sábado, 24 de julio de 2021

Y CHURROS PARA DOS

Desayuné esta mañana con mi amiga I en La Esperanza, un café con leche, un descafeinado y una de churros, que repartimos como dios (ella, en este caso) nos dio a entender. Departimos, entre otras cosas, sobre un texto de un escritor colombiano que recordaba una anécdota acontecida camino a Valparaíso, durante el trayecto en bus. Una vez leído el corto relato y comentado, seguimos hablando mientras nos fijábamos en la pareja que se sentaba en una mesa cercana; dos ancianos, él y ella, los cuales ordenaron "dos chocolates y churros para dos". ¿Dónde meterán ese plato de churros? nos preguntamos. A nosotros siempre nos suele sobrar uno, o uno y medio, pero ellos daban cuenta del fritangueo tan felices, mientras departían animadamente. Al irnos, un rato después, nos despedimos de la pareja para comprobar, a vuelapluma, que en plato donde hubo dos de churros sólo quedaba el brillo aceitoso de lo que fue. Nos imaginamos a los ancianos, barriguita llena, con el corazón contento de vuelta a casa con la intención de arreglar un rato el jardín.

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