miércoles, 11 de enero de 2023
martes, 10 de enero de 2023
SOÑADORES
La química Carolyn Bertozzi posa con el bajo que tiene en su laboratorio, en la Universidad de Stanford.
La Nobel Carolyn Bertozzi: “En Qatar no merezco estar viva por ser lesbiana, pero les encantarán mis fármacos contra el cáncer”
“Hemos inventado un cortacésped en miniatura para las células del cáncer” La investigadora ha concebido una nueva manera de ver el mundo microscópico y modificarlo, tras una juventud rebelde en la que compartió un grupo de rock con el guitarrista de Rage Against The Machine.
Manuel Ansede, 10.01.2023
https://elpais.com/ciencia/2023-01-10/carolyn-bertozzi-nobel-de-quimica-hemos-inventado-un-cortacesped-en-miniatura-para-las-celulas-del-cancer.html
Cuando era una estudiante universitaria, tras trabajar como cajera en una panadería y cortando el césped en jardines privados, Carolyn Bertozzi empezó a tocar el teclado en un grupo de rock junto al guitarrista que acabaría fundando la banda Rage Against The Machine, Tom Morello. Se llamaban Bored of Education, “aburridos de la educación”, pero Bertozzi no estaba aburrida en absoluto. Aquella joven rebelde que interpretaba versiones de AC/DC y Def Leppard, nacida en Boston (Estados Unidos) hace 56 años, acaba de ganar el Premio Nobel de Química. La investigadora ha inventado una nueva manera de ver el mundo y modificarlo.
Las células humanas, también las del cáncer, están cubiertas por azúcares, “como un cacahuete de M&M”, explica Bertozzi, de la Universidad de Stanford. La científica invita a transformarse mentalmente en un avión microscópico y sobrevolar el paisaje presente en la superficie de una célula cualquiera. “Hay secuoyas gigantes, altas y rígidas. Otros árboles se mecen con el viento, como sauces llorones. También hay hierba y pequeños arbustos. Y toda esa vegetación está compuesta de azúcares: carbohidratos complejos con diferentes formas y tamaños. Y no están ahí por azar. Hay un patrón específico de vegetación en cada célula. Lo que se ve en una neurona del cerebro es diferente de lo que se ve en el músculo”, describe Bertozzi con pasión, como si realmente estuviera surcando un micromundo. Al toparse con una célula cancerosa en su viaje mental, cuenta que deja de ver un bosque. Lo que contempla, advierte, es una temible jungla.
La humanidad no disponía de herramientas para observar estos enigmáticos azúcares, así que Bertozzi creó hace más de dos décadas una nueva forma de hacer reacciones químicas —bautizada química bioortogonal—, con moléculas que solo interactúan entre sí, sin interferir con el sinfín de sustancias presentes en una célula. “Es como dos personas que están alejadas una de la otra en una habitación llena de gente, pero se miran a los ojos y todo lo demás desaparece. Se acercan y conectan. Así funcionan estas reacciones”, detalla por videoconferencia desde su casa en Stanford. La investigadora concibió este método para unir moléculas fluorescentes a los azúcares en animales vivos, para poder visualizarlos y estudiarlos, pero su técnica ha resultado ser revolucionaria en multitud de desafíos. Su propio equipo la está utilizando para intentar curar el cáncer.
Pregunta. Usted afirma que ese bosque de azúcares en la superficie de las células es un lenguaje.
Respuesta. Sí, a veces los veo como un código QR para comunicarse con otras células. Las células del sistema inmunitario, por ejemplo, pueden llegar, escanear los azúcares de otra célula y matarla si detectan un patrón equivocado. Pero las células del cáncer, como táctica de supervivencia, generan un patrón de azúcares que puede confundir a las defensas del organismo. Los tumores han encontrado una manera de escapar del reconocimiento del sistema inmunitario y provocar metástasis.
P. Dice también que el ácido siálico es “uno de los azúcares más importantes de nuestra época”. ¿Por qué?
R. Nuestras células inmunitarias pueden escanear el patrón de ácidos siálicos. Es un lenguaje que comunica si una célula está sana o dañada. Uno de los mecanismos del cáncer para camuflarse es la sobreproducción de azúcares con ácido siálico, porque básicamente le dicen a la célula inmunitaria que esa célula cancerosa es totalmente normal, que se vaya, que no hay nada que ver aquí. Por eso es tan importante.
P. Ha fundado 11 empresas emergentes. Una de ellas, Palleon Pharmaceuticals, está probando un fármaco experimental en enfermos con cáncer. Usted lo compara con un cortacésped: corta esos azúcares con los que se camuflan las células tumorales.
R. Sí, corta la hierba y poda los árboles [para permitir que el sistema inmunitario reconozca las células malignas y las destruya].
P. De hecho, usted trabajó de adolescente cortando el césped. Quizá fue una inspiración.
R. He cortado muchos céspedes en mi vida. De niña, mi tarea principal en la familia era cortar el césped. Teníamos un gran jardín. Un amigo del instituto y yo decidimos iniciar nuestro propio negocio. Pusimos anuncios en el supermercado del barrio y la gente nos llamaba para pasear perros, regar las plantas o cortar el césped. Lo que hiciera falta.
P. Es curioso que haya acabado inventando un cortacésped contra el cáncer.
R. Sí, es un cortacésped en miniatura para las células tumorales. Estamos en la primera fase del ensayo clínico, con dos docenas de pacientes con cáncer de páncreas, ovarios, colon, piel o pulmón. El objetivo ahora es averiguar qué dosis es segura.
P. El éxito no está asegurado.
R. No, por supuesto. 9 de cada 10 fármacos experimentales fracasan en los ensayos en humanos, pese a que parecían fantásticos en las pruebas en animales. Soy muy optimista, pero sería muy ingenuo afirmar que funcionará, hasta que no tengamos datos.
P. La industria farmacéutica ha ignorado estos azúcares durante décadas.
R. Sí, todavía los ignoran. A comienzos de la década de 1990 sí prestaron mucha atención a este campo, pero la mayor parte de los proyectos no funcionó y perdieron el interés. El tiempo de atención de la industria farmacéutica es breve. Si algo nuevo no da buenos resultados de inmediato, las empresas rara vez perseveran durante el tiempo suficiente para resolver los problemas que requieren una solución. Si estamos en lo cierto sobre el papel del ácido siálico en la inmunoterapia contra el cáncer, habrá un gran resurgimiento del interés.
P. Usted afirmó hace unos meses en la revista de su universidad: “Si tenemos éxito, la historia volverá la vista atrás a este campo de investigación y se preguntará cómo pudo la gente estar tan ciega”.
R. Sí, a toro pasado todo está siempre claro, pero creo que ocurrirá. Creo que todo el mundo debería estar trabajando en esta estrategia para la inmunoterapia contra el cáncer. Espero que estemos en lo cierto.
P. El Nobel de Química lo han ganado 189 personas desde el año 1901. Solo ocho han sido mujeres, el 4%. ¿Qué opina?
R. Cinco estamos vivas y conozco a la mayoría de las demás. Son mujeres increíbles. Tres de nosotras vivimos en California y nos conocemos muy bien. Jennifer Doudna inventó la tecnología CRISPR [para editar el ADN de los seres vivos], Frances Arnold inventó el concepto de evolución dirigida. Todas ellas son científicas épicas. Y muchas más mujeres podrían haber ganado el Nobel de Química desde hace décadas.
P. ¿Hay machismo en el jurado de los Nobel o qué ocurre?
R. No lo sé, porque el proceso es a puerta cerrada, pero todo el mundo sabe que es un problema. Todos los años, cuando se anuncian los galardonados con el Nobel y vuelven a ser todos hombres, hay muchas quejas. No es ningún secreto. Al comité del Nobel le gustaría tener un grupo de nominados más amplio para poder elegir. Y los que nominan son los anteriores ganadores, rectores de universidades, investigadores que han recibido otros premios… Si los nominadores no son diversos, sus nominados tampoco lo serán. El comité del Nobel contrató a una consultora para que les ayudara a cambiar el proceso. En vez de solicitar un solo nominado a cada ganador del Nobel o a cada institución, ahora piden tres.
P. ¿Por qué?
R. Cuando solicitas un único nominado, las personas casi siempre piensan en un hombre mayor y blanco, por un sesgo inconsciente. Pero si pides tres nombres, es más difícil que propongan tres hombres mayores blancos, porque verán las tres casillas y dirán: “Un momento, debería incluir a una mujer”. Hay algo psicológico, creo. Ahora piden tres nominados y han empezado a recibir más mujeres. En los últimos cinco años, cuatro mujeres hemos ganado el Nobel de Química [y nueve hombres]. Yo, ahora mismo, podría decir 20 nombres de mujeres que sin duda merecen el Nobel tanto como yo o cualquiera de los hombres que lo han ganado recientemente. Solo necesitan que las nominen.
P. Meses antes de ganar el Nobel, usted afirmó que en su carrera científica le ha perjudicado más ser mujer que ser lesbiana.
R. Respecto a los retos a los que te enfrentas en la carrera académica, yo diría que sí. En otros contextos, depende. Hay lugares en el mundo en los que ser gay es un delito y está penalizado. Pero, en el mundo de la ciencia, yo diría que los sesgos inconscientes contra las mujeres fueron más difíciles para mí que los sesgos contra las personas homosexuales.
P. Los ganadores del Nobel normalmente viajan por todo el mundo, porque en todas partes quieren tenerlos dando charlas, pero hay casi 70 países que penalizan los actos sexuales entre personas adultas del mismo sexo. En algunos, como Arabia Saudí o Qatar, el castigo puede ser incluso la pena de muerte. Qatar acaba de organizar el mundial de fútbol. ¿Usted iría allí o a Arabia Saudí a dar una conferencia?
R. No puedo ir, no es seguro para mí. Y no solo por mi seguridad: tengo hijos que dependen de mí y no puedo ir a lugares que no sean seguros. Hay demasiado en juego.
P. Este año ha habido una mayor diversidad entre los premiados con el Nobel. Usted es abiertamente lesbiana y Svante Pääbo, ganador del Nobel de Medicina, también habla tranquilamente de su orientación bisexual. ¿Algo está cambiando en los Nobel?
R. No creo que sea una cuestión del Premio Nobel, creo que es la sociedad la que ha cambiado hasta el punto de permitirme tener un trabajo y salir del armario como lesbiana. Soy consciente del privilegio de haber nacido cuando nací. Si hubiera nacido apenas 10 años antes, creo que no estaríamos teniendo esta conversación. En Estados Unidos, no habría sido capaz de conseguir un trabajo siendo lesbiana. Había demasiado estigma, me tendría que haber quedado en el armario. En la década de 1950, todavía había una caza de brujas para erradicar a los homosexuales de los empleos gubernamentales.
P. Estados Unidos aprobó el mes pasado una ley para blindar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Usted acaba de ganar el Nobel, pero, a juicio de algunas personas en su propio país, no se puede casar.
R. Es así. Y en Qatar no merezco estar viva, aunque estoy convencida de que les encantará recibir mis fármacos contra el cáncer si enferman. Ellos estarán felices con mis resultados científicos, si les ayudan a curarse de un tumor, pero yo iría al corredor de la muerte.
P. El primer científico musulmán que ganó un Nobel, el físico paquistaní Abdus Salam, era polígamo y acudió con sus dos esposas a la ceremonia en Estocolmo en 1979. Han tenido que pasar más de 40 años para ver a una científica lesbiana ir con su pareja.
R. Que yo sepa, soy la única persona ganadora del Nobel que ha ido a la ceremonia con su pareja del mismo sexo. Ha habido otras personas abiertamente gais que han ganado el Nobel de Literatura o el de la Paz, pero no los de las categorías científicas. En ciencia, con seguridad he sido la primera. Y en la ceremonia nadie pestañeó ni se extrañó, fue totalmente normal llevar a mi pareja, la trataron como a cualquier otra pareja. Fue genial. Así que a los próximos galardonados homosexuales les puedo decir: “Adelante, llevaos a vuestras parejas”.
P. En el banquete de la ceremonia del Nobel, usted proclamó que “los químicos son soñadores”. No es el pensamiento habitual que tienen los estudiantes adolescentes.
R. Lo sé, pero es así. Hay que decirles a los niños que los químicos somos soñadores. Yo soy química sintética, lo que significa que hacemos moléculas que no existen en el mundo. Soñamos con estructuras. ¿Qué pasaría si hacemos una molécula así? Quizá tendrá un estupendo nuevo color o un exquisito nuevo sabor. O quizá servirá para curar una enfermedad. O para fabricar un nuevo plástico que se degrade en el medio ambiente sin contaminar el mundo. Inventamos compuestos químicos que tienen estas propiedades geniales, les damos vida y, básicamente, creamos nuevos tipos de materia que nunca habían existido. Y todo sale de nuestros cerebros. A eso me refiero cuando digo que los químicos somos soñadores.
Y QUÉ LE VOY A HACER
Ataque de tos, nada más. Algo tan simple y tan desagradable me tiene levantado de la cama y como una moto a las 02:50h de la madrugada. Como en la cama la cosa se hacía insoportable, sabido es que la tos nocturna no da tregua, aquí me tienen sentado en el ordenador a ver si trabajo un poco y adelanto un papeleo que se me ha atragantado, por aburrido y quizá hasta por imperativo. ¡Viva la procrastinación!
Un té de limón y jengibre y con un poco de suerte me vence el sueño y me vuelvo a la cama. A ver.
♫
Joaquín Sabina, *Ataque de tos.
lunes, 9 de enero de 2023
TODA UNA VIDA
Disponibles 24 horas, 7 días a la semana: cómo la presión por contestar inmediatamente a cualquier mensaje perjudica a nuestra vida (laboral y personal)
Las aplicaciones de mensajería imponen su ley. Para ser considerado un buen empleado, un buen hijo, un buen amigo, hay que contestar siempre al instante.
Barcelona - 07 MAR 2022 - 05:30 CET
https://elpais.com/icon/actualidad/2022-03-07/disponibles-24-horas-7-dias-para-siempre-como-la-presion-por-contestar-en-el-acto-cualquier-mensaje-corroe-nuestra-vida-laboral-y-personal.html#?rel=mas
Este artículo va a empezar con una confesión, que es también una disculpa y, de alguna manera, una mirada entre bastidores del propio texto. Cuando me disponía a escribirlo, pensé que sería interesante contar con la aportación de la psicóloga Jara Pérez, de Therapy Web, que siempre hace análisis agudos y perspicaces de fenómenos contemporáneos, conectando bien lo personal con lo sistémico. Tenía prisa para entregar el artículo, como siempre. Conseguí su teléfono y me dispuse a escribirle. Entonces, leí el mensaje que Pérez tiene fijado en su estado de WhatsApp: “Para temas laborales que no sean urgentes mejor el correo. Emoji del sobrecito con la flecha. Emoji de carita sonriente”. ¿Me frenó aquello? ¿Me paré por un minuto a pensar que eran las 13.45, una hora hasta hace poco consideraba inaceptable en España para las llamadas de trabajo, puesto que estaba catalogada como la hora de comer? No, en absoluto. Tenía prisa y quería mis declaraciones. Ignoré su mensaje y le escribí por WhatsApp. ¿Quién decide qué es y qué no es urgente?
Pérez, en efecto, estaba comiendo. Me contestó casi inmediatamente con un audio de voz —otro tipo de tecnología hasta hace poco circunscrito a las comunicaciones personales y ahora plenamente integrado al mundo laboral—, disculpándose por hablar con la boca llena. Quizá podía hablar conmigo en ese momento, si su paciente de las 14.00 se retrasaba. Si no, podía ofrecerme 15 minutos a las 17.00. “Dios mío, qué horror de vida”, escribió en el chat, acompañado del emoji agobiado al que le cae una gota de sudor por la cara.
En efecto: Díos mío, qué horror de vida.
¿Cómo hemos llegado a este punto, a esta total accesibilidad no solo para nuestros jefes y nuestras familias sino para completos desconocidos? ¿En qué momento se decidió que todo el mundo era un supermercado abierto las 24 horas y que la horquilla de tiempo considerada aceptable para responder un mensaje, cualquier tipo de mensaje, fuera de entre 0,5 segundos y un día?
En gran parte, la mensajería instantánea lo cambió todo. Como tantas otras funciones tecnológicas, nació en el ámbito de la seguridad del Estado: en 1971, el científico informático Murray Turoff desarrolló una manera de hablar en tiempo real entre dos ordenadores como parte de un sistema llamado EMISARI, dentro de la Oficina de Preparación de Emergencias, durante la presidencia Nixon. Los funcionarios de alto nivel dedicados a controlar la inflación y la subida de precios llamaban a ese nuevo juguete la Party Line y lo usaron hasta 1986.
Aún faltaban algunos años para que los teléfonos móviles se generalizasen, y los SMS primero y las aplicaciones de charla después acortasen lo que dos investigadoras californianas, Christine Beckmann y Melissa MacManian, han bautizado como la “espiral de expectativas”. En un artículo en The Atlantic, el periodista Joe Pinsker lo definía así: “Cuando un avance tecnológico hace posible una nueva funcionalidad, como responder al instante, hacer eso es una manera que adopta la gente para señalar cómo de dedicados son como trabajadores o como miembros de una familia. La lectura en negativo no tarda en llegar: no hacerlo, no responder al instante, pasa a significar que no son trabajadores ni amigos ni familiares dedicados”. Que no les importa, vaya.
Pérez —me cedió amablemente su único cuarto de hora libre del día— suele encontrarse con este tipo de cuadros en su consulta, “sobre todo entre la gente que trabaja como freelance”, dice. “Veo mucho dos tipos de conducta: la ansiedad y la culpa. Casos en los que la persona siente picos de ansiedad cuando da la vuelta al móvil y ve la cantidad de notificaciones pendientes que tiene, y la culpa si todas esas peticiones no se pueden atender en el tiempo deseado. Estamos siempre disponibles y cuando no lo estamos sentimos FOMO [miedo de sentirnos apartados, por sus siglas en inglés]. Que perdemos trabajos, que perdemos planes, que nos dejan de llamar, que nos devaluamos. Eso genera mucha culpa y es difícil salir de ahí”, señala. “Si yo soy mi propia marca, ¿qué imagen doy si no estoy disponible?”, se pregunta.
La paradoja, además, es que el móvil suele ser a la vez el problema y la solución. El resto de aplicaciones que anidan allí y que proporcionan alivios momentáneos y entretenimiento sirven como antídoto a la ansiedad de las notificaciones. “Estar en el teléfono te disocia mucho”, explica Pérez, “cuando haces scroll entras en un lapso en el que no hay espacio ni tiempo. A esto se le llama estímulos sin emoción. Al final necesitamos el móvil para disociar el estrés que genera el propio móvil”.
A Judit González (no es su nombre real), arquitecta de 38 años, una situación como las que describe la psicóloga la acabó llevando a dejar su trabajo en un despacho que de hecho presumía de prácticas laborales family-friendly, un trabajo que durante muchos años le resultó estimulante y satisfactorio. “Acabé teniendo fobia a mi propio teléfono. Le pedí a la gente de mi entorno, y todavía se lo pido, que si tenían un teléfono Samsung se cambiasen la melodía que viene por defecto. Todavía me altera. Si estoy en un sitio y suena un Samsung, me dan arritmias. Esa música me genera estrés. Vivía con pánico a que me sonase el teléfono, porque me sonaba todo el rato”. Una de sus funciones en su antiguo trabajo era coordinar equipos de obra externos, en distintas localizaciones. Continuamente surgían problemas y dudas, y casi el 100% de las veces recurrían a ella para resolverlos, sin importar la hora ni el día. De hecho, el sábado es un día habitual para las cuadrillas de obra y está estipulado como día en el que se conceden permisos en la mayoría de los municipios de España. De manera que muchas de esas consultas llegaban en sábado, y a menudo en festivo.
“Recuerdo un día de Navidad que se generó un pitote considerable. Yo estaba tomando un gin tonic con unos amigos y respondiendo llamadas de trabajo”, dice. WhatsApp, que en algunos ámbitos sigue vedado a los mensajes de trabajo, era para ella su vía de comunicación principal ¿Cómo se levantaban los edificios —y cómo funcionaba todo, de hecho— antes de que existieran las apps de mensajería instantánea? “En el caso de la construcción, los contratos eran mejores y el trabajo no era tan precario”, responde González, que traza una línea directa entre el empeoramiento de las condiciones de trabajo y las horas de guardia reales que se exigen a los empleados en muchos empleos.
Que los empresarios valoran más a los trabajadores que responden rápido no es una impresión. Dos investigadores israelíes, Yoram Kalman y Sheizaf Rafaeli hicieron un estudio comprobando cómo afectaba la velocidad de respuesta en la impresión que las empresas se hacen de hipotéticos empleados y su conclusión fue más o menos la que cualquiera podría deducir: que los jefes consideraban poco profesionales a los que no respondían inmediatamente. Más tarde, otros dos autores estadounidenses, Matthew Heston y Jeremy Birnholtz, llevaron a cabo otro trabajo en el que ampliaban el campo a las relaciones entre amigos. Se titula ¿Vale la pena esperar? El efecto de la receptividad en la atracción interpersonal entre conocidos allí se propusieron cuantificar científicamente “si no responder el mensaje de un amigo podría causar frustración o afectar potencialmente al deseo de alguien de quedar con otro y seguir siendo amigos, también conocido como atracción interpersonal”. Para eso hicieron simulacros de comunicaciones truncadas por Google Hangouts, iMessage y Facebook Messenger —era 2017 y aún existía este último—. Su principal conclusión es que sí, que retrasos de solo 10 segundos en la respuesta en un chat sí que afectan la atracción interpersonal incluso entre amigos.
Sin embargo, tardar en responder un mensaje personal no es siempre sinónimo de falta de interés, como sabe cualquiera que practique la espera intencionada en las aplicaciones de ligue para maximizar su capital erótico, una estrategia tradicional conocida como “hacerse el interesante”. O incluso con los amigos. “Me siento muy identificada con ese meme en el que aparecen dos círculos a modo de diagrama de Venn, uno con ‘gente que me gusta’, otro con ‘gente que no me gusta’ y en medio estaría yo, no respondiendo a los mensajes ni de los unos ni de los otros”, explica la periodista Analía Plaza. “Mi trabajo ya consiste en comunicarme con gente”. Lo mismo dice Patrizia di Filippo, que se encarga de gestionar la prensa en una editorial y, por tanto, también se gana la vida haciendo eso, contactar con gente todo el día: “Es que no me quedan fuerzas para comunicarme más después del trabajo. Necesito estar sola mentalmente al final del día”.
Los memes como el que cita Plaza, o los que hacen referencia a la cualidad sisífica del correo electrónico (intentar tener la bandeja de entrada a cero es una tarea solo apta para ninjas del control) se han hecho más ubicuos en los últimos años, en los que la generalización del teletrabajo ha desdibujado todavía más los límites entre la vida personal y la laboral. Slack, la aplicación de mensajería para empresas que fundó un exhippy y filósofo, pretendía acabar con la tiranía del correo, pero ha acabado llegando a la vida de mucha gente para añadir más ansiedad y conectividad. En el primer año de la pandemia, ya empezó a hablarse de la “fatiga de Slack”.
Ante ese desborde sistémico, y a pesar de intentos de legislar, como los que se han aprobado ya en Francia y Portugal, que pretenden garantizar el derecho de los empleados a no recibir mensajes de sus jefes fuera de horario laboral, la responsabilidad vuelve a recaer en el individuo, que busca las maneras de poner límites. “Eso siempre es interesante. En mi consulta soy más de analizar que de dar consejos, pero marcar fronteras siempre es bueno. De lo contrario, el móvil acaba formando parte de nuestro propio cuerpo” señala Pérez, que admite también que ella es incapaz de ponérselos, de hacer cosas tan sencillas como dejar el móvil en una bandeja boca abajo al llegar a casa.
Hay quien recomienda el método GRIP, diseñado por un experto holandés en productividad, Rick Pastoor, y que consiste entre otras cosas en dividir el día en bloques de 30 minutos y dedicar solo tres de ellos a responder mensajes. También se suele recomendar tener dos móviles separados, uno para ocio y otro para trabajo, aunque en la práctica las dos funciones acaban mezclándose. O programarse “horas tranquilas”, una función que permite por ejemplo la versión móvil de Teams, otra de esas aplicaciones que teóricamente nacieron para facilitar el trabajo y han acabado apareciéndose hasta en los sueños de quienes las padecen. Cuando se aplican este tipo de restricciones no se piensa solo en uno mismo, en practicar una especie de autocuidado digital, también en ser considerado con los demás. “Para mí, es clave cuidar las horas en las que el receptor va a tener el mensaje. Yo puedo decidir escribir a la hora que sea, pero desde hace años programo la hora de recepción. Mi desorden vital es mío, pero es una falta de respeto enviar correos y teams a según qué horas”, dice el sociólogo Fernando Garrido. Y si alguien tiene en su estado de WhatsApp “si no es urgente, mejor correo” quizá también habría que hacer caso.
ELLOS UNEN
Los muertos unen, triste pero cierto. Un duelo, un velatorio, un tanatorio se convierte -al menos cuando uno ya tiene una edad- en un punto de encuentro. De entrada uno ha de pasar por las preguntas de siempre ¿y cómo no me avisaste? Me enteré gracias a que me llamó bla bla bla... Está claro, ante un hecho como éste no somos los pájaros de mal agüero y cada familia decide a quién, cómo, cuándo o qué decir. Poco más que añadir.
Dicho esto, en un velatorio nos reunimos con amigos a los que vemos poco o nunca, con familiares, con gente que ni nos va ni nos viene, con desconocidos y hasta con enemigos en alguna ocasión, pero sobre todo nos reunimos con aquellos que han perdido a un ser querido que son los que necesitan de nuestro afecto y cariño. Desgraciadamente ya todos sabemos lo que es esto de una forma u otra.
C'est la vie, c'est la mort.
sábado, 7 de enero de 2023
viernes, 6 de enero de 2023
jueves, 5 de enero de 2023
NAVIDAD EN CARTAGENA
Tiempo loco, ¿dónde está el invierno? Tiempo navideño en Cartagena con una temperatura de primavera durante el día y fresco por la noche. Nada de guantes, bufandas y chaquetones de otros años. No hacemos sino escuchar que los veranos serán cada vez más calurosos y los inviernos más fríos, pero lo que veo es que sólo se cumple lo del verano.
Comenzaron las vacaciones, las verdaderas, con el móvil en modo luna (no molestar), yo en modo OFF (ídem), dejando mi casa bajo una lluvia persistente mientras esperaba un taxi que me llevaría al aeropuerto. Vuelo directo a Murcia y voilà, allí estaba unas horas antes de asistir en auditorio de Cartagena a una noche de ballet dirigido por José Carlos Martínez, cartagenero y a la sazón Director de la Danza en la Ópera de París.
¿Se puede esperar más para un comienzo navideño? Pues no.
El mejor regalo de Reyes anticipado.
Casi casi sin contacto con el trabajo -sólo me importunaron dos veces con algo fácil de resolver- continuaron los días de asueto en la costa mediterránea entre paseos por la ciudad, cenas con amigos, cine y familia. Días preciosos para pasear por el puerto o leer en el parque de Santa Ana, uno de esos lugares poco conocidos que te sorprenden por su tranquilidad.
lunes, 2 de enero de 2023
FANGO
Parece que en España se va a desarrollar un programa piloto donde una serie de alumnos evaluarán lo que será la futura "selectividad" para acceder a la universidad. De entrada cualquiera diría ¡qué buena idea! Si en su momento me hubieran dejado dar mi opinión... Pero he ahí que entra la política, o mejor dicho los políticos, la buena idea se convierte en un anatema para la Oposición y voilà.
domingo, 1 de enero de 2023
SER O NO SER (SABER Y NO SABER)
Una de las primeras lecciones de vida que aprende un niño, ya sea en el colegio, con sus hermanos, con sus primos, es la expresión "saber perder". Ser competitivo no es malo, dicen, pero hay que aprender a no ganar siempre porque eso no ocurre ni en el cine ni en la literatura, no nos olvidemos de Sísifo o de Midas. Saber perder es importante porque nos pone los pies en el suelo, nos libra de la soberbia que por algo es uno de los siete pecados capitales.
Últimamente estamos demasiado acostumbrados a asistir a espectáculos de soberbia, hablando claro de no saber ganar, y el peligro está en que por recurrentes se conviertan en algo normal, y no lo es o no lo debe ser.
Donald Trump no asistió a la toma como presidente de Biden, como tampoco lo ha hecho Bolsonaro ante Lula. Hechos ambos feos y despreciables que no hacen sino darle una bofetada sin manos a la democracia, esa con la que se llenan la boca, cuando les interesa, los mismos que la afean cuando no les gusta el devenir de la H(h)istoria. ¿Quién no recuerda la frasecita me voy y me llevo el balón que es mío? Éste es el germen del abusón que se transforma en lo que tantas veces nos encontramos ahora.
Abusón de niño, abusón de adulto.
Pero he aquí que SIEMPRE aparece alguien más malo que tampoco sabe perder.
ESTADISTAS TODOS
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Que en Navidad hay pocas noticias dignas de mención, aunque parezca mentira y a pesar de TELE5 y su basura en bucle, es un hecho. EL MUNDO nos sorprende con una de sus encuestas más científicas e imprescindibles de 1º de año, esta vez sobre el rey emérito y sobre Putin. La sabiduría popular es conocida por todos y da en la diana en estas estadísticas: lo hizo en UK con su referéndum sobre el dichoso BREXIT y nos vuelve a sorprender con sus preclaras cifras, aquellas que auguran, en un certero 44%, que el rey huido no vuelve este año o un 33% de estadistas que dice que Putin perderá guerra y poder este año que empieza. Lo del rey me importa más bien nada, pero lo de Putin ojalá sea cierto. Yo le enviaría la edición del periódico de hoy, igual se siente aludido y se lo piensa.
PAPA SABIO, DICEN LOS PERIÓDICOS
"Adiós al Papa sabio", dice más concretamente el periódico ABC. Lega un corpus enciclopédico de doctrina teológica, dice también EL MUNDO bajo la foto de portada. No sé yo si la doctrina teológica nos ayuda en esta era convulsa, pero todo suma, supongo. Poco caso le hicieron en vida a este anciano tras su renuncia, olvidado por los hombres y a saber si por la mano de Dios. Ahora, es morirse y hasta en la sopa, pero esta vez sin Capilla Sixtina.
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