sábado, 17 de julio de 2021

SAMUEL LUIZ


Llevo unos días dándole vueltas a la cabeza a propósito de la paliza mortal que recibió Samuel Luiz en la calle. Una paliza que unos energúmenos le propiciaron, durante 150 metros, al grito de ¡maricón! ¿Qué lleva a una persona, "aparentemente" pacífica, a hacer esta barbaridad. Sabido es que la masa pierde el norte fácilmente, si no que se lo pregunten a tantos linchados que lo fueron en el far west norteamericano.
La intolerancia hacia otros colectivos diferentes, no puede entenderse sino por el desconocimiento, la falta de educación o la pérdida de los valores humanos más primitivos: preservar la vida.
En los años 30 Hitler y sus acólitos decidieron que los judíos eran malos y que había que exterminarlos; no hará falta continuar este relato. Aún hoy, países como Rusia, Polonia, Hungría, etc., sin mencionar a los países árabes más recalcitrantes, estigmatizan a los homosexuales como si de la peste se trarata. No queda otra que la educación que acabará en la tolerancia y en que sigamos hablando de estos temas. Las expresiones ¡pareces un mariquita! o ¡prefiero a una hija puta que lesbiana! quedarán, tarde o temprano, en el acervo incultural más rancio.
Altos, bajos, gordos, flacos, guapos, menos guapos, morenos, rubios, con ojos marrones o claros, heteros o gays, carnívoros o vegetarianos, deportistas o amantes del sofá, religiosos o ateos, rojos o verdes, peludos o lampiños, ¿a quién le importa?
¡TOLERANCIA YA! (y toda la carga de la Justicia sobre esta gentuza asesina, por supuesto).
Camille Saint-Saëns, *Danza Macabra.

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