lunes, 10 de junio de 2019

SIN (CON) PALABRAS

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE


Y eso que ni se nombran las orlas, graduaciones, día del padre, de la madre, bautizos, etc.

BELLAS ARTES Y RESTAURACIÓN





Universidad de La Laguna, Tenerife. Facultad de Bellas Artes y Restauración (Conservación y Restauración de Bienes Culturales).

NI SOL NI MAR

HIERRO (BIS)


Estoy aprovechando las últimas tardes "libres" que tengo antes de meterme de lleno a terminar un modificado que tengo casi a punto y un par de cosas más. Por diferentes razones tengo ahora un poco más de tiempo libre de lo normal y puedo leer y ver alguna serie que me interesa sin tener remordimientos. Terminé de ver "Hierro" y me gustó. Candela Peña genial, el argumento entretenido y, sobre todo, ¡qué bonita es la isla!





AY, EL PODER

Dicen que el poder es una droga, y debe serlo porque, se tenga mucho o poco, quien lo tiene (o al menos lo cree tener) se comporta mezquinamente en muchas ocasiones. Siempre que me encuentro en una situación donde reconozco a alguien que utiliza su poder para conseguir el fin propuesto me viene a la cabeza aquel proverbio... "no importa lo grande que te creas, más alto es un árbol y lo mean los perros".

VOCACIÓN


sábado, 8 de junio de 2019

A VERLA RAUDO VOY


OTHER NEWS


HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

SNIF!

BUCLE

BELLEZA

SIC

LO QUE ES, ES

Se venía venir, pero  al final uno siempre acaba sorprendido del ilimitado límite de los políticos; la paradoja siempre se cumple, de una forma o de otra.
Durante las elecciones municipales VOX era un partido que sumaba, PP dixit. Después de la debacle electoral VOX pasó a ser, en boca del inefable Pablo Casado, un partido de extrema derecha. Ahora, pasadas las elecciones generales, VOX vuelve a sumar. De pena.

martes, 4 de junio de 2019

FRANCO DESAYUNO

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Desayuno cada mañana en un bar junto a mi trabajo, allí escucho las noticias desde el televisor que tanto muestra el telediario mañanero como el fútbol vespertino. Como este café es a hora temprana del día, las noticias son del día anterior o augurio de lo que ocurrirá. Esta mañana hablaban sobre la posible decisión del Tribunal Supremo de paralizar la exhumación de Franco.
¡Esto es lo que necesita España, que saquen a Franco del Valle de los caídos!, diría el camarero siempre afín al régimen anterior. Es éste el argumento recurrente, una y otra vez se repite lo mismo: no es el momento, a quién le importa, hay problemas más importantes, etc. 
Claro que se olvida el camarero de todos los que sufrieron la Guerra Civil y la posguerra, de aquellos alcaldes republicanos fusilados el día del alzamiento (léase golpe de estado fascista contra un gobierno democrático), de los años oscuros del dictador, de la España gris, de los muertos y enterrados en ni-se-sabe-dónde, de los homosexuales reprimidos, de los sindicalistas, de los izquierdistas, de los no afectos al régimen. Esta misma gente que los domingos va a misa a darse golpes de pecho y luego niega que se pueda encontrar a los desaparecidos. 
Sabido es el conservadurismo del Tribunal Supremo, pero que hayan paralizado este acto de justicia me avergüenza como español. ¿Qué pasaría si en Alemania se rindiera culto a la tumba de Hitler en un mausoleo construido por judíos? Impensable. En España, a Hitler no, pero a Franco como si tal cosa. 
Pero claro, hechos como éste es lo que no necesita el país, ¡bastantes problemas tenemos ya!

lunes, 3 de junio de 2019

HISTERISMO Y FLEMA


El histerismo y la flema
Asistimos a alborotos mayúsculos por minúsculos problemas, y cuando por fin acontece algo gravísimo se reacciona como si no tuviera importancia.

Nuestro país se viene rigiendo por el histerismo desde hace tiempo. Casi cualquier cosa que sucede, o declaración u opinión pronunciadas, se convierten en motivo de aspaventoso escándalo. Las redes, los tertulianos y no pocos periodistas “serios” se rasgan las vestiduras por hechos o dichos menores, por nimiedades. Es costumbre que todo se tergiverse, se adultere o se exagere: si alguien califica lo manifestado por otro de tontería, el primero es acusado al instante de insultar y llamar “tonto” al segundo, cuando todos podemos soltar tonterías a veces sin que ello nos condene como tontos cabales y definitivos. También se sabe desde hace siglos que llamar idiota, ignorante o necia a una persona puede no constituir un insulto, sino una mera descripción subjetiva, u objetiva. En meses recientes hemos asistido a alborotos mayúsculos causados por minúsculos problemas con Hacienda, en una nación en la que raro es el individuo al que Hacienda no le haya planteado problemas, con sus cambios de criterio retroactivos, sus constantes subidas de impuestos (con Rajoy como con Sánchez) y sus frecuentes arbitrariedades. Luego se han desatado batallas y sermones por títulos semificticios o regalados y aparentes plagios de tesis, en un lugar en el que, tradicionalmente, quien no ha copiado en un examen ha dejado que le copiaran, y era el que se oponía el que incurría en deshonra, un mal compañero.

Sin duda es deseable que todo el mundo tribute debidamente, que nadie copie ni plagie ni obtenga lo que no se ha ganado. Pero no se puede caer en el ridículo continuo, agigantando a las amebas. Ahora bien, lo más extraño es que, cuando por fin acontece algo en verdad gravísimo, los histéricos habituales reaccionan con inaudita flema, como si no tuviera importancia o jamás hubiera ocurrido. El pasado 1 de octubre se produjo en Barcelona el asalto al Parlament, con intención de ocuparlo y secuestrarlo, por una turba de mastuerzos. Se les permitió entrar en la Ciudadela, alcanzar y arrojar las vallas que mal protegían el edificio, acorralar a los escasos Mossos que lo custodiaban (a los que se prohibió cargar durante largo rato), hasta verse éstos obligados a encerrarse, por los pelos, tras el último portón. Más o menos como hemos visto en cien películas en el asedio a un castillo o fortaleza. La marea embistió el portón y trató de forzarlo por las bravas. Huelga recordar que un parlamento, el que sea, es la sede del pueblo soberano, que ha elegido a sus representantes.

Conviene recapitular. El asalto, diga lo que diga el actual y servil director de los Mossos, Martínez, se debió a los llamados Comités de Defensa de la República, copiados de los Guardianes de la Revolución cubanos y de la Guardia Revolucionaria iraní, que patrullan, espían, delatan y castigan a los “desafectos”. Estos CDR son conocidos por cortar autopistas e impedir el paso de trenes cuando se les antoja, dañando la economía y tomando como rehenes a sus conciudadanos. Se sabe que no son precisamente respetuosos de la convivencia ni de las libertades ajenas, ni sonrientes ni apacibles. Pues bien, horas antes del acoso (se vio en las televisiones), el Presidente de la Generalitat se acercó a un grupo de ellos, los llamó “amigos” y los felicitó por “apretar” con sus acciones. A otro grupo les dijo “No tengáis miedo”. ¿De qué podían tenerlo? Sólo de la policía autonómica, encargada de mantener el orden. Pero como ésta está bajo el mando de Torra, les vino a dar carta blanca. Los dos mensajes eran fácilmente traducibles: “Haced lo que os plazca, que nadie va a castigaros y yo apruebo lo que se os ocurra”. El resultado fue el intento de toma del Parlament, y —como habría previsto cualquier político mínimamente instruido y no lerdo— la masa vuelta contra su protector de horas antes, contra el “amigo”. Ni siquiera hubo detenciones, ni una, ¿cómo iba a haberlas?

Torra no ha dado explicaciones ni ha dimitido, nadie de su Govern las ha dado. Tampoco Pedro Sánchez, insólitamente, después de episodio tan amenazante. Todos se lo han tomado con la flema que les falta ante las fruslerías. Incomprensible en este país de perpetuo histerismo. No está en mi ánimo comparar a nadie con los nazis, pero no he podido evitar acordarme de que en 1933, poco después del incendio del Reichstag o cámara baja berlinesa, y poco antes de las elecciones generales, la policía la comandaba Göring (fundador de la Gestapo y mano derecha de Hitler), quien dio plena libertad e impunidad a los mastuerzos de camisa parda para reventar con violencia los mítines de los demás partidos adversarios. Con esa oposición silenciada, Hitler obtuvo una exigua mayoría que no obstante lo facultó para asumir el poder absoluto. Al año siguiente organizó la matanza de los disidentes de su Partido Nazi en la “noche de los cuchillos largos”, y el resto ya lo conocen, más o menos, espero. Cuando un cómplice de los facinerosos o matones está al mando de la policía que ha de frenarlos, o se destituye a ese jefe o deben sonar todas las alarmas con fuerza. Y sin embargo, cuánta flema, como si aquí nada hubiera pasado. 

SOMBRAS NADA MÁS

LO QUE HAY

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE


EL LIBRO VERDE


Increíble pero cierto, una guía para que los negros puedan viajar tranquilos por los Estados Unidos; dónde dormir, dónde dejar el coche, dónde tomarte una copa, etc.  Si bien esta guía se escribió entre los años 1936 y 1966, cuesta ver cómo la película "El libro verde", donde se cuenta la gira de un virtuoso del piano por la américa sureña, se desarrolla en ¡1960!, unos pocos años antes de que yo naciera, por ejemplo. Sólo una generación ha podido ver a un presidente negro, cómo la homosexualidad ha dejado de ser una enfermedad, integración racial generalizada y muchísimos avances sociales en los que España va a la cabeza. Magnífica película y dura, muy dura.
Si te interesa leer sobre el libro puedes hacerlo aquí.

domingo, 2 de junio de 2019

DE CINE


Dos películas he visto en este largo fin de semana de desconexión, diferentes e interesantes ambas. "Rocketman" en el cine e "Identidad robada" en el televisor; dos películas completamente diferentes Rocketman nos muestra una visión algo condescendiente de la juventud y ascenso de Elton John, con una banda sonora estupenda y unos actores a la altura. Boy erased, título original de Identidad borrada, nos muestra en toda su crudeza el fanatismo norteamericano empeñado en "curar" la homofobia a través de la religión.
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ANALIZA ANTES, POR SI ACASO


Cómo detectar a una persona insegura y que no te afecten sus ataques
Antes de que te entre complejo de fracasado, analiza a la persona que te hace sentir así: infravalorar a los demás es la forma que tienen los inseguros de sentirse bien, no les hagas caso.

"Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños, pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes", dijo el novelista inglés Charles Dickens. Frases como esta se suben a las redes sociales continuamente y nadie duda ni un minuto en darles un like, compartirlas y retuitearlas. No sabríamos asegurar si invitan o no a la reflexión, pero de lo que sí hay certeza es de que nos hacen quedar bien, como maestros en el arte de la psicología. Para ser sinceros, a todos nos gusta ese postureo que nos vende a los demás como personas sensibles, justas y coherentes que no necesitan machacar al resto para demostrar lo mucho que valemos. Porque, ¿qué tipo de persona es tan ruin para hacer eso? Pues seguramente tú mismo.

Sí, en algún momento de nuestra vida todos hemos tenido inseguridades, y es justo reconocer que cuando nuestra autoestima se ha visto afectada hemos terminado por atacar al otro. ¿Cómo? Pues bien con la crítica, bien con el desprecio o bien con un alarde de superioridad que en realidad enmascara lo pequeños que nos sentimos por dentro. ¿Qué esa persona a la que tienes que entrevistar tiene un currículum más impresionante que el tuyo? Le dices: "Mira, lo siento, es que no terminas de encajar con el perfil que estamos buscando". ¿Qué esa famosa posa en Instagram con un cuerpo de infarto? Le contestas: "Estás delgada, pero tienes celulitis". Y así, te quedas (aparentemente) tan a gusto, mientras que el receptor de tus amargos comentarios se desinfla. Por eso hay que ser cauto y antes de que llegues a creer que los demás lo hacen todo mejor que tú, párate a pensar. ¿No será su actitud la manifestación de una grave inseguridad? Es muy probable que así sea, y es posible que te de lo mismo.

Hay que admitir que no todas las personalidades inseguras se manifiestan de la misma manera, "no siempre van a tratar de hacer sentir inseguras a otras. De hecho, las hay que lo que buscan es el refuerzo de otros para sentirse aceptados por el entorno, llegando hasta el punto de hacer excesivo reconocimiento a los demás por cuestiones que no son significativas ("no sé cómo lo haces, yo no podría"). Sin embargo, hay otro tipo de inseguros que desarrollan estrategias, más o menos conscientes, a partir de las cuales aparentan una falsa seguridad. Estos comportamientos pueden resultar intimidatorios hacia otros, haciéndoles sentir incómodos y, en ocasiones, cuestionados o juzgados", explica la psicóloga y directora del Instituto Superior de Estudios Psicológicos, en Madrid, Maribí Pereira.

Estas estrategias nacen de la necesidad de enmascarar sus ansias de reconocimiento y, al final, terminan comportándose de una manera que paradójicamente hace a los demás alejarse de ellos, es decir, lo opuesto de lo que buscan: amor y aceptación. Ese es precisamente el problema de las personas inseguras, que no siempre las ves venir, y cuando ya las ves y comienzas a entender su comportamiento, quizá ya sea tarde, bien porque te han hecho daño o porque ya no puedes ayudarle. Pero sí, hay ciertas actitudes que estas personalidades tienen en común y que pueden ayudarte a detectarlas antes de que te hagan sufrir.

Están en posesión de la verdad, al menos eso creen
Inflarse como un globo hasta el punto de elevarse hasta colocarse encima de un ficticio pedestal y, desde las alturas, dirigirse a los demás, es algo muy típico de las personas que sienten que tienen que encubrir su debilidad. Es la capa exterior de la que ya hablaba Alfred Adler, el psicoanalista vienés que acuñó el término "complejo de inferioridad" (como el que los españoles tenemos en algunas cuestiones) hace un siglo. "Sí, en ocasiones, hay personas inseguras que intentan camuflar esta característica a partir de una apariencia imponente, un tono de voz elevado y un exceso de firmeza en sus opiniones, hasta tal punto que parece que son los dueños de la verdad y no aceptan otro criterio", explica la psicóloga.

Encontrarse con alguien así en el trabajo es complicado, ya que nunca, por mucho que te esfuerces, tu idea va a ser buena o vas a tener razón. Para más inri, si esta persona es un superior, puedes terminar pensando que verdaderamente no sirves para un puesto de trabajo que por sí solo puede llegar a deprimirte. "Son personas que parecen estar siempre compitiendo e incitan a los demás a demostrar sus fortalezas o capacidades, destacando los errores ajenos para poder reafirmarse a sí mismos. En este caso, se suele hablar de perfiles de personalidad con una profunda inseguridad y una baja autoestima que construyen un sentimiento de superioridad como mecanismo de defensa que les ubica en ese lugar de gran omnipotencia, de saberlo todo y de estar por encima del resto de los mortales para evitar experimentar su verdadera fragilidad y desvalorización", indica Pereira.

Expondrá sus logros constantemente o no lo hará nunca
La especialista advierte de que no debemos generalizar. Porque es verdad que hay un perfil de persona indecisa que siempre tiene miedos y siente que todo lo que hace es insuficiente; es más, prefiere pasar desapercibida y desaparecer de escena antes de exponerse a cualquier crítica. Pero luego está el otro tipo de indeciso, el que necesita remarcar una y otra vez sus logros para obtener refuerzo del entorno, ya que es la única forma en la que sostiene su autoestima. La especialista explica que estos diferentes comportamientos "van a depender de nuestros rasgos de personalidad, nuestra crianza, nuestras pautas de conducta y nuestra experiencia previa".

Relacionando con el tipo de apego que has tenido de pequeño y la inseguridad que presentas de adulto, un estudio llevado a cabo recientemente por el profesor Ramazan Akdogan, de la Universidad de Anadolu (Turquía), vinculó a las personas que se habían criado en un apego inseguro con una predisposición a la soledad, ya que estas personas, al necesitar constantemente sentirse importantes, terminan teniendo muchas dificultades para confiar en los demás. No pueden mostrar su debilidad en ningún momento porque esto provocaría que otras personas entraran en su vida y se dieran cuenta de la situación.

"Otra vez me toca ir a las Maldivas, qué pereza"
¿Puede algo sacarte más de quicio que escuchar los lamentos de ese amigo o compañero al que este año (de nuevo, pobrecito) le toca ir de vacaciones a Maldivas? Él no quería, han sido su mujer y los niños, que insisten… ¿Y el que se queja del ascenso (él estaba tan tranquilo en su antigua posición en la empresa y ahora carga con esta responsabilidad)? Y te lo dice a ti, que darías lo que fuera por estar en su lugar… Todo esto es falsa modestia, que no hay que confundir con la que muestra, de corazón, una persona humilde.

"La falsa modestia suele ir vinculada a personas inseguras que requieren del refuerzo del entorno, y hay que diferenciarla de la modestia real, aquella en que la persona, consciente de sus fortalezas y debilidades, es capaz de reconocer y apreciar los halagos, pero también de aceptar las críticas y, por supuesto, no necesita irse jactando de sus logros ni va presumiendo de ellos, aunque tampoco los oculta", dice Pereira. Sin embargo, lo que hace el inseguro se llama fanfarronería soslayada. Y con ella busca reforzar su autoestima. "Se da en personas que necesitan destacar y se aferran a la valoración positiva de ser modestos. Así ganan por partida doble: se les reconoce alguna cualidad, pero además obtienen la admiración de otros por ser humildes", comenta la especialista.

¿Puede el ego estar siempre (aparentemente) por las nubes?
En estos casos, es posible. Ellos son los más guapos, los más listos, los más educados… Todo lo que concierne a su vida y a su físico es siempre en grado superlativo. Lo habitual en el tipo de inseguro del que estamos hablando es que no tenga abuela y, si la tiene, tampoco la necesita para escuchar piropos, porque él o ella se valen por ellos mismos para echárselos encima. ¿Eso quiere decir que las personas inseguras son narcisistas? En psicología es complicado definir qué es causa y qué es consecuencia, y la psicóloga lo compara con la expresión: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?

"Normalmente, cuando hablamos de una persona narcisista estamos ante una serie de rasgos de personalidad basados en un sentido desmesurado de su propia importancia, una necesidad de atención excesiva y de admiración, así como una falta de empatía hacia los demás. Estos rasgos evidentemente se consolidan debido a muchos factores, como por ejemplo una excesiva atención en los primeros años de vida o una educación ambivalente en donde hay exceso de alabanzas, aunque también en una crítica severa por parte de los padres, la sensación de haber sufrido abandono o sobreprotección… Todo esto lo que hace es fomentar una inmadurez afectiva basada en el egocentrismo y en la necesidad de ser reconocidos y reforzados por el exterior para sentirse válidos e importantes", indica la experta. Es decir, que como matiza la psicóloga, "no todos los inseguros son narcisistas, pero casi todos los narcisistas son inseguros".

Las excesivas pruebas de amor en las redes los delatan
Quien es discreto con sus muestras de amor, o sea, que no tiene necesidad de publicar un primer plano de los besos con su pareja en las redes sociales, puede percibir chocante que otros no dejen de subir a Facebook y a Instagram toda su intimidad, todas sus muestras de cariño. ¿A quién no se le ha pasado por la cabeza, aunque sea fugazmente, que quizá ellos se quieren más? Curiosamente, todo indica que sucede todo lo contrario.

Un estudio publicado en la revista de la Sociedad Americana de Psicología Social y Personalidad, mostraba cómo está visibilidad excesiva de la vida en pareja puede enmascarar en realidad una inseguridad en la relación. Y, de nuevo, nuestros estilos de apego, si hemos sido criados bajo el apego de seguridad, ansioso o de evitación, van a determinar una mayor tendencia a visibilizar nuestra relación, a tener necesidad de hacerla perfecta ante los demás. La conclusión del estudio es que las personas que tienen esa actividad frenética subiendo instantáneas con empalagosas declaraciones de amor son mayoritariamente aquellos que fueron criados bajo un estilo ansioso, los que necesitan esa seguridad que no tuvieron de pequeños. Si tú quieres dársela de adultos, es una decisión personal.

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