domingo, 11 de noviembre de 2018
CONVERSACIONES SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO
Más sobre o humano, todo hay que decirlo.
Mañana de domingo, 7:00h, café con leche y conversación con mi amiga Isabel en la cafetería, tema: los valores actuales, la importancia de la filosofía y el aprender a pensar. Premisas de partida, todas. Conclusiones, todas también, o sea, nada. La realidad es la que hay e ignoramos a dónde vamos, como siempre ha ocurrido, aunque ahora los cambios son tan rápidos -esto no había pasado nunca, tanta velocidad- que casi casi hemos perdido la capacidad de asombrarnos.
sábado, 10 de noviembre de 2018
TIEMPO
Escribir sobre el tiempo es recurrente, lo sé, pero no puedo evitarlo. Llega el fin de semana y necesito descansar, dormir un poco más, desconectar, pero no es posible. He acumulado tantas cosas -algunas pequeñas y otras más complicadas- que ya el viernes por la tarde empiezo a agobiarme porque no me dará tiempo para hacerlo todo en dos días; y vuelta a empezar. Esta mañana estaba a las 7 en pie para, después de un café y un desayuno frugal, sentarme a dibujar hasta la hora de comer. Ya esta tarde he estado algo más remolón, aunque ahora sigo frente al ordenador. Menos mal que para acompañar, un poco de ópera siempre viene bien.
Cierro el quiosco ya.
♫
Lucrezia Borgia, Donizetti. *Com'e bello!
viernes, 9 de noviembre de 2018
ANTE LA ADVERSIDAD, HUMOR
Del lat. suprēmus.
Escr. con may. inicial en aceps. 4 y 5.
1. adj. Altísimo o enorme.
2. adj. Que no tiene superior en su línea.
4. m. Tribunal Supremo.
5. f. Consejo supremo del antiguo tribunal eclesiástico de la Inquisición.
jueves, 8 de noviembre de 2018
LA FUNCIÓN PÚBLICA
Trabajar en la Administración es duro. Aquellos tiempos donde se cumplía esa premisa tan extendida de que los "funcionarios" no daban golpe, que o estaban desayunando o leyendo el periódico o, algo más actual, haciendo solitarios en el ordenador. Créanme si les digo que más alejado de la realidad, por lo menos en lo que respecta a mi experiencia personal.
La atención al ciudadano es muy complicada, no siempre los problemas son fáciles de solucionar o ni siquiera tienen solución alguna. Es frustrante muchas veces, agotador casi siempre y supone un esfuerzo intelectual importante. Y lo digo como lo siento, así lo veo yo; Y digo que es duro porque también hay que lidiar con el entorno, no todos vemos las cosas de igual manera, ni entendemos las leyes con igual dureza o flexibilidad. 4 puede ser 2+2 y únicamente 2+2, es una forma de verlo. Pero también puede conseguirse el mismo resultado sumando 3+1, 4+0, 5-1, etc. He aquí lo que nos debe diferenciar de las máquinas, de los ordenadores: ante un problema, un buen funcionario debe enfrentarse a él con asertividad y proactividad, pensando en que una solución encontrada es un problema que se le quita al administrado.
Cansa mucho participar en todas las batallas que surgen en una oficina, la vida no va en ello. Dicen que hay que escoger las batallas, no se puede entrar en todas, y cada vez me convenzo más de ello.
Por otro lado, ¿cómo no vamos a meternos en batallas diariamente cuando ni el Tribunal Supremo -visto lo visto- es capaz de ponerse de acuerdo cuando se supone que es el must de la justicia? Ellos, tan doctos y sabios todos, dudan y nosotros, pobres mortales, cómo no hacerlo también?
martes, 6 de noviembre de 2018
lunes, 5 de noviembre de 2018
INTELIGENCIA EMOCIONAL
¿Qué es (exactamente) la inteligencia emocional?
Las emociones cambiaron el cerebro de los mamíferos hace ya
más de 200 millones de años y perpetuaron una poderosa influencia que sigue
viva en nuestra especie.
La expresión “inteligencia emocional” está incluida hoy en
el léxico de muchos, tanto de la gente corriente como de los intelectuales o
los famosos. Hasta los ministros la usan en sus comentarios y advertencias.
Pero no todo el mundo se refiere a lo mismo cuando utiliza esa expresión. Para
algunos la inteligencia emocional es algo así como una especie de inteligencia
más avanzada que la clásica, es decir, que la inteligencia analítica, la que
miden los test que acaban dando un resultado en forma de coeficiente numérico.
Hay también quien se refieren a la inteligencia emocional en negativo, como una
incapacidad para controlar las emociones: “Se comporta como si no tuviera
inteligencia emocional”. No faltan tampoco quienes creen que es un nuevo tipo
de inteligencia recientemente inventada, pues, a fin de cuentas, el concepto de
inteligencia no es absoluto, como lo son la talla o el peso de una persona,
pues siempre depende del criterio del observador. Otros, por fin, ni siquiera
sabemos a qué se refieren cuando hablan de ese tipo de inteligencia. Quizá por
todo ello vale la pena intentar aclarar el concepto.
Hace algunos años que la popular revista anglosajona Time convirtió la portada de uno de sus números en una
pregunta escrita con grandes caracteres y dirigida al gran
público “¿Cuál es su coeficiente de inteligencia emocional?”. Ella misma,
en caracteres mucho menores respondía: “No es su coeficiente de
inteligencia. Ni siquiera es un número. Pero la inteligencia emocional puede
ser el mejor predictor de éxito en la vida, redefiniendo lo que significa ser
listo”. Eran los tiempos en que el periodista Daniel Goleman había publicado su
conocida y exitosa obra Inteligencia Emocional, haciendo creer a
muchos que él había creado o descubierto ese (nuevo) tipo de inteligencia.
El concepto ha servido también para que muchos osaran
desafiar a la evolución biológica del cerebro y las capacidades mentales
anteponiendo la emoción a la razón, dándole primacía a la primera. Ciertamente,
las emociones cambiaron el cerebro de los mamíferos hace ya más de 200 millones
de años y perpetuaron una poderosa influencia de ellas que sigue viva en
nuestra especie y nuestros días. Pero hace muchos menos años, aunque no pocos,
unos 60 millones, el cerebro de los primates desarrolló el neocórtex, la
corteza cerebral moderna, un cúmulo de neuronas altamente organizadas y capaces
de dominar al resto del cerebro. Ese desarrollo le confirió, aunque no siempre
lo notemos, primacía a la razón, es decir, capacidad para dominar a los
sentimientos.
Lo hizo de una manera muy especial, que tampoco solemos
notar. Cual fabuloso y perspicaz sujeto, la razón se propuso dominar a la
emoción utilizando sus propias armas: una emoción solo la quita otra emoción,
otra emoción que sea más fuerte y poderosa y/o incompatible con la que se
quiere eliminar. Cualquier persona que haya sufrido una crisis sentimental, como
la de ser abandonada por su pareja, sabe muy bien que la mejor forma de superar
esa crisis consiste no tanto en infravalorar la pérdida como en suscitar un
nuevo romance. Y para eso, para suscitar emociones incompatibles con las
indeseables, es para lo que sirve la razón. Bien utilizada, la razón siempre
será más poderosa que las emociones. Ambas, razón y emoción, forman parte del
sistema funcional que es la mente humana. Van juntas y se necesitan mutuamente.
Inteligencia emocional es la capacidad de gestionar las emociones utilizando la
razón. Las emociones son el imprescindible ejército que continuamente moviliza
la razón.
Quien antes y mejor lo supo no fue el periodista Daniel
Goleman, ni tampoco los psicólogos John Mayer y Peter Salovey, de la Universidad
estadounidense de Yale, modernos estudiosos del concepto. Fue el emperador
romano Marco Aurelio (121-180 DC), apodado el sabio y verdadero padre de la
inteligencia emocional. En su imperecedera obra Meditaciones, excelente
tratado de inteligencia emocional, incluye la frase que todas las facultades de
Psicología deberían esculpir con martillo y cincel sobre el mármol de su
fachada: “La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella”.
Nadie ha captado mejor que este genial filósofo de la antigua
Roma la esencia evolutiva de la mente humana, la capacidad del razonamiento
para modificar las emociones, el modo de ver la cosas, aunque las cosas mismas
no podamos cambiarlas. Esa capacidad, insiste Marco Aurelio, siempre está a
nuestro alcance para facilitarnos la vida. Utilizando la neocorteza podemos
hacer que encajen entre ellos nuestros razonamientos, nuestras emociones y
nuestro comportamiento. Ese encaje es la verdadera esencia de la inteligencia
emocional, una capacidad mental tan antigua como el propio Homo sapiens
sapiens.
Pero quien no desee retrotraerse a tan lejanos tiempos, aún
le queda la posibilidad de educar su inteligencia emocional siguiendo los pasos
del autor clásico español más leído y traducido después de Cervantes, el
jesuita Baltasar Gracián (1601-1658). Su obra El arte de la prudencia,
publicada en 1647 y traducida a múltiples lenguas, a veces en bellos formatos
de papel biblia y cinta de referencia, es uno de los mejores tratados de
inteligencia emocional que hoy día pueden leerse. Como explicó este mismo
diario el 16 de diciembre de 1993, su autor nunca pudo imaginar que de una de
sus traducciones en EE UU en 1992 se venderían más de 100.000 ejemplares.
Asimismo, y respondiendo a una encuesta de The New York Times, la
escritora Gail Godwin recomendó su lectura a los políticos aspirantes a las
elecciones presidenciales de aquel país. Aquí, en nuestro país, tampoco nos
vendría mal hoy el mismo consejo.
Ignacio Morgado Bernal es director del Instituto de
Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona. Autor de Emociones
e inteligencia social: Las claves para una alianza entre los sentimientos y la
razón. Barcelona: Ariel, (2010). Y de Emociones Corrosivas: Cómo afrontar
la envidia, la codicia, la culpabilidad, la vergüenza, el odio y la vanidad.
Barcelona: Ariel, (2017).
INMORTALES
"Highlander", Los Inmortales en España, la vimos este domingo. La película no ha envejecido demasiado bien, pero se sigue dejando ver; los paisajes escoceses son preciosos, a los actores uno les coge cariño y la música de Queen, como siempre a la altura.
*One year of love.
*Who wants to live forever.
sábado, 3 de noviembre de 2018
SILBIDO DE BALAS
¿Han sentido alguna vez dolor por la falta de tiempo? Les aseguro que a mi me duele, necesito más y no hago sino pensar en que se me va la vida -espero no estar deprimiéndome-.
Un amigo cercano me recuerda siempre que tiene ocasión que estamos en guerra y las balas pasan cada vez más cerca. Sí, lo sé, eso mismo le digo, ¡pero qué necesidad de volverme hablar del silbido de las balas!
Me gusta el invierno, la lluvia, el gris del cielo, el frío. Pero a la vez me pone triste, el césped crece y no se puede cortar, el jardín está siempre mojado, anochece antes, los días son desapacibles, estas dichosas incongruencias con las que vivimos.
Veo a mis perritas haciéndose muy mayores, a mis padres, a mi mismo; veo el tiempo que paso trabajando y descuidándome, la falta de sueño, los problemas de los demás que me superan, los míos que se convierten en un mundo en sí mismo, lo que leo de nuestro mundo y en lo que se está convirtiendo.
Necesito tiempo para mi, para leer, para jugar con mis perras, para disfrutar con mi pareja, para dormir más, para soñar, para escribir, para mirar el cielo, observar a las aves y a las vacas, perderme entre la naturaleza, sumergirme en el mar, conversar y que me escuchen, apagar el móvil, no pensar en el dinero ni en el futuro ni en las dichosas enfermedades, ni en las personas que nos intoxican.
Quiero más tiempo, sólo pido esto. I want to break free!
UNA NOCHE EN LA ÓPERA
Suena "Carmen" en el tocadiscos mientras Freddie Mercury hace su declaración de intenciones de lo que debe ser Queen, de lo que es Queen. La película me gustó mucho, incluso a pesar de pensar, en un momento dado, que le faltaba música. Pero luego, viéndola en conjunto, está bien compensada y evita lo facilón, nada de mezclar a otras leyendas de la música -sólo se habla de ellas y poco más-, nada de cebarse en su época de excesos, nada de centrarlo todo en el mundo gay. La película es él, y Queen, tanto monta. Los actores están escogidos con magnífico criterio y a medida que uno se adentra en la historia olvida que se trata de actores y los ve como los verdaderos componentes de la banda, pura magia.
Maravillosa música, una tremenda lección de genialidad e innovación con final triste.
♫
Queen, *Bohemian Rhapsody.
¿GORDO YO?
Tengo una reunión fuera de la oficina hace un par de días y salgo un rato antes para poder encontrar aparcamiento, situación harto difícil al estar el lugar de encuentro junto a un polígono de concesionarios de coches que siempre está repleto. Pues lo consigo, no muy cerca pero a unos minutos paseando. Así, apago la radio, aparco y me doy un paseo hasta el lugar de encuentro, sin prisas porque iba con tiempo suficiente. A medio camino, en el aparcamiento de uno de esas concesionarios de coches de lujo, veo a un amigo de mi padre, al que saludo, ¡hola! Él me mira y me contesta ¡pero qué gordo estás! Luego ocurrió todo en un par de segundos. Mi respuesta, ¡pero qué desagradable eres! y mi despedida, ¡me voy que llego tarde a una reunión!
Ya conocen a este personaje, de él está llena la literatura y el cine, este personaje que se hace odiar nada más sale a escena. Este personaje, el mismo que, cuando yo era un adolescente, me pegó dos chillidos en la calle para que me acercara a él y le contesté ¡no! Este tipo de personas que cruzas la calle cuando lo ves y que espera no tener que cruzar palabra nunca.
Yo gordo, sí, pero tú viejo y antipático, y contra ello poco se puede hacer. Que te den.
PD. Ni que decir tiene el placer de dioses que produce borrar del mapa a un individuo como éste. ¡Bazinga!
PD. Ni que decir tiene el placer de dioses que produce borrar del mapa a un individuo como éste. ¡Bazinga!
lunes, 29 de octubre de 2018
ROARK
Todo arquitecto que se precie debería entrar en una casa de Palladio y ver "El Manantial" (o leer el libro de Ayn Rand, por supuesto), con eso ya está medio camino andado. No, a ver, ahora en serio. Lo de Palladio lo digo porque ya he contado en alguna ocasión que tuve la oportunidad de almorzar en Villa Foscari, al norte de Venecia, desde donde fuimos navegando, una de las casas de Palladio digna de admiración. El libro "The Fountainhead", en español "El Manantial", una estupenda novela donde el protagonista, un arquitecto, se convierte en adalid contra los convencionalismos y los prejuicios de la época. Voy a verla esta noche.
Wikipedia: El manantial (The Fountainhead) es una novela de 1943 escrita por Ayn Rand, verdadero nombre: Alisa Zinovnievna Rosenbaum, rusa. Este fue uno de los mayores éxitos literarios de Rand, que, junto con La rebelión de Atlas, le trajo fama y el éxito financiero. Se ha vendido más de 6,5 millones de copias en todo el mundo.
El protagonista de la novela, Howard Roark, es un joven arquitecto que decide luchar solo contra los convencionalismo sociales, las ideas preconcebidas, los prejuicios, y las mentes pusilánimes, en lugar de comprometer su visión artística y personal. El libro sigue su batalla para practicar lo que el público ve como la arquitectura moderna y racional, en un establishment centrado en la adoración de la tradición y la falta de originalidad. El cómo otros personajes se refieren a Roark en la novela revela diversos tipos de arquetipos del carácter humano, todos los cuales son variaciones entre Roark, el hombre ideal, de espíritu único, independiente e íntegro, y lo que la autora describe como "second-handers" (subordinados); personas mediocres cuyo objetivo es lograr el "éxito" aunque tengan que traicionarse a sí mismos y a sus principios y a las personas que aman y valoran, persiguiendo a todas aquellas personas que se alzan en contra de la mediocridad para mostrar su originalidad. Las complejas relaciones entre Roark y los diferentes tipos de personas que ayudan u obstaculizan su progreso, o ambas cosas, permiten que la novela sea a la vez un drama romántico y una obra filosófica. Roark es la encarnación de Rand del espíritu humano, y su lucha representa el triunfo del individualismo y la integridad personal sobre el tradicionalismo y la falta de principios sólidos.
Pese a las variadas críticas de los medios de comunicación contemporáneos, tuvo tal impacto al publicarse que congregó al primer grupo de seguidores alrededor de Ayn Rand (Leonard Peikoff, Nathaniel Branden...). Estas personas se sintieron tan inspiradas por el libro que quisieron conocer a su autora. Este grupo se autodenominó, humorísticamente, "Clase del 43", en referencia al año de publicación del libro, y como distinción con respecto al grupo mucho más numeroso de personas atraídas al movimiento objetivista con posterioridad, especialmente las atraídas tras la publicación en 1957 de La rebelión de Atlas.
El título del libro es una referencia a una cita de la autora: "El ego del hombre es el manantial del progreso humano." Además de dedicarlo a su marido, Frank O'Connor, Ayn Rand también se lo dedicó a "la noble profesión de la arquitectura", escogiendo la arquitectura por la analogía que ofrecía con sus ideas: La supremacía del ego y la visión personal que cada artista cristaliza y plasma en sus obras, como virtudes.
La novela fue llevada al cine en 1949. Rand escribió el guion y Gary Cooper interpretó a Roark.
domingo, 28 de octubre de 2018
EUROPA
Por una Europa más unida y más
fuerte
Los políticos europeístas de cada
país tienen que convencer a sus ciudadanos de que cada nación sola no podrá
influir en los problemas del mundo. Es necesario un mayor control democrático
de las decisiones.
JOSEP BORRELL
25 OCT 2018
La UE y el mundo han cambiado
mucho desde las últimas elecciones al Parlamento Europeo de 2014. Entonces se
sentían con toda su crudeza las consecuencias sociales de la crisis del euro y
se temía por su supervivencia. Hoy, después de una década perdida, el PIB
europeo ha recuperado su valor precrisis. Pero con grandes divergencias entre
países. La carga del ajuste se hubiese debido distribuir mejor entre deudores y
acreedores. El resultado no ha sido bueno para la cohesión europea, con mayor
desigualdad en muchos países y una división Norte-Sur que debilita la confianza
mutua necesaria para avanzar en la unión política. Todavía no se había
producido la crisis de los refugiados de Oriente Próximo ni el gran aumento de
los flujos migratorios africanos. Un problema que puede ser el más poderoso
disolvente de la unión entre europeos y que ha enfrentado a los países del
Este, más Italia, con los del oeste de Europa.
Reino Unido todavía no había
decidido abandonar la UE. La geopolítica mundial también ha cambiado. Los
EE UU de Trump se desvinculan de Europa, abandonan el multilateralismo,
denuncian los acuerdos de París sobre cambio climático y el pacto nuclear
iraní, y se convierten en el campeón del proteccionismo. China aparece como el
defensor del libre cambio y Rusia emerge como potencia militar. La amenaza
terrorista persiste. Los adversarios interiores de una Europa libre, solidaria
y unida tienen ahora poderosos aliados externos.
¿Cuál es el futuro de esa UE, de
la que, según el último Eurobarómetro, el 68% de los europeos (75% de los
españoles) consideran que ha sido positiva para su país, pero al mismo tiempo
el 50% dicen no estar contentos con la dirección que está tomando? Quizás esa
UE fue un invento del siglo pasado para resolver problemas intraeuropeos en un
mundo bipolar que todavía no se había globalizado. Un invento que ha permitido
superar los antagonismos que tanta muerte y destrucción causaron. Pero la paz
ya no es motivación suficiente, sobre todo para las jóvenes generaciones,
mientras el recuerdo de la guerra desaparece con los que la vivieron.
Por eso, ante la acumulación de
amenazas exteriores y de problemas interiores citados, surgen dudas sobre la
perennidad de ese gran proyecto de la posguerra.
Y, sin embargo, si la UE no
existiese habría que inventarla. Pero para que sobreviva hay que reinventarla,
haciéndola más unida para que pueda ser más fuerte. Y eso exige que hable con
una sola voz para actuar con una lógica de potencia global; con fuertes
relaciones de cooperación con sus vecinos más próximos, especialmente con
África; que su crecimiento sea más robusto e incluyente; que las economías de
sus países converjan, y sea capaz de ganar la batalla de la innovación
tecnológica.
Las próximas elecciones europeas
serán la prueba de fuego sobre el futuro de la UE. Los resultados electorales
muestran el avance de los que, desde la derecha o la izquierda, rechazan la
integración europea. Es culpa de los populismos, decimos, cubriendo con esta
palabra multiuso las diversas manifestaciones de la desafección ciudadana hacia
un proyecto legitimado por sus resultados más que por sus procesos de decisión.
¿Y si para luchar contra los
populismos tuviéramos que hacer que Europa fuese popular? Es decir, percibida
como el más poderoso instrumento de protección frente a la inquietud creada por
la globalización y el resurgir de los fantasmas del nacionalismo. Para ello los
dirigentes políticos europeístas de cada país tienen que convencer a sus
ciudadanos de que su futuro pasa por reforzar su unidad. Que cada país solo no
podrá influir en los problemas del mundo. Que Europa se empieza a construir en
casa, porque los que deciden en Bruselas no son extraterrestres, sino los que
previamente han sido elegidos en cada país. Y combatir las falacias que
presentan la liberación del “yugo de Bruselas” como el bálsamo milagroso contra
todos los males.
Pero profundizar en una unión,
que necesariamente implica comunitarizar riesgos y oportunidades, exige también
una mayor participación y control democrático de las decisiones.
Históricamente, la integración europea se ha construido mediante acuerdos entre
las élites políticas nacionales con el “consenso permisivo” de sus ciudadanos.
Pero esto se ha acabado. Hoy se ha tomado conciencia, y es una buena noticia,
de la importancia de lo que se decide en Bruselas. Pero muchos sienten, con
razón o sin ella, que no tienen influencia en esas decisiones; no identifican
quién es responsable de qué, ni bajo qué legitimidad actúan las instituciones
en las que los Gobiernos ejercen una soberanía compartida.
Hay que dar razones para que
perciban a la UE como un instrumento de prosperidad compartida que favorezca
una distribución equitativa de la renta y aumente su influencia en el mundo.
Y hay que reconocer que, desde
esa perspectiva, los resultados de la Unión no han sido satisfactorios en la última
década. Y eso explica la desafección de muchos ciudadanos. No debemos
refugiarnos en una actitud eurobeata y acrítica con algunas políticas
de la UE, pero también explicar que las críticas a la UE no son siempre justas.
Confundimos como imposiciones de Bruselas los límites a nuestra
soberanía resultantes de la creciente interdependencia del mundo globalizado, o
de las restricciones resultantes de los Tratados europeos que hemos aceptado
soberanamente.
También hemos llegado al final
del sistema por el cual la UE se ocupaba de la macroeconomía y los Estados de
la distribución de la renta. Y entre una UE liberalizadora, que impulsaba la
competencia y suprimía barreras económicas nacionales, mientras los Estados
utilizaban políticas redistributivas para proteger, mal que bien, a los
perdedores de esa liberalización económica en el ámbito europeo y de la
apertura al mundo. Consciente de que las desigualdades no podían ser totalmente
aliviadas por las políticas redistributivas a escala nacional, Delors lanzó los
fondos de cohesión, creados a iniciativa española, para favorecer la
convergencia económica entre los países de la UE. Pero las economías europeas
han divergido en los últimos 10 años, perdiendo su convergencia precrisis.
La crisis económica, con su secuela
de desigualdad y empobrecimiento de la clase media, y los temores provocados, y
alimentados, por la inmigración han generado una reacción nacionalista,
populista y extremista. Los perdedores de la globalización, sintiéndose
desamparados, han buscado la protección de lo que mejor conocen: el Estado
nación, y lo han hecho en clave identitaria.
La unión de los europeos necesita
una dimensión social y protectora si queremos promover la adhesión ciudadana al
proyecto europeo. Es difícil imaginar la sostenibilidad a largo plazo de una
unión monetaria sin un presupuesto con efectos redistributivos y
estabilizadores ante los choques asimétricos. Necesitamos un reequilibrio entre
la dimensión monetaria de la política económica europea, que no puede hacerlo todo
y siempre, y su dimensión fiscal. Y abandonar la regla de la unanimidad en
materia tributaria y de política exterior.
Necesitamos una Europa social.
Pero no se pueden proclamar grandes objetivos sociales con un presupuesto del
1% del PIB europeo. Sin capacidad de financiarlos, son la mejor forma de crear
frustración y desafección.
No poder contar con el paraguas
militar estadounidense puede ser una oportunidad para desarrollar las
capacidades estratégicas europeas. La respuesta al America first debe
ser Europa unida. La gran batalla cultural de nuestro tiempo es construir
sociedades a la vez abiertas y cohesionadas. La UE debe demostrar a sus
ciudadanos que puede protegerlos mejor y crear más oportunidades que el
repliegue nacionalista y las economías cerradas.
Pero para eso hay que ser fuerte.
Y la fuerza, en un mundo dominado por gigantes políticos y económicos, solo
puede venir de la unión. Y esta solo puede ser en clave federal, aceptando un
proceso diferenciado de integración entre sus Estados, porque no todos tendrán
la misma voluntad de hacerlo.
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