás
sentirse pequeños, pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se
sientan grandes", dijo el novelista inglés Charles Dickens. Frases como
esta se suben a las redes sociales continuamente y nadie duda ni un minuto en
darles un like, compartirlas y retuitearlas. No sabríamos asegurar si
invitan o no a la reflexión, pero de lo que sí hay certeza es de que nos hacen
quedar bien, como maestros en el arte de la psicología. Para ser sinceros, a todos
nos gusta ese postureo que nos vende a los demás como personas
sensibles, justas y coherentes que no necesitan machacar al resto para
demostrar lo mucho que valemos. Porque, ¿qué tipo de persona es tan ruin para
hacer eso? Pues seguramente tú mismo.
Sí, en algún momento de nuestra vida todos hemos tenido
inseguridades, y es justo reconocer que cuando nuestra autoestima se ha
visto afectada hemos terminado por atacar al otro. ¿Cómo? Pues bien con la
crítica, bien con el desprecio o bien con un alarde de superioridad que en
realidad enmascara lo pequeños que nos sentimos por dentro. ¿Qué esa persona a
la que tienes que entrevistar tiene un currículum más impresionante que el
tuyo? Le dices: "Mira, lo siento, es que no terminas de encajar con el
perfil que estamos buscando". ¿Qué esa famosa posa en Instagram con un
cuerpo de infarto? Le contestas: "Estás delgada, pero tienes
celulitis". Y así, te quedas (aparentemente) tan a gusto, mientras que el
receptor de tus amargos comentarios se desinfla. Por eso hay que ser cauto y
antes de que llegues a creer que los demás lo hacen todo mejor que tú, párate a
pensar. ¿No será su actitud la manifestación de una grave inseguridad? Es muy
probable que así sea, y es posible que te de lo mismo.
Hay que admitir que no todas las personalidades
inseguras se manifiestan de la misma manera, "no siempre van a tratar
de hacer sentir inseguras a otras. De hecho, las hay que lo que buscan es el
refuerzo de otros para sentirse aceptados por el entorno, llegando hasta el
punto de hacer excesivo reconocimiento a los demás por cuestiones que no son
significativas ("no sé cómo lo haces, yo no podría"). Sin embargo,
hay otro tipo de inseguros que desarrollan estrategias, más o menos
conscientes, a partir de las cuales aparentan una falsa seguridad. Estos
comportamientos pueden resultar intimidatorios hacia otros, haciéndoles sentir
incómodos y, en ocasiones, cuestionados o juzgados", explica la psicóloga
y directora del Instituto Superior de Estudios Psicológicos, en Madrid, Maribí
Pereira.
Estas estrategias nacen de la necesidad de enmascarar sus
ansias de reconocimiento y, al final, terminan comportándose de una manera que
paradójicamente hace a los demás alejarse de ellos, es decir, lo opuesto de lo
que buscan: amor y aceptación. Ese es precisamente
el problema de las personas inseguras, que no siempre las ves venir, y cuando
ya las ves y comienzas a entender su comportamiento, quizá ya sea tarde, bien
porque te han hecho daño o porque ya no puedes ayudarle. Pero sí, hay ciertas
actitudes que estas personalidades tienen en común y que pueden ayudarte a
detectarlas antes de que te hagan sufrir.
Están en posesión de la verdad, al menos eso creen
Inflarse como un globo hasta el punto de elevarse hasta
colocarse encima de un ficticio pedestal y, desde las alturas, dirigirse a los
demás, es algo muy típico de las personas que sienten que tienen que encubrir
su debilidad. Es la capa exterior de la que ya hablaba Alfred Adler, el
psicoanalista vienés que acuñó el término "complejo de
inferioridad" (como el que los españoles
tenemos en algunas cuestiones) hace un siglo. "Sí, en
ocasiones, hay personas inseguras que intentan camuflar esta característica a
partir de una apariencia imponente, un tono de voz elevado y un exceso de
firmeza en sus opiniones, hasta tal punto que parece que son los dueños de
la verdad y no aceptan otro criterio", explica la psicóloga.
Encontrarse con alguien así en el trabajo es complicado, ya
que nunca, por mucho que te esfuerces, tu idea va a ser buena o vas a tener
razón. Para más inri, si esta persona es un superior, puedes terminar pensando
que verdaderamente no sirves para un puesto de trabajo que por sí
solo puede llegar a deprimirte. "Son personas que parecen
estar siempre compitiendo e incitan a los demás a demostrar sus fortalezas o
capacidades, destacando los errores ajenos para poder reafirmarse a sí mismos.
En este caso, se suele hablar de perfiles de personalidad con una profunda
inseguridad y una baja autoestima que construyen un sentimiento de
superioridad como mecanismo de defensa que les ubica en ese lugar de gran
omnipotencia, de saberlo todo y de estar por encima del resto de los mortales
para evitar experimentar su verdadera fragilidad y desvalorización",
indica Pereira.
Expondrá sus logros constantemente o no lo hará nunca
La especialista advierte de que no debemos generalizar.
Porque es verdad que hay un perfil de persona indecisa que siempre tiene miedos
y siente que todo lo que hace es insuficiente; es más, prefiere pasar
desapercibida y desaparecer de escena antes de exponerse a cualquier crítica.
Pero luego está el otro tipo de indeciso, el que necesita remarcar una y
otra vez sus logros para obtener refuerzo del entorno, ya que es la única
forma en la que sostiene su autoestima. La especialista explica que estos
diferentes comportamientos "van a depender de nuestros rasgos de
personalidad, nuestra crianza, nuestras pautas de conducta y nuestra
experiencia previa".
Relacionando con el tipo de apego que has tenido de pequeño
y la inseguridad que presentas de adulto, un estudio llevado
a cabo recientemente por el profesor Ramazan Akdogan, de la Universidad de
Anadolu (Turquía), vinculó a las personas que se habían criado en un apego
inseguro con una predisposición a la soledad, ya que estas personas, al
necesitar constantemente sentirse importantes, terminan teniendo muchas
dificultades para confiar en los demás. No pueden mostrar su debilidad en
ningún momento porque esto provocaría que otras personas entraran en su vida y
se dieran cuenta de la situación.
"Otra vez me toca ir a las Maldivas, qué pereza"
¿Puede algo sacarte más de quicio que escuchar los lamentos
de ese amigo o compañero al que este año (de nuevo, pobrecito) le toca ir de vacaciones a Maldivas? Él no
quería, han sido su mujer y los niños, que insisten… ¿Y el que se queja del
ascenso (él estaba tan tranquilo en su antigua posición en la empresa y ahora
carga con esta responsabilidad)? Y te lo dice a ti, que darías lo que fuera por
estar en su lugar… Todo esto es falsa modestia, que no hay que confundir
con la que muestra, de corazón, una persona humilde.
"La falsa modestia suele ir vinculada a personas
inseguras que requieren del refuerzo del entorno, y hay que diferenciarla de la
modestia real, aquella en que la persona, consciente de sus fortalezas y
debilidades, es capaz de reconocer y apreciar los halagos, pero también de aceptar las críticas y,
por supuesto, no necesita irse jactando de sus logros ni va presumiendo de
ellos, aunque tampoco los oculta", dice Pereira. Sin embargo, lo que
hace el inseguro se llama fanfarronería soslayada. Y con ella busca reforzar su
autoestima. "Se da en personas que necesitan destacar y se aferran a
la valoración positiva de ser modestos. Así ganan por partida doble: se les
reconoce alguna cualidad, pero además obtienen la admiración de otros por
ser humildes", comenta la especialista.
¿Puede el ego estar siempre (aparentemente) por las nubes?
En estos casos, es posible. Ellos son los más guapos, los
más listos, los más educados… Todo lo que concierne a su vida y a su físico es
siempre en grado superlativo. Lo habitual en el tipo de inseguro del que
estamos hablando es que no tenga abuela y, si la tiene, tampoco la necesita
para escuchar piropos, porque él o ella se valen por ellos mismos para
echárselos encima. ¿Eso quiere decir que las personas inseguras son
narcisistas? En psicología es complicado definir qué es causa y qué es
consecuencia, y la psicóloga lo compara con la expresión: ¿qué fue primero, el
huevo o la gallina?
"Normalmente, cuando hablamos de una persona narcisista
estamos ante una serie de rasgos de personalidad basados en un sentido
desmesurado de su propia importancia, una necesidad de atención excesiva y de
admiración, así como una falta de empatía hacia los demás. Estos rasgos
evidentemente se consolidan debido a muchos factores, como por ejemplo una
excesiva atención en los primeros años de vida o una educación ambivalente en donde hay
exceso de alabanzas, aunque también en una crítica severa por parte de los
padres, la sensación de haber sufrido abandono o sobreprotección… Todo esto lo
que hace es fomentar una inmadurez afectiva basada en el egocentrismo y en la
necesidad de ser reconocidos y reforzados por el exterior para sentirse válidos
e importantes", indica la experta. Es decir, que como matiza la psicóloga,
"no todos los inseguros son narcisistas, pero casi todos los narcisistas
son inseguros".
Las excesivas pruebas de amor en las redes los delatan
Quien es discreto con sus muestras de amor, o sea, que no
tiene necesidad de publicar un primer plano de los besos con su pareja en las redes
sociales, puede percibir chocante que otros no dejen de subir a Facebook y
a Instagram toda su intimidad, todas sus muestras de cariño. ¿A quién no
se le ha pasado por la cabeza, aunque sea fugazmente, que quizá ellos se
quieren más? Curiosamente, todo indica que sucede todo lo contrario.
Un estudio publicado
en la revista de la Sociedad Americana de Psicología Social y Personalidad,
mostraba cómo está visibilidad excesiva de la vida en pareja puede enmascarar
en realidad una inseguridad en la relación. Y, de nuevo, nuestros estilos de apego, si
hemos sido criados bajo el apego de seguridad, ansioso o de evitación, van
a determinar una mayor tendencia a visibilizar nuestra relación, a tener
necesidad de hacerla perfecta ante los demás. La conclusión del estudio es que
las personas que tienen esa actividad frenética subiendo instantáneas con
empalagosas declaraciones de amor son mayoritariamente aquellos que fueron
criados bajo un estilo ansioso, los que necesitan esa seguridad que no tuvieron
de pequeños. Si tú quieres dársela de adultos, es una decisión personal.
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